Conflicto en la UNAM

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Sergio Sarmiento

Nunca entenderemos el conflicto de la UNAM si pretendemos verlo nada más como un movimiento estudiantil. Se trata de una disputa política que tiene que ver con un proyecto de nación. El hecho de si se cobrará una cuota de $100 pesos mensuales a los estudiantes de licenciatura que puedan pagarla es, finalmente, un mero pretexto.

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Desde hace muchos años se ha discutido la necesidad de actualizar las cuotas de la UNAM, las cuales son las más bajas de cualquier universidad pública del país. Tanto Jorge Carpizo como José Sarukán realizaron esfuerzos en este sentido cuando fueron rectores, pero no tuvieron éxito.

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El actual rector Francisco Barnés de Castro sabía que su propuesta enfrentaría obstáculos políticos y por ello la iniciativa fue tan moderada. Las cuotas que sugirió son muy reducidas, pero además sólo se cobrarían a los alumnos cuyas familias tuvieran ingresos superiores a los cuatro salarios mínimos. Quienes tuvieran ese ingreso pero enfrentaran problemas temporales podrían diferir los pagos. Para conceder la exención de cuotas la UNAM se atendría a la declaración del propio estudiante. El criterio era que nadie dejara de asistir a la universidad simplemente por no pagar las cuotas.

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Una propuesta tan moderada, por supuesto, no recaudaría grandes fondos: tan sólo 3 o 4 % del total de los ingresos de la UNAM. Pero este dinero se utilizaría en parte para dar becas a los estudiantes más pobres, quienes usualmente abandonan sus estudios no por el nivel de las cuotas sino por su necesidad de trabajar, y para mejorar servicios educativos, como bibliotecas e Internet, que favorecen de manera abrumadora a los estudiantes más necesitados.

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El rector podía afirmar que había estructurado una propuesta progresista destinada a subir cuotas para ayudar a los más pobres. Pero han sido, curiosamente, las organizaciones “progresistas” y los partidos de “izquierda” los que han organizado el rechazo.

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¿Por qué? Porque las características de la propuesta no tienen nada que ver con el tema. El aumento de cuotas es un simple símbolo de un enemigo político. El objetivo del movimiento es combatir al neoliberalismo, al PRI o al presidente Zedillo. Las cuotas no son el problema.

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Los perredistas se han involucrado en el movimiento de la UNAM. No se necesita un gran espionaje político para confirmarlo: los propios perredistas lo dicen abiertamente. Pero tampoco es ilegal que lo hagan.

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Pretender una especie de separación mágica entre el mundo académico y la vida política es imposible.

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El PRD está apostando a que su apoyo al movimiento parista le generará avances políticos. Quizá porque están tan imbuidos del discurso populista, los perredistas no se dan cuenta de que pueden ahuyentar con su estrategia a muchos electores moderados. Esto sería un desastre para el PRD, porque finalmente lo que se está jugando no son las cuotas de la UNAM sino el resultado de las elecciones presidenciales del año 2000.

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El autor es vicepresidente del Comité Editorial de TV Azteca

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