Conacex. El tren de la apertura

&#34Ahí viene el tren&#34, se dijo; pero pocas empresas pudieron subirse. Sin embargo, nunca es tar
María Hope

Cuando México decidió subirse al tren de la economía abierta, pocos tenían preparado el equipaje. Otros no habían comprado siquiera su boleto. Y sin embargo, la apertura se dio, rápida y sin graduaciones.

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Así lo piensa Gilberto Marín Quintero, presidente del Consejo Nacional de Comercio Exterior (Conacex), para quien, no obstante, todavía es posible corregir el rumbo. "Nunca es demasiado tarde, y menos ahora que se reconoce que las exportaciones son el motor que impulsa el crecimiento económico de las naciones con mayor bienestar social."

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Marín admite que si bien algunos lograron responder a la apertura, "no sólo defendiendo su mercado, sino aprovechando las oportunidades del mercado internacional", la velocidad y la falta de gradualidad de las concesiones arancelarias con que esta se dio, "superó con mucho la capacidad de respuesta de sectores como el del cuero y el calzado".

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Y no es que en su implantación se haya carecido de una visión de largo plazo, sino que la precipitación con que las autoridades actuaron impidió analizar previamente la situación de cada sector y elaborar un diagnóstico que permitiera identificar las amenazas de una apertura excesivamente rápida y detectar los sectores que requerían (y requieren) de más tiempo antes de ser expuestos a una apertura radical. "Se nos dijo: ahí viene el tren, pero fueron muy pocos los que lograron subirse", expone Marín.

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En este sentido, Conacex no se ha cansado de insistir en la necesidad de "promover tratados que produzcan equidad en los intercambios de bienes y servicios", así como de tomar medidas que atenúen las importaciones hacia México de los países con los que no se tienen acuerdos, "al menos en lo que se desarrollan los sectores que están recibiendo un daño mayor".

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Esta demanda no es caprichosa. Marín observa que una parte importante del déficit comercial se origina en los saldos negativos registrados con aquellos países (por ejemplo, los "tigres asiáticos"), y propone "que se instituya una comisión mixta, gobierno-sector privado, para la vigilancia de la balanza comercial, a manera de un mecanismo preventivo y correctivo de los flujos comerciales con diferentes naciones". Dicha comisión revisaría la evolución de los flujos de intercambio país por país y sector por sector, y permitiría ir definiendo de manera muy concreta y precisa los mecanismos para aminorar los daños y alentar las exportaciones.

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Falta el ingrediente financiero. De todos modos, por sí solo esto sigue siendo insuficiente. El presidente de Conacex aclara, "falta aún el ingrediente financiero competitivo, talón de Aquiles de todas las industrias, sobre todo de aquellas que no son multinacionales, es decir, las imposibilitadas de obtener recursos financieros competitivos en forma directa en el extranjero. Mientras el financiamiento competitivo brille por su ausencia, serán muy limitadas las posibilidades de una expansión comercial significativa, sin que requiera del tipo de cambio como herramienta competitiva".

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Marín percibe el riesgo de que la ventaja temporal adicional que el tipo de cambio ha dado a las exportaciones mexicanas en estos últimos meses, se "desvanezca por la severa astringencia crediticia, con altos intereses, por lo que es necesario enfocar los esfuerzos para estimular el flujo de recursos hacia las empresas", fomentando el ahorro interno, promoviendo la captación de la inversión externa directa e indirecta, implantando esquemas nuevos de participación para la banca extranjera, "pero sobre todo, empeñándonos en propiciar confianza en el país, que permita que se nos califique como un mercado de mucho menor riesgo".

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Aunado a lo anterior, el representante empresarial señala la necesidad de propiciar el desarrollo de condiciones que permitan situar a México en "igualdad de circunstancias comparativas con respecto al contexto internacional".

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México se subió al tren de la globalización sin contar, abunda, "con recursos financieros competitivos, ni con un sistema fiscal que alentara la inversión, ni con infraestructura de transporte eficaz", etcétera.

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No se puede, en este contexto, culpar a los empresarios de la debilidad exportadora del país. Por el contrario, es notable que, en tales circunstancias, los mexicanos hayan mostrado tener "una gran capacidad de adaptación".

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