Confección. Para no quedar al desnudo

Los industriales preparan planes para eludir la reducción económica en Estados Unidos. El impacto
Alejandra Xanic

Todavía no está claro si lo que padece la economía de Estados Unidos es gripa o pulmonía, pero industriales del vestido de México comienzan a sentir un leve dolor de cabeza.

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A principios del año comenzó a correr la noticia de cierres en maquiladoras, de recortes y cancelaciones de pedidos de exportación para empresas de Puebla, Hidalgo, Aguascalientes y Coahuila.

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David Maauad, industrial de Pachuca, Hidalgo, despertó el año con la noticia de que un cliente estadounidense recortaría su pedido de 500,000 boxers al mes en tal magnitud, que debió reducir la actividad productiva en una quinta parte: el ala de su industria que se dedica a fabricar la prenda ahora trabaja cuatro de cinco días, y es probable que deje de operar.

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¿Efecto de la desaceleración en la economía de Estados Unidos? Es algo que él no sabe y que aún resulta difícil distinguir.

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Para los exportadores, las noticias sobre la salud de la economía estadounidense son lluvia sobre mojado. La paridad peso-dólar estrangula hace dos años sus utilidades; más y más contratos y nuevas inversiones dejan México y vuelan con la competencia, a los países de la Cuenca del Caribe; además, está cerca la amenaza de China, que entrará por puertas abiertas al mercado estadounidense con productos de confección.

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Gracias al Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), la industria del vestido local aumentó 344% sus exportaciones en el primer quinquenio de vigencia del acuerdo(1994-1999), según datos de la Cámara Nacional de la Industria del Vestido (Caninvest); de 10,761 establecimientos en 1995, pasaron a 13,500 al cierre del 2000; en el mismo periodo, el sector aumentó su plantilla laboral de 313,000 a 750,000 personas ocupadas.

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Resulta evidente en la industria de la confección la dependencia con la Unión Americana: 60% de la producción se va al exterior, y de esa cantidad 95% al vecino del norte.

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Los especialistas no han dado su diagnóstico final sobre la economía estadounidense, y aún resulta difícil distinguir el impacto que tendrá en México. La cámara del vestido admite que el enfriamiento de la economía de Estados Unidos hará que las exportaciones mexicanas crezcan a un ritmo menor que en años pasados. Para Grupo de Economistas y Asociados (GEA), el escenario más probable es que en 2001 las ventas de vestimenta al exterior aumenten 5% y no 8.8% como habían previsto en 2000, en franco declive de las tasas de otros años posteriores al TLCAN.

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Los textileros también ajustan sus pronósticos. La Cámara Nacional de la Industria Textil (Canaintex) prevee que las empresas aplacen proyectos de crecimiento. Compañía Industrial de Parras, cuarto fabricante de mezclilla del mundo, ya en diciembre y enero pasados supo de cancelaciones de pedidos, y de clientes que redujeron sus contratos hasta en 15%.

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La falta de claridad

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“No creo que los industriales mexicanos sepan todavía del impacto que va a tener” en su sector la desaceleración económica en Estados Unidos, estima Jaime Farell, gerente de promoción para textiles y vestido del Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext).

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En Estados Unidos no tienen más claridad sobre lo que se fragua. Los analistas coinciden en que llegó el fin de los años maravillosos, de esa década récord por su crecimiento económico sostenido, pero debaten si lo que vendrá es un aterrizaje lento, como asegura la Reserva Federal, o una recesión.

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Lo cierto es que al menos los consumidores ya expresaron su opinión, y el año pasado decidieron comprar menos y ahorrar más. Las ventas al menudeo de diciembre de 2000 aumentaron apenas 0.1% respecto a las del mismo mes del año anterior. JC Penney, una de las tiendas departamentales más grandes de Estados Unidos reportó ventas en ese mes 1.5% por debajo de las registradas un año antes.

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“Aunque las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses se sienten mejor que hace ocho años, la preocupación por un alza en los precios del petróleo y la previsión de un pálido crecimiento de la bolsa de valores tienen a muchos inquietos por lo que está por venir”, se lee en el ejemplar de octubre de The Apparel Strategist, la publicación referencia de los industriales textiles y del vestido de Estados Unidos.

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Según el Strategist, el consumidor estadounidense dedica una porción cada vez menor de su gasto a la compra de ropa. La duda en este contexto es si éste será el primer artículo que el consumidor elimine de su lista en el momento en que deba ajustarse el cinturón.

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Los textileros de México y analistas de países que les son competencia, como Hong Kong, sugieren que el escenario más probable es el de un aterrizaje suave.

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En su análisis de enero la consultora Merrill Lynch no prevee recesión. Para Estados Unidos, “ahora esperamos crecimiento en el Producto Interno Bruto de cerca de 2% en la primer mitad de 2001, y un incremento de  3.5% en la segunda mitad”, indica su documento Global Economic Trends.

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Adalberto González, socio consultor de GEA, cree que la tasa de crecimiento más probable será de 2.5% para este año, en contraste con la tasa de 5% que registró el anterior.

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“Crecimiento de 2.5% es como un piso de estabilidad. México puede seguir creciendo sin problema si Estados Unidos continúa a ese ritmo; no sería un escenario problemático para la industria textil”, dice González; “si eventualmente entra en recesión, a una tasa de 1%, entonces el efecto sobre las empresas de México no sería sólo por el lado de una caída en las exportaciones, sino también en el consumo del mercado nacional”.

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Rodolfo García Muriel, presidente de Compañía Industrial de Parras, coincide; si la tasa de crecimiento de la economía estadounidense baja a 2.5% en 2001 “el impacto no será negativo; si decrece más, entonces sí, pónganse los cinturones porque a todo mundo nos va a pegar muy fuerte”. Parras vende cerca de 70% de su producción total a Estados Unidos.

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Según observadores, un encojimiento del mercado en la Unión Americana haría que los saldos e inventarios de ropa que iban a entrar en ese país busquen colocarse en otro mercado, y México es una primer opción, sobre todo para los fabricantes de Asia.

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En principio, los industriales ya cambiaron sus pronósticos para la exportación. La Caninvest preveía, a partir de pronósticos de GEA, un crecimiento de 8.8% en sus exportaciones de 2001 (contra 14.9% que se habría logrado en 2000). González corrije el pronóstico a un conservador 5% para el año en curso, en el caso de una desaceleración. La Canaintex no ha hecho números.

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“No creemos que caiga más. En el peor de los escenarios (el de una recesión), las exportaciones podrían bajar en 10 o 15%, pero eso en el peor de los casos”, dice González. Tal situación, sería que los fabricantes mexicanos perdieran lugar frente a sus competidores en Asia y el Caribe, por precio, calidad o puntualidad en las entregas.

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“No hay algo como lealtad. El precio es el que va a mandar”, dice Mayer Zaga, uno de los grandes industriales de fibras, telas y confección, y director de Zagis, de Grupo Industrial Zaga.

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Cubeta de agua fría

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Algunos empresarios comienzan a escuchar ecos en México de la situación en Estados Unidos; hay otros que no ven señales de cambio.

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Comercializadora JC Penney, por ejemplo, que el año pasado compró $55 millones de dólares en prendas a industriales mexicanos para exportar al vecino del norte, no nota variación en la demanda de ese país. “No hemos visto ningún impacto ni lo anticipamos; más bien esperamos crecer 8% en nuestras exportaciones”, dice Laura Muñoz, directora general de la empresa.

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A los fabricantes aún les resulta difícil distinguir el problema y hacer previsiones, pero una desaceleración les caería como una cubeta de agua fría. La fortaleza del peso ahoga sus utilidades y eleva sus costos de producción.

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“Terminaron los años maravillosos”, dice con una corta sonrisa David Maauad, dueño de Camisas Finas de Hidalgo, que produce prendas para exportación, desde Pachuca.

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Si el negocio de Maauad creció y las exportaciones textiles de México se triplicaron en los últimos cinco años, fue por el trato preferencial que lograron con la firma del TLCAN. Pero esa ventaja terminó: a partir de octubre pasado, Estados Unidos otorgó los mismos derechos a textileros de países de la Cuenca del Caribe y de la región del subsahara en África. Según empresarios, a partir del año pasado varias maquiladoras instaladas en Puebla y Querétaro se mudaron al Caribe. Algunos pedidos que antes recibían textileros de Yucatán e Hidalgo fueron a dar a compañías de Honduras y República Dominicana.

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“Han bajado los pedidos, pero no sabemos qué tanto; se habla de que Aguascalientes ya perdió unos 500 empleos en lo que va del año y que cerraron cuatro maquiladoras en La Laguna”, dice  Raúl García, director general de la Caninvest. “Ya se sienten (efectos en los pedidos), incluso nuestras contrapartes en Estados Unidos también comienzan a sentirlos”, dice Enrique Mercado, presidente de la Canaintex.

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A comienzos del año, la noticia de cierres y de recortes rondó los parques industriales de Puebla, Torreón, Aguascalientes e Hidalgo. Maauad se enteró en enero de que su cliente gigante de boxers reduciría las compras.  Piensa dedicarse solamente a la confección de camisas sport para el mercado estadounidense.

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¿Porqué sucedió esto? “No sé. Son muchos factores los que influyen y ya no son independientes. A mí lo que me preocupa no es la desaceleración, es la sobrevaluación del peso”, dice Maauad.

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Impactos a medida

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En caso de darse una baja en la actividad económica en la Unión Americana no afectaría a todos por igual. Zaga lo mira sin preocupación desde su industria en Tepeji del Río, donde lo mismo produce hilos y telas, que  ropa interior de la marca Vicky Form. “Los que tienen huevos en varias canastas no tienen razón para preocuparse”, interpreta Farell, de Bancomext.

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Según este funcionario, el sector de la confección será más vulnerable que el de fibras o telas, pues está volcado a la exportación; el maquilador neto estará más en riesgo de salir lastimado, que el maquilador comprometido en esquemas de “paquete completo”.

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Los productores de prendas de moda serán más sensibles a verse afectados que los fabricantes de ropa de primera necesidad, estima Muñoz, de JC Penney.

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Auguran que el precio será la variable que determine si los pedidos permanecen en México, o se van. “El que baje sus costos es el que se va a quedar”, opina Zaga.

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Pero es en precio en donde tienen menos margen. Los maquiladores “puros”, aquellos que sólo ensamblan, o que cortan y ensamblan telas estadounidenses, tienen poco que hacer frente a los maquiladores del Caribe que, según la Cámara del Vestido, tienen costos en mano de obra hasta 30% inferiores a los de México.

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Las cámaras desconocen qué porción de los exportadores está todavía en este esquema de producción; al menos en Tehuacán y Yucatán la mayoría son sólo ensambladores. De acuerdo con datos del Instituto de Manufactureros Textiles de América, 80% de las exportaciones de prendas de México a la Unión Americana son hechas bajo el esquema de confección compartida, es decir, a partir de telas o cortes de tela del vecino país.

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“La competencia de México en costos está en el paquete completo, que es la integración de tela, corte y confección mexicanas”, dice Farell. “Las empresas que manejan paquete completo verán una reducción en sus ventas pero no van a cerrar. Las que cerrarán son las maquiladoras que se quedaron en esquemas anteriores. Las compañías americanas tienen todos los incentivos para irse a la Cuenca del Caribe y ya están cerrando de manera notable. En unos dos años no habrá maquila de éstas en la confección”.

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Salomon Rayek, dueño de Tropisol, compra la tela, hace los diseños de trajes de baño que confecciona, y vende a sus clientes en Estados Unidos. Se dice tranquilo frente a un escenario de desaceleración; no prevé bajas para su maquiladora en Tepeji del Río.

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La integración sería la tabla de salvación también para los textileros. No existen datos precisos, pero los analistas creen que la gran mayoría de las prendas de exportación se confeccionan con telas del extranjero, y una porción pequeña con producto nacional. “Si nosotros comenzamos a suministrar a la maquila y vestido no se sentirá tanto la crisis en el sector textil”, asegura Mercado de Canaintex.

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A la defensa

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El blindaje posible es bajar costos, ampliar la gama de productos, mejorar la calidad y los tiempos de entrega, propone Zaga. Es “el único plan que existe en nuestro grupo” para enfrentar los riesgos derivados de la desaceleración de la economía estadounidense.

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Su empresa Zagis no piensa decrecer, y más bien busca canales de venta directa y sacar productos nuevos. Por estos días tres de los altos mandos del grupo están en Estados Unidos y el Caribe hablando con sus clientes, palpando la situación.

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La estrategia de Parras consiste en sustituir las ventas que pierda, ganando nuevos clientes en el propio mercado estadounidense mediante una promoción más agresiva de sus productos. “Será cuestión de quitarles porciones de mercado a los orientales”, dice García Muriel.

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Rayek se plantea la posibilidad de abrir más su cartera a clientes nacionales, lo que se espera hagan muchos industriales. Él vende 50,000 trajes de baño al mes al mercado estadounidense y unos 25,000 en México.

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Para Rashid Azar, empresario y presidente de la Cámara del Vestido en Yucatán, la clave está en que los textileros se vuelvan cada vez menos dependientes del cliente estadounidense, y se lancen a conquistar nuevos mercados. “Eso es lo único que nos salvará”. 

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