Crece la presión

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Los logros alcanzados hasta hoy con el programa de ajuste económico son innegables. La rápida estabilización de los mercados financieros y el control inflacionario, junto con la clara tendencia superavitaria de la balanza comercial, son los rostros sonrientes de la política económica ortodoxa que está aplicando la administración zedillista.

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Pero igualmente innegable es la grave secuela que el programa está dejando en el ámbito de la planta productiva y la economía familiar, debido a la contracción del Producto Interno Bruto que, según cálculos de Tendencias Económicas y Financieras, retrocedió 7.4% en el segundo trimestre. De ahí que los dos problemas más visibles del momento se encuentren en su punto más álgido: el desempleo y las carteras vencidas. Sobra decir que la solución a estos urgentes asuntos no está a la vuelta de la esquina.

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En el primer caso, el daño ocasionado a la planta laboral es tan grave que, aun retornando al sendero del crecimiento en 1996 (cosa poco probable, por cierto), el nivel de empleo que existía en 1994 no podrá recuperarse antes del inicio del nuevo siglo. De ahí el engrosamiento del ejército de la economía informal y el escandaloso crecimiento de la inseguridad pública en las principales ciudades del país.

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En el caso de las carteras vencidas, la presión de los deudores, organizados muchos de ellos ya en una enorme asociación, adquiere visos de problema político. Ante esto, los bancos han mantenido inflexible su postura: si los créditos se resolvieron de manera individual, de igual forma se renegocian. Los movimientos de deudores, a su vez, tampoco ceden y exigen condonamiento de intereses y quitas al capital. En otras palabras, la situación se resume en un ni para atrás ni para adelante, pero el problema crece día a día.

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Por si fuera poco, la presión de los empresarios mexicanos para que se "abra la llave" también aumenta. La prueba está en el "pliego petitorio" presentado por el líder del Consejo Coordinador Empresarial al presidente Ernesto Zedillo, a principios de este mes, en donde demanda eficacia en la utilización de los recursos públicos, iniciar una verdadera simplificación fiscal y apoyo efectivo del gobierno federal para no perder la estructura productiva nacional, entre otras acciones fiscales, financieras y administrativas.

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Sin embargo, nada de lo anterior supone que deba darse un cambio radical de política económica. Dado que el grado de avance del programa de choque confirma tendencias positivas que, indudablemente, han ahuyentado al fantasma de la hiperinflación y de un nuevo desquiciamiento de los mercados financieros, sería estéril proponer la vuelta al gradualismo de sexenios anteriores; mucho menos al proteccionismo. De lo que se trata, a fin de cuentas, es de no volver a caer en la trampa del "milagro mexicano". Aunque también queda claro que la presión social no es gratuita. Asuntos que se agravan peligrosamente, como el desempleo y las carteras vencidas, requieren una atención inmediata.

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