Cuando la vida no vale nada

Desinformación estadística. Deficiencia en las condiciones laborales de los trabajadores. Este par
Joaquín Fernández Núñez

Cuándo se rasca un poco en las estrategias adoptadas por muchas de las empresas mexicanas en cuanto a sus sistemas de seguridad e higiene en sus plantas, salta a la vista un hecho: prevalece en éstas una especie de complejo de avestruz.

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La realidad es que no muchas empresas parecen preocuparse por estos rubros, sino sólo cuando ocurren catástrofes de gran envergadura (por ejemplo, las explosiones en las plantas de Pemex), es decir, cuando ya es demasiado tarde para evitarlas.

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Según estimaciones oficiales, cada año se producen en México alrededor de 600,000 accidentes o enfermedades laborales, de los cuales 20,000 son causa de invalidez permanente para algún trabajador. En términos económicos, esto significa que en total son más de $7,500 millones de dólares los costos directos e indirectos causados por la falta de prevención. Y estas cifras representan, a juicio de los especialistas consultados, sólo la punta del -enorme iceberg de deficiencias, obsolescencias y falta de mantenimiento adecuado en el que se haya la mayor parte de la planta productiva del país. Se calcula que 95% de las empresas establecidas incumplen alguna o todas las normas de seguridad e higiene a las que están legalmente sujetas.

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Como describe Victoriano Angüis, presidente de la Asociación Mexicana de Higiene y Seguridad, "en México, el patrón hace como que aplica las normas, el trabajador hace como que las cumple y el inspector hace como que inspecciona."

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¿DATOS CONFIABLES? IMPOSIBLE
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Establecer un diagnóstico cuantitativo preciso acerca de la situación de las empresas en cuanto a seguridad industrial es tarea irrealizable: las escasas cifras que existen son todas parciales e incompletas. Los únicos datos disponibles son los proporcionados por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), los cuales apenas incluyen a 40% de la población económicamente activa total del país.

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"No se tienen en cuenta sectores de alto riesgo, como la extracción petrolera o las actividades agropecuarias", se queja Luis Manuel Pérez Pantoja, director de Corporación de Servicios de Salud en el Trabajo y el Ambiente y profesor de la maestría de Salud en el Trabajo de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco.

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No obstante, según el directivo es posible, observando las cifras, extraer ciertas tendencias en la evolución de los accidentes de trabajo en el país: en 1995, la tasa de incidencia de riesgos de trabajo entre los trabajadores registrados en el IMSS ha continuado su tendencia descendente hasta situarse en 4.98% --frente a 5.76% en 1994-. Si se observa que en 1995 el decremento de accidentes ha sido mayor a la reducción de la población asegurada, se podría asegurar que ha habido avances en la seguridad del lugar de trabajo --el número de accidentes reportados fue 21% inferior al del año anterior-.

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En lo que se refiere a enfermedades del trabajo, si bien el descenso ha sido significativo (50%), éste no se ha aplicado a las cinco principales causas, cuya

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A pesar de estos datos, no hay manera de ratificar que haya un aumento en la seguridad de las empresas: de nuevo a tenor de los especialistas, las declaraciones de accidentes de trabajo efectuadas por las empresas afiliadas al IMSS no corresponden, ni de lejos, a la cifra real. Según Angüis, se calcula que detrás de la cifra total de accidentes laborales declarados al organismo, las empresas estarían ocultando un número 40% mayor. "Los patrones no quieren pagar las primas de riesgo que les corresponderían sí reportaran todos sus accidentes", explica.

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Aunque no se pueden obtener datos fidedignos, se puede, por lo menos, establecer la principal causa del problema. La falta de cultura mostrada por autoridad, empresas, empleados e instituciones educativas aparece, en este caso, como la piedra angular del debate.

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"El gobierno no ha impulsado políticas tendientes a cuidar la riqueza más importante del país: sus trabajadores", sentencia Pérez. Para él, las políticas gubernamentales han sido "bastante pobres y, en ocasiones, inexistentes". Prueba de esto es el actual reglamento en materia de Seguridad e Higiene que data, nada más, de 1937.

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A pesar de ello, tanto Pérez como Angüis dicen que las normas oficiales, si bien necesitan una buena actualización, siguen siendo perfectamente aplicables. "Si no se cumplen no es porque sean complejas o atrasadas, sino por falta de conocimiento", dicen.

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Muchos empresarios sólo hacen lo que les exige la autoridad", agrega Pérez. Y la autoridad, a decir de todos los integrantes del sector, está poco presente y demuestra muy poca preparación técnica en la materia. "Los inspectores del trabajo no sirven para nada", dice tajante un pequeño industrial del sector textil que prefiere guardar el anonimato.

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Según él, las escasas inspecciones que ha recibido en 10 años de actividad se han limitado a simples amenazas de sanción sin proponerle soluciones viables para remediar sus incumplimientos.

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"Además -dice Pérez-, en el Programa Nacional de Desarrollo estaba contemplado un gasto en seguridad e higiene de 0.02% sobre el presupuesto nacional. Ni siquiera se gastó."

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"Las autoridades no han logrado crear conciencia en el uso de equipo de seguridad. Falta mayor información", agrega Alicia Gutiérrez, gerente de ventas de American Optical, una empresa fabricante de equipos de protección respiratoria, facial y auditiva.

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MIEDO A LOS PRESUPUESTOS
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Pero no hay que cargarle todo al gobierno. Los empresarios también están vinculados a la pésima calidad laboral que subsiste en la planta industrial mexicana. "Al principio se muestran muy receptivos a la implantación de equipos de seguridad. El problema es cuando se les envía el presupuesto. En ese momento se corta la negociación", comenta Verónica Nápoles, gerente de negocio de Mercado, una productora de equipos de seguridad para los derrames químicos, Según ella, en México la empresa apenas vende 10% de lo que habían previsto.

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Los demás fabricantes de equipos de seguridad consultados se quejan de una situación similar. Gutiérrez, de American Optical, piensa que los empresarios sólo saben ver la seguridad como gasto y nunca como inversión. "Tenemos una planta productiva con diseños de máquinas y métodos de trabajo muy viejos. Muchas veces se pide un diagrama de maquinaria y la empresa no lo tiene. El mantenimiento es correctivo y son muy pocos los que piensan en instaurar medidas preventivas. Desde siempre la prioridad ha sido producir y se deja de lado todo lo que soporta la producción", comenta Juan Antonio Ortiz, director de Ingeniería Acústica Spectrum, una consultoría dedicada a aportar soluciones en lo que se refiere al control de ruido y vibraciones.

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La crisis económica tampoco ha ayudado a una mayor toma de conciencia: tras una estrepitosa caída en su demanda después del "error" de diciembre, en estos momentos las ventas de muchos fabricantes de equipos de seguridad han repuntado, pero la mayoría dice producir la mitad de lo que fabricaba hace dos años.

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"En la situación económica actual, si cumplo con todas las normas tendría que cerrar la fábrica. Es demasiado caro, ya no sólo por una cuestión de competir, sino para sobrevivir", argumenta el industrial textilero aludido líneas arriba.

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"Eso es falso. Alrededor de 50% de los accidentes y enfermedades que hay en México desaparecerían con inversiones mínimas", responde Pérez . Para ilustrarlo, cita el caso de siete trabajadores en Cuautla, Morelos, quienes murieron intoxicados por gases venenosos al caer en una cisterna recicladora de papel y basura el año pasado. "Y todo porque la empresa no contaba con un equipo que cuesta $1,500 pesos".

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Todos coinciden: el empresario mexicano sigue sin percibir la seguridad y la prevención de accidentes como un buen negocio. "La salud es rentable. De igual forma que la no calidad en un producto ocasiona un costo altísimo, la falta de calidad de las condiciones de trabajo implica ausentismo del personal, días perdidos en capacidad, pérdidas de materia prima, daños a la maquinaria... Sin contar que, en los accidentes fatales, el espíritu de los trabajadores decae y con ello, se merma la productividad y la calidad del producto", recalca Pérez.

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"¿Cuánto cuesta la calidad del ambiente de trabajo cuando la gente se pasa la tercera parte de la vida dentro de una empresa?", se pregunta a su vez Ortiz, de Ingeniería Acústica Spectrum. Según él, lo primero que debería plantearse un empresario para decidirse a invertir en seguridad es darse cuenta de que un trabajo está mejor realizado --y, por lo tanto, es más competitivo- cuando el trabajador está sano. Pero, por lo visto, muchos prefieren mantener a un regimiento de hombres enfermos.

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TRABAJADOR, LOBO DEL TRABAJADOR
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Para completar el cuadro de responsabilidades, también cabe mencionar a los propios trabajadores, quienes tampoco piensan mucho en la importancia de proteger su salud. No exigen, por ende, condiciones seguras al empresario. "Es un problema social –comenta Pérez–. Por ignorancia y por la situación económica, el empleado prefiere monetarizar el riesgo y pedir una prima por trabajar con ruidos o productos tóxicos en lugar de reclamar un remedio a sus malas condiciones, En algunos grupos de trabajo se ha monetarizado la -salud".

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Paralelamente, las instituciones de educación superior tampoco están contribuyendo a crear una clara conciencia acerca de la relación entre trabajo y salud.

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En México, apenas pueden contarse con los dedos de una mano las universidades que ofrecen cursos de especialización en seguridad e higiene laboral. Además, no todas están orientadas a impartir técnicas de prevención y prefieren quedarse con explicar remedios.

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Angüis aporta un dato revelador: en todo el país existen actualmente 630 médicos certificados en medicina del trabajo. Sin embargo, se calcula que hay más de 12,700 dedicados a ejercer su trabajo en ese ámbito específico.

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La falta de cultura en todas las esferas indica que la situación está lejos de poder remediarse en el corto plazo. Sin embargo, a juicio de Angüis ya existen visos -de cambio: los acuerdos establecidos con Canadá y Estados Unidos dentro del marco del Tratado de Libre Comercio están forzando tanto al gobierno como a las empresas a cambiar drásticamente su forma de operar. Parece que la amenaza de multas, que pueden llegar hasta $20 millones de dólares por incumplimiento de las normas establecidas, está propiciando que todos se tomen el asunto un poco más en serio.

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Paralelamente a ello, el IMSS dará a conocer en fechas próximas un nuevo Reglamento de Clasificación y Determinación de la Prima de Riesgo que, a través del establecimiento de nuevos rangos en las cuotas, pretende reducir sustancialmente los actuales ocultamientos en los accidentes laborales declarados por las empresas.

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Además, por iniciativa privada se creará el Consejo Mexicano de Profesionales Certificados en Administración de Riesgos, a través del cual se pretende formar, autorizar y posteriormente monitorear la labor de todas aquellas personas que, desde encargados de seguridad hasta médicos, se dediquen a la administración y control de riesgos en la industria.

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Sin dejar de citar la escasez de concientización general, al final Pérez prefiere evitar el fatalísimo: "Estoy optimista: llevo 20 años trabajando en seguridad y sí he visto avances. El problema es que son demasiado lentos. Con respecto al enorme desarrollo que ha experimentado la preocupación por la salud ambiental en las empresas, las cuestiones de salud ocupacional se han quedado muy atrás. Ha habido una infinidad de empresas clausuradas por motivos ecológicos, pero por motivos de salud laboral, sólo conozco dos casos. Todavía falta mucha voluntad".

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