Confección: su suerte, en Estados Unido

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Leopoldo Eggers

La industria de la confección es el segmento final y el más importante de la cadena productiva textil y del cuero. Comprende un universo de alrededor 22,500 empresas que representan 61% del total de correas de la cadena y proporciona empleo directo a 230,000 trabajadores, 48% del mismo total.

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Sin embargo, esta industria ha sido una de las más afectadas por el tipo de apertura comercial instrumentado en la economía nacional desde 1988: combinación de desgravación arancelaria acelerada con sobrevaluación de la tasa de cambio e ineficiencia, tanto de los sistemas aduaneros, como de los mecanismos de defensa contra prácticas desleales de comercio. Esto propició la conquista de amplios espacios en el mercado interno por las mercancías de importación.

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La crisis financiera de fines de 1994, el programa de ajuste con sus secuelas de esta inflación, la caída del poder adquisitivo, así como el encarecimiento de los costos financieros fueron otros eventos que impactaron también negativamente a las empresas del sector.

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Debido a ello, en los últimos siete años la facturación de la industria de la confección se redujo en 50% respecto de los reportes de ventas de 1988, el número de empresas registradas cayó 8%, en tanto el número de empleos directos decayó 23%.

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No obstante, la apertura comercial, al igual que la recesión de 1995, presentaron algunos efectos positivos. Uno de los más importantes fue que tanto la competencia externa como la recesión forzaron a un número importante de las empresas sobrevivientes a mejorar sus condiciones competitivas y a reorientar su cartera de ventas hacia la exportación. Por otra parte, la devaluación de más de 100% en la cotización peso-dólar de 1995 contribuyó a mejorar el margen de protección efectiva contra las importaciones. También, a establecer un sesgo exportador por parte de las empresas que inmediatamente reconocieron la mayor rentabilidad de las ventas facturadas en dólares, al tiempo que los niveles de precios internos se volvieron más atractivos para los compradores extranjeros.

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Así, el año pasado las exportaciones de prendas y confecciones se elevaron 62% respecto de 1994 (pasando de $1,458 a $2,358 millones de dólares), mientras que las importaciones bajaron 50% (de $967 a $318 millones de dólares). Con esto, el superávit comercial externo de esta industria aumentó 315% (de $491 a $2,040 millones).

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Entre los productos más importantes de la estructura exportadora de prendas y confecciones están las camisetas interiores tanto de algodón como de fibras sintéticas que representan el 27% de las exportaciones totales del sector (ropa interior femenina con 15%, pantalones para hombres y niños 11%, suéteres, jerseys y chalecos con 10% del total, y camisas con 6%).

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Si bien hacia fines de 1995 la industria de la confección registró un modesto repunte en sus ventas y en su actividad productiva, el contexto económico prevaleciente a principios de 1996 impide arriesgar una hipótesis optimista para el sector.

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Lo cierto es que ante un mercado interno que seguirá deprimido, las posibilidades de crecimiento sectorial se inclinarán en favor de aquellas empresas confeccionistas que consigan colocar una porción creciente de su producción y sus ventas en los mercados de exportación, principalmente en el de Estados Unidos, que gracias al TLC, se encuentra prácticamente liberado de restricciones arancelarias y no arancelarias para todas las prendas de vestir que cumplan la regla de origen regional de “fibra en adelante”, lo que en esencia no debería representar mayores problemas para las empresas interesadas en exportar, dada la amplia oferta de fibras sintéticas y artificiales en el mercado mexicano y de fibras naturales procedentes de Estados Unidos y Canadá.

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