Corto y largo plazo

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No son pocos los mexicanos que se preguntan si ya tocó fondo la economía del país o si aún queda un buen trecho por recorrer antes de iniciar la recuperación. Por lo pronto, en las últimas semanas, la gente se ha topado con una noticia buena y con una mala. La buena es que el comportamiento de algunas variables es acorde con las metas gubernamentales. Sin embargo, la mala noticia es el más que evidente elevado costo que ha implicado el ajuste. Por un lado, entre los resultados alentadores del programa están el cumplimiento en el primer trimestre del año de compromisos con el exterior y la recuperación -en marzo- de la Bolsa Mexicana de Valores. A ello hay que añadir el hecho de que el mercado  cambiario registró menores presiones, así como los aceptables resultados de la balanza comercial en los primeros tres meses del año.

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Empero, "las buenas noticias en el plano macroeconómico no necesariamente benefician a las empresas y menos a los consumidores". Así las cosas, lo cierto es que apenas en abril se estaría llegando al punto critico de la contracción. Siguiendo con el análisis citado, "a esta altura del programa los riesgos se intensifican". Lo menos que se puede esperar es que el gobierno haya ponderado todas estas variables y esté preparado para enfrentarlas. Con un plan de choque como éste, es de esperarse que las autoridades hayan previsto las consecuencias de la amarga medicina recetada a los mexicanos.

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Ante la caída del mercado interno, una salida posible para las empresas del país es la exportación, sin embargo, y por diversos motivos, no todas pueden enviar su producción al exterior. El hecho es que las actuales condiciones obligan a la lucha encarnizada por la mera sobrevivencia. En este momento, las firmas nacionales están reinventándose, adaptándose a esta difícil hora en que sobrevivir es la preocupación más inmediata. Para ello, las unidades productivas establecen nuevas formas de relacionarse con los intermediarios financieros, sus empleados, sus proveedores, sus clientes. Quienes sobrevivan lo harán más que fortalecidos y dueños de una gran eficiencia operativa.

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Siendo positivos, una noticia alentadora es que el país de antes ya no podrá ser el mismo. Luego de recorrer accidentados caminos como el actual, los mexicanos ya no están dispuestos a vivir con esquemas rígidos, obsoletos e inoperantes, como muchos de los que se vienen arrastrando del pasado reciente. Un país renovado necesita la participación comprometida y plena de sus grupos sociales. Así, los hombres de negocios deben tomar parte más que activa en el debate nacional sobre el modelo de nación que queremos, una vez que se superen las actuales condiciones de emergencia. Mientras el país supera su precaria situación, es evidente que ha iniciado la discusión sobre la vigencia de un verdadero federalismo, una nueva y profunda reforma política, un modelo económico que satisfaga a todos, una paz justa y duradera en Chiapas, entre otros grandes temas de la agenda nacional. Si bien hay que salir de los problemas del corto plazo, este país no puede darse el lujo de una miopía que abandone la visión del largo plazo para mejor ocasión.

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