Cuba mexicaniza su economía

Tan lejos de Estados Unidos, y tan cerca de México, podrían decir los cubanos. La isla presenta in
Lucía Rangel Flores

Cuando hace tres años —al conmemorarse el 40 aniversario del asalto al cuartel Moncada— se anunció la apertura económica cubana, Fidel Castro advertía: “No podemos cometer los mismos errores que se cometieron en la URSS”. Pero no previó que en cambio podían cometerse los mismos que en el México de hace seis años: indicadores macroeconómicos que pueden ser la envidia de Latinoamérica, pero cuyos beneficios no llegan a los bolsillos de los ciudadanos.

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Desde que el lenguaje oficial de La Habana cambió conceptos como el de “monstruo capitalista” por el de “amigo inversionista”, dichos en boca del propio comandante, la isla comenzó a recibir capitales extranjeros y su economía, centralizada y basada en un solo producto, inició el proceso de apertura y de diversificación.

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Hoy, Cuba muestra señales de un avance vertiginoso: el crecimiento del Producto Interno Bruto en el primer semestre de 1996 fue de 9.5% y al término del año habrá sido de cuando menos 5%.

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Este desarrollo se produce a pesar de la ausencia casi total de financiamiento externo directo, del persistente bloqueo comercial estadounidense y, más recientemente, de las amenazas de la Ley Helms-Burton a empresas extranjeras que tienen intereses comerciales en la isla.

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Por el contrario, la llegada de inversión foránea, el aumento en la productividad y en el turismo, han hecho que el peso cubano se revalúe a niveles envidiables para otros países latinoamericanos con una economía igualmente dolarizada: de $150 pesos por dólar que se pagaban en el mercado negro hace unos dos años, la meta para 96 es que la divisa estadounidense cueste sólo $15, después del fortalecimiento de la moneda cubana.

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Después de la tempestad...
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1996 será el año de mayor crecimiento desde 1990, cuando el bloqueo estadounidense y la caída del socialismo en la Europa oriental significaron una franca crisis para la economía cubana. Entre 1990 y 1993, cuando se inició el Periodo Especial —el racionamiento económico provocado por el bloqueo—, el Producto Interno Bruto decreció 34.8%. Para 1994, había logrado recuperarse hasta alcanzar un incremento de 0.7% y en 1995 el avance fue de 2.5%.

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La recuperación del crecimiento del PIB que se pretende lograr este año involucra a todos los sectores productivos, incluyendo el industrial, donde a pesar de existir una infraestructura obsoleta, se ha tenido que recurrir a la imaginación para hacer más con menos.

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La producción azucarera —base económica de la isla— decreció desde el inicio del Periodo especial en casi 50%. La esperada para este año, de 4,500 toneladas de azúcar, casi se alcanzará y se llegará a un nivel de 4,445 toneladas —ya vendidas, básicamente a sus principales socios, las naciones ex -soviéticas—, lo cual representa una recuperación de 33.6% con respecto al año anterior. El rendimiento industrial en la producción de azúcar aumentó este año de 9.91 a 10.73 toneladas por cada 100 toneladas de caña.

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El turismo, segunda actividad de importancia, ha registrado un -boom, en cuyas ganancias participan el gobierno cubano y “los amigos inversionistas” que con su capital planean expandir la actividad al crear nuevos polos de desarrollo —como Cayo Largo y Trinidad—, y proyectar la construcción de nuevos aeropuertos.

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Durante el primer semestre de 1996, este boom se expresó en un crecimiento de 46% en el ingreso de turistas con respecto al mismo periodo de 1995. Los cálculos conservadores del propio gobierno indican que al terminar el año habrán llegado a Cuba más de 900,000 turistas, cifra 22% mayor que la de 1995. El Sistema Gubernamental de Turismo —organismo dedicado a captar las divisas de los visitantes y entregarlas al gobierno— proyecta que a fines de 1996, el aporte directo será 50% superior al del año pasado. En términos generales, se recibirán más de $1,000 millones de dólares por este concepto.

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De acuerdo con los datos oficiales, la estancia de cada turista en la isla es de siete días y el dinero que deja ha subido de $80 a $87 dólares por día, en tan sólo un año. Esto ha permitido que el programa de inversiones en el sector aumentara 40% y que se hagan planes para llegar al año 2000 con una oferta de 50,000 habitaciones disponibles. Actualmente sólo hay 24,000.

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Otros datos respecto a la bonanza económica de Cuba después de su apertura son los siguientes: la producción de níquel tuvo un crecimiento de 31% (27,000 toneladas en el primer semestre); la producción de cemento creció 23%; la de acero 19%; la extracción de petróleo 3% y su refinación 43%.

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La otra cara de la moneda
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Sin embargo, los buenos indicadores macro­eco­nó­micos conllevan un costo elevado: el sacrificio de la población, que ha tenido que soportar la escasez de servicios y productos de primera necesidad, racionamiento de alimentos y bajos salarios.

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Además, existe un costo intangible pero no menos importante: en términos generales, la gente se encuentra desconcertada respecto de su identidad ideológica. No es socialista ni capitalista y gravita entre la llegada constante de capitales extranjeros y los mensajes de los medios oficiales que siguen criticando el “torbellino neoliberal, globalista, uni­polar que ha impuesto la moda de la exaltación extrema del mercado”.

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Y, volviendo a lo que vive a diario, mientras la productividad, medida en todos los ámbitos de la economía, ha crecido 8%, los salarios medios sólo lo han hecho en 2.5%. Así, los cubanos tienen que contar con dos o más empleos para hacer frente a los nuevos gastos que han surgido en un país, ahora, de economía abierta. Incluso la economía informal —fundamentalmente los vendedores ambulantes— se ha hecho presente en el paisaje caribeño.

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Otros factores que hablan de la estrechez del mercado interno son, por ejemplo, la caída en los niveles de liquidez. En junio de 1996, el circulante —dinero en cuentas de ahorro y en manos de la población— era de $9,000 millones de pesos cubanos, cantidad inferior en 24% a la de hace dos años.

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Asimismo, el ahorro interno ha comenzado a mermar: antes las cuentas de ahorro en el Banco Popular podían abrirse con $5 ó $10 pesos; ahora se necesitan a lo menos $50 pesos y cada depósito debe ser de $20 pesos como mínimo, lo que, según los usuarios, “hace prohibitivo el ahorro para las personas de bajos ingresos”. Actualmente, el salario promedio es de $250 pesos al mes.

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Igual como sucedía hace apenas unos años en la mayor parte de los países latinoamericanos, en Cuba los precios de los productos de importación han subido 13% en promedio, mientras que los de las exportaciones se han reducido en 7% en el último año.

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A diferencia de hace sólo dos años, los cubanos ahora tienen acceso a las tiendas para turistas y a las “diplotiendas” —expendios de mercancía importada, anteriormente sólo para uso de diplomáticos—, pero necesitan dólares. En 1993, sólo 10% de la población tenía acceso a las divisas, ahora la proporción ha subido a 40%.

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Café, tabaco y ron
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Quizá el ámbito más dañado de la economía cubana es la agricultura: si bien se ha aumentado la producción de “viandas” —vegetales y legumbres— en 23%, todavía persiste una incapacidad para lograr la autosufi­ciencia alimentaria. Esto se debe en gran parte a que, al igual que en México, los campesinos han abandonado las áreas rurales, deslumbrados por la ciudad, al mismo tiempo que se presentan grandes plagas que no se pueden combatir si no se cuenta con dólares para comprar las sustancias químicas adecuadas.

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El café, uno de los más importantes y tradicionales productos agrícolas de la isla, tendrá este año una de sus peores cosechas en toda la historia, por lo que ha comenzado a escasear y se vende a $10 pesos el kilo, mientras que hace unos años sólo costaba 10 centavos.

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Por el contrario, el tabaco para exportación alcanzó una producción de 700,000 quintales, cantidad superior en 30% a la del año pasado, cuando se llegó a 550,000 -quintales. En términos de divisas, éstas crecieron 4.5 veces con relación a 1995. La producción de cítricos —también para su venta al exterior— aumentó 10% y el país se prepara para firmar convenios con capitales extranjeros con el fin de procesarlos y venderlos con mayor valor agregado.

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La Reforma Agraria, uno de los pilares de la Revolución, ha debido enfrentar un cambio para adecuar sus sistemas de producción. Hoy día 43% de la tierra en Cuba está en manos de las Cooperativas de Producción, las cuales actúan casi en forma privada.

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Así, el paisaje agrario de la isla tiende a desaparecer. Los campesinos, sustento del movimiento revolucionario, están viejos y cansados. Sus hijos abandonaron las tierras para asistir a la Universidad y ahora, como muchos profesionistas, están -subempleados o desempleados. Se calcula que 50% de los habitantes de La Habana proviene del campo.

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Por ello, hay más tierras ociosas que en producción. No existe suficiente fuerza de trabajo para enfrentar la tarea de hacer producir la tierra y apenas algunos planes para repoblar el campo, pero a largo plazo.

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Con estos problemas del sector, a los que se suma el bloqueo estadounidense, se agravó la crisis alimentaria. Por ello, Fidel tuvo que acceder a que se abrieran las cooperativas campesinas y los mercados libres campesinos, que producen alimentos para el libre comercio interno, pero que se distribuyen inequitativamente.

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Los vicios del neoliberalismo
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La escasez de alimentos y productos de primera necesidad es tal que el propio gobierno ha tenido que reducir su distribución por medio de las cartillas. Cada cubano sólo recibe cinco libras de arroz, seis libras de azúcar, algunas onzas de café, huevo, alguno que otro producto cárnico, dos botellas de ron y cigarrillos. La ropa y el calzado definitivamente desaparecieron del mercado subvencionado.

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Paralelamente han aparecido nuevos vicios, como el acaparamiento y el “saqueo hormiga”. En breve, el gobierno cubano y la Asamblea legislarán sobre la materia.

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Muchos de estos vicios eran previstos por el propio Castro. Al hablar del turismo, por ejemplo, señalaba: “Hemos tenido que hacer cosas que no hacíamos en la época de la pureza virginal de la Revolución. Hemos tenido que hacer concesiones. Estos cambios fueron inevitables y tenemos que hacer algunos más, que promueven el individualismo y el egoísmo, elevan el valor del dinero en la sociedad y producen efectos -enajenantes”.

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En cuanto al saqueo, se presenta en dos modalidades: el que se hace de las bodegas gubernamentales —productos que luego se venden en el mercado libre a precios altísimos—, y el que se realiza en negocios privados, como hoteles y oficinas, mediante el cual los trabajadores complementan sus salarios sustrayendo pequeñas cantidades de jabón, aceite vegetal, conservas o leche, para después venderlos en el mercado libre a precios más bajos.

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Todo esto, mientras el desempleo crece: según el gobierno, el 10% de la población se encuentra sin trabajo. Según la oposición, el desempleo y el subempleo son padecidos por 50% de los cubanos en edad de trabajar. La crisis en este ámbito es atribuida en parte al bloqueo estadounidense, que ha costado, según cifras oficiales, alrededor de $40,000 millones de dólares al pueblo cubano.

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Aun así, los datos macroeconómicos son tan positivos que no falta quien piense que Carlos Salinas de Gortari es el principal asesor económico de Fidel Castro. Sin embargo, como ocurrió en el sexenio del ex mandatario mexicano, las luces de una economía abierta en Cuba aún están lejos de alumbrar al grueso de su población.

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