Consumidores inconformes

Ante un descontento que va en aumento, los mexicanos tomarán con reserva el proyecto que les quiera
Adina Chelminsky

Como quien compra el producto que anuncian a las tres de la mañana en un infomercial, “por sólo $100 usted adquiere un tónico que le hace perder peso, ganar vigor sexual y eliminar la calvicie”, y que al recibirlo se da cuenta que no sirve para nada. Así los mexicanos estamos hoy pasmados con el gran producto que nos vendieron en 2000: “Con su simple voto usted no sólo consigue la consolidación de la democracia sino bienestar para su familia.” Éste salió defectuoso, no cuenta con garantía y no tenemos a nadie a quien reclamar.

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La letra pequeña
El desencanto se da por varias razones; la primera es porque nos dieron gato por liebre. La nula voluntad y capacidad de los actores políticos, el sabotaje al proyecto de desarrollo y la diferencia entre el carácter de Vicente Fox-candidato contra Vicente Fox-presidente nos demuestran que lo que compramos viene indiscutiblemente defectuoso.

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Nos sentimos timados. Se aprovecharon de nuestra inocencia (¿realmente creíamos que algún problema se podría solucionar en cinco minutos?) para vendernos publicidad engañosa. La lógica de la mercadotecnia era muy clara: Desarrollo económico igual a democracia, democracia igual a alternancia, por lo tanto, concluíamos, alternancia es sinónimo de bienestar. Nadie nos advirtió de los cientos de factores internos y externos que se necesitaban conjugar para que esta ecuación se cristalizara.

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La falta de responsabilidad en el uso del producto es patente, nunca se nos ocurrió leer el manual de usuario en donde se especifica el papel que jugamos como ciudadanos. Nos quejamos de que México es un país corrupto cuando somos nosotros los que extendemos la mano, gritamos sobre la ineptitud de los legisladores cuando una gran mayoría de nosotros asistimos a las urnas sin la mínima idea de por quién estamos votando (parte de otra falacia mercadológica de que “lo importante es simplemente asistir a votar”).

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Consumidores informados
El principal problema con esta frustración colectiva es que, irónicamente, nos convierte en presa fácil para promesas vacías: “Que no le digan, que no le cuenten, nosotros sí sabíamos como” o “¿ya probó todo lo demás y no le funcionó?…nosotros sí tenemos la solución”.

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Lo mejor que podríamos esperar es que nos vendan el sexenio 2006-2012 como un proyecto que abiertamente nos hable de lo costoso, difícil y largo que es el desarrollo y el sacrificio que, de alguna manera, todos vamos a tener que hacer. Tristemente son las promesas y no las realidades las que consiguen votos, pero si alguna lección nos debemos de llevar de este sexenio es que si algo suena demasiado fácil y bueno probablemente sea algo que no compraremos.

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* Comentarios: adina@prodigy.net.mx.

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