Cuando los mundos convergen

Inmersos en un escenario de competencia global y directa, entre los proveedores de equipos de redes
Andrés Piedragil Gálvez

En las manos de Rafael Fernández, director general de 3Com de México, se encuentra un teléfono Ethernet. Este dispositivo para comunicaciones de voz –de moderno diseño y color obscuro– se conecta directamente a una red de datos, lo que implica que la conversación de un usuario, en lugar de transmitirse a través de la infraestructura telefónica tradicional (o red de voz), viaja por una plataforma de conectividad que está conformada por equipos de cómputo (red de datos).

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Al utilizar los enlaces de datos y no los de telecomunicaciones, este pequeño aparato permite que los gastos por llamadas de larga distancia –que pueden alcanzar montos significativos en aquellas corporaciones que cuentan con sucursales remotas– se reduzcan de forma importante. Algunas organizaciones del sector bancario nacional (clientes de 3Com) pueden dar fe de los ahorros en ese renglón.

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En los laboratorios de la oficina local de Cisco Systems, Jaime Carpenter, director para México y Centroamérica de esta firma, no sólo muestra un teléfono de características similares. Asimismo, exhibe un sistema completo de videoconferencia.

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Esta solución –fabricada por una empresa diferente, pero que se despliega a través de los equipos y sistemas de conectividad de Cisco– ofrece servicios de transmisión de video, voz y datos. Todo, a través de una infraestructura y una conexión de datos. Como en el caso anterior, importantes instituciones educativas de México pueden hablar, hoy en día, sobre el uso de esta aplicación tecnológica.

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Un recorrido por las instalaciones de compañías como Lucent Technologies, Nortel Networks o Alcatel, no sólo añadiría ejemplos a este catálogo de dispositivos que combinan distintas formas de comunicación. Al mismo tiempo, confirmaría una idea que, en el contexto actual, resulta incuestionable: desde el punto de vista técnico, la convergencia de las redes de voz y datos ya es una realidad. Los productos que hacen posible la creación de una red universal –es decir, una estructura de conectividad que proporciona servicios de voz, datos y video– ya están disponibles para quien los quiera tomar.

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Sin embargo, y aunque esto podría parecer un planteamiento gratuitamente pesimista, con el desarrollo y disponibilidad de productos acabados, la industria de las redes –tanto de voz como de datos– sólo alcanza un objetivo. Uno, es cierto, muy importante desde la perspectiva del usuario: credibilidad. Actualmente, los empresarios mexicanos pueden adquirir los equipos que permiten consolidar, en una sola infraestructura de red, diferentes servicios de comunicación. Es decir, la convergencia ha dejado de ser una “buena idea” y se ha convertido, gracias a la existencia de una oferta tangible, en un camino tecnológico viable.

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Entonces, ¿qué falta por hacer?, ¿qué objetivos todavía están en la categoría de asignaciones pendientes? La plena consolidación de la conectividad convergente todavía tiene que superar dos retos específicos. Uno, convencer a los empresarios para que, desde una perspectiva más amplia que la actual, valoren y aprovechen el potencial de las redes convergentes. Y dos, consolidar una infraestructura que realmente ofrezca, tanto para las aplicaciones de voz como para las de datos, el mismo nivel de desempeño y confiabilidad.

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A estos dos aspectos habría que añadir otro importante elemento de análisis: la tendencia hacia las redes convergentes ha provocado una reorganización dentro del mercado de proveedores de equipos y soluciones de conectividad. Hasta hace poco tiempo, las compañías especializadas en tecnologías para transmisión de datos, como Cisco Systems y 3Com, se movían en un ámbito que era distinto al de Lucent Technologies o Alcatel, proveedores de soluciones de voz. Hoy, las fronteras han desaparecido. Ambos tipos de proveedores están luchando por el mercado de la red universal. Los efectos que se generan por esta situación tampoco deben pasar desapercibidos.

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Cuando el “2 x 1” se queda corto
A los sistemas de conectividad convergente, por lo general, se les atribuye un gran valor desde el punto de vista económico. Y es verdad: una empresa que despliega una red universal, no tiene que invertir capital en la implementación de dos infraestructuras independientes –una para la transmisión de datos y otra para la voz–. En una sola plataforma de red, la compañía consolida los servicios de comunicación necesarios.

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Sin embargo, y de acuerdo con representantes de 3Com, Cisco Systems y Lucent Technologies, el factor del ahorro no es el único beneficio que aporta la convergencia de las redes. Hasta cierto punto –señalan las empresas contactadas–, la ventaja económica, que se genera prácticamente por default, ya no debe estar en el centro de la discusión. Es un hecho que se puede probar fácilmente.

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Para las fuentes consultadas, los enlaces universales no sólo son útiles por su capacidad para unir dos mundos tecnológicos distintos. Más allá de esto, según los entrevistados, se encuentra un aspecto de mucha mayor trascendencia. La conectividad convergente permite que los sectores productivos se integren al escenario de negocios que, de acuerdo con los especialistas financieros, predominará en el futuro: la economía digital.

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“En el ámbito de la convergencia de las redes –dice Jaime Carpenter, director general para México y Centroamérica de Cisco Systems–, el tema más importante es el que está relacionado con los contextos y procesos de negocio. (Para Cisco) el motor de la convergencia no radica en los aspectos tecnológicos; éstos, en buena medida, se resuelven con relativa facilidad. El factor realmente trascendente se encuentra en el hecho de que el mercado está cambiando y se dirige hacia las economías basadas en Internet.”

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Carpenter cree que lo anterior significa que, para que las empresas se puedan relacionar con su clientes y proveedores, ofrecerles más servicios y enfrentar exitosamente la competencia en un mercado, habrán de echar mano de Internet e incluso adaptar sus procesos a esa red. “Esta condición crea un nuevo contexto para las operaciones de negocio; en éste, las redes convergentes son una de las herramientas de trabajo más útiles, ya que permiten que una empresa, que tiene que competir en un ecosistema electrónico, implemente servicios más eficientes y mejore sus operaciones internas. Todo se reduce a esto: (la convergencia) hace que las organizaciones aprovechen las nuevas condiciones de la economía”, agrega Carpenter.

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En ese mismo sentido, Idsa Genie, directora de Mercadotecnia de la División de Sistemas de Conectividad de Datos de Lucent Technologies, considera que la demanda actual por soluciones de red convergente confirma el hecho de que los sectores productivos –al observar que el mundo de los negocios se orienta hacia una nueva dirección– están conscientes de que, para enfrentar los retos comerciales del futuro, deben contar con nuevas herramientas. “La convergencia no es algo que los proveedores inventaron. Las necesidades actuales y la visión a largo plazo de los clientes –que se inscriben en un escenario comercial, que coloca a Internet y a las redes en el centro de todo– son los dos elementos que han impulsado los esfuerzos ‘convergentes’ de la industria de la conectividad. Es decir, esta apuesta tecnológica no se realiza para determinar qué tipo de redes prevalecerán en el futuro (de voz o de datos); se lleva a cabo para satisfacer los requerimientos de los usuarios... los de hoy y, sobre todo, los del mañana”, opina Genie.

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Hasta aquí, cualquier usuario le daría la razón a los representantes de Lucent Technologies y Cisco Systems: en el contexto de la economía digital, una red empresarial que combina servicios de voz, datos y video, proporciona importantes ventajas competitivas. La frase hasta tiene un sonido agradable. Sin embargo, ¿cómo se manifestará este concepto en la vida real de las empresas? Fernández da un ejemplo: “Un usuario consulta la página web de una compañía que vende bicicletas. El individuo observa los diferentes modelos, evalúa características y funciones y –después de pensarlo durante algunos minutos– decide adquirir un producto vía comercio electrónico. Toda la operación de compra es una transacción de datos. Sin embargo, ¿qué pasa si un cliente tiene dudas demasiado profundas en torno a un aparato? En ese caso, la página web podría exhibir un botón con la leyenda: hablar con la operadora. El usuario da un clic ahí y –sin que la conexión se interrumpa– entra en contacto con una persona que responde a todos sus cuestionamientos. La interacción con la operadora podría establecerse vía voz o video. En este último caso, la experiencia de compra del individuo ya no sólo se basa en datos, es una experiencia a través de convergencia; la cual, además, permite ofrecer un mayor nivel de atención al cliente. Asimismo, y remitiéndonos una vez más al ejemplo de la operadora, la computadora deja de ser un dispositivo de datos, se convierte en uno que mezcla datos, voz e incluso video.”

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¿Un mundo sin fronteras?
Para un usuario común, el teléfono Ethernet es la prueba más contundente para demostrar la viabilidad tecnológica de la conectividad convergente. Sin embargo, para una empresa esto sólo representaría un elemento básico de confianza. Es decir: para los sectores productivos, el hecho de que se pueda ser testigo del funcionamiento de una aplicación, no es motivo suficiente como para lanzar las campanas al vuelo.

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¿Por qué? Porque una solución tecnológica –por bien que funcione y aporte valor a las operaciones del negocio– siempre implica la existencia de factores ocultos. Éstos se constituyen por todas las condiciones que la instancia usuaria debe satisfacer u ofrecer para permitir que la aplicación se despliegue correctamente. Para decirlo con otras palabras: que la herramienta funcione no es lo más significativo, lo realmente importante es que la infraestructura –técnica y humana– de una organización permita que la aplicación trabaje sin problemas.

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En el caso de la conectividad convergente, el tema de los factores ocultos es uno de los que más preocupa a los proveedores. Especialmente, por el hecho de que una red universal, al unir dos mundos tecnológicos distintos, podría implicar la existencia de múltiples factores ocultos. Es decir, una aplicación convergente debería operar sobre una plataforma que, para evitar la suma de factores ocultos particulares, satisfaga dos tipos de condiciones: las necesarias para transmitir voz y las que son fundamentales para comunicar datos.

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Hasta el momento, según los entrevistados, la conectividad convergente, en el renglón de los factores ocultos, enfrenta dos retos principales: empatar los tiempos de disponibilidad, así como la complejidad de las operaciones de administración.

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“Las redes de voz son prácticamente autoadministrables. Una vez que se instala un conmutador, es muy difícil que se le tenga que añadir elementos para administrarlo. Por su parte, las redes de datos sí implican cierta complejidad administrativa. En ese sentido, las soluciones de conectividad convergente deben pasar de una administración compleja a una administración cero o a una autoadministración”, comenta Fernández.

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Por otro lado, añade el director general de 3Com, “otro de los elementos a considerar es el tema de la confiabilidad. Hoy en día, las redes de voz son extremadamente confiables: es muy raro que un conmutador falle o que un usuario se quede sin líneas telefónicas. En el caso de los enlaces de datos, la situación es totalmente diferente: es muy común que una red de datos se caiga, a nadie le sorprende que eso ocurra. En ese sentido, la conectividad convergente debe basarse en una infraestructura que nunca falle. Es decir, se debe establecer un grado de confiabilidad, en el que nadie se acostumbre a los errores.”

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Alex Veber, director de Mercados Comerciales Globales de Lucent Technologies, coincide: “Para que el mercado de la conectividad convergente realmente se consolide, los factores de la administración y la confiabilidad son muy importantes. Hoy en día, las diferencias entre ambos campos todavía son muy marcadas. En las redes de telecomunicaciones, los tiempos de falla del sistema (downtime ) son de aproximadamente 30 segundos por año. ¿Qué se podría decir de las redes de datos? ¿Cuándo fue la última vez que alguien levantó el teléfono y no contó con una línea disponible? Recordar un acontecimiento como este, sería sumamente complicado. En cambio, a nadie le costaría trabajo acordarse de la última vez que un mensaje de correo electrónico no pudo ser enviado o recibido”, comenta.

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Aunque las diferencias parecen demasiado importantes, la verdad es que no son tan difíciles de superar. La conectividad convergente no es un concepto terminado. Como se señala en líneas anteriores, la disponibilidad de productos sólo es uno de los múltiples objetivos que deben alcanzar los enlaces convergentes. Para superar las diferencias señaladas por Vever y Fernández, las redes universales deben cubrir el área de las aplicaciones. Es decir, los problemas relacionados con la disponibilidad y la confiabilidad se borrarán, en buena medida, cuando surjan aplicaciones que se adapten a las plataformas de conectividad convergente.

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“El ejemplo de la página web en donde se comercializan bicicletas es una muestra de que el factor de las aplicaciones es crucial. Para implementar una solución como esa, la red no debe ser el único elemento que se base en los principios de la convergencia. Lo mismo debe ocurrir con el navegador, las aplicaciones y, en general, con toda la infraestructura que está involucrada en la transacción”, apunta el directivo de 3Com.

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Carpenter comparte esa opinión: “Para que la convergencia de las redes se consolide plenamente, es necesario que se desarrollen soluciones y aplicaciones de conectividad que estén ‘conscientes’ de la capacidad de la red (sobre la que van a operar). Con esto, se mejora el desempeño global. Sin embargo, la creación de este tipo de herramientas no es una tarea que sólo involucre a los fabricantes de equipo de red. Debe ser un esfuerzo que coordine las labores de compañías del sector de las aplicaciones, los proveedores de servicio de Internet, los consultores, etcétera.”

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Sin embargo, y aunque las instancias contactadas señalan que la consolidación del mercado convergente pasa por un proceso que implica actividades coordinadas, la realidad es que las compañías del sector están lanzando señales muy distintas al mercado.

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En su afán por ofrecer esa solución convergente completa –administrable, respaldada por aplicaciones y de alta disponibilidad–, las empresas que desarrollan tecnología de conectividad han tomado acciones que, más que hablar de un ambiente de colaboración, definen un escenario de competencia directa. Los proveedores del nicho se han lanzado en una carrera por obtener –al precio que sea y a través de alianzas o adquisiciones– todos los elementos que complementen su oferta específica: las compañías del ámbito de la voz están en busca de empresas especializadas en datos y viceversa.

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¿Qué sector –voz o datos–obtendrá la victoria final? La respuesta no es fácil de obtener. Sobre todo, si se considera que cada proveedor tiene argumentos para asegurar su ventaja. “La convergencia es la unión de medios a través de redes de datos. La voz y el video se montan sobre esta estructura de conectividad. Los datos son la plataforma, eso es importante mencionarlo”, señala Fernández.

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No obstante, y después de reiterar las diferencias en términos de disponibilidad y administración, Idsa Genie, de Lucent Technologies, señala: “La gran diferencia radica en el hecho de que los proveedores de voz, como nosotros, estamos acostumbrados a trabajar y dar mantenimiento a redes públicas, es decir, redes enormes. Eso no es algo que se le facilite a las compañías de datos. Y si se considera que en el centro de la economía digital estará una gran estructura de comunicación, pues la ventaja es todavía más amplia.”

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