Cuestión de días

Mucho se ha comentado sobre las consecuencias que traerá el arribo del año 2000 en las fechas de m
Eduardo Huerta

Al despertar aquella mañana del primer día del año 2000 Alfonso no se levantó con su acostumbrada taza de café, pues la cafetera falló. Pero eso no fue nada comparado con el hecho de que, al querer retirar dinero de su cuenta de inversiones, el banco le informó que sus ahorros no rindieron ganancias y, por el contrario, Alfonso debía intereses. Las cuentas por pagar y por cobrar en su empresa simplemente no existían, y según su computadora no contaba con inventario. En el colmo del absurdo, este hombre ni siquiera pudo pagar el desayuno con su tarjeta de crédito.

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Toda esta situación, que puede sonar a exageración, podría ser una triste realidad en un futuro ya muy cercano.

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A las primeras computadoras personales, con una capacidad limitada de 63 bytes, le fueron eliminados de su -software dos dígitos para fechar el año, con el fin de ahorrar espacio y dinero. Esto no generó ningún problema mientras el año 2000 se encontraba todavía remoto. Pero, en tanto se acerca el fin del milenio, ese ahorro se revierte en contra de todo aquel aparato con un microcircuito o chip que registre fechas, debido a que de seguro provocará errores de cálculo muy graves en las ampliaciones informáticas.

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Aunque el impacto completo de este hecho es impredecible, podría afectar desde videocaseteras, cafeteras o computadoras personales hasta bancos, casas de bolsa, restaurantes, fábricas, escuelas, hospitales, gobierno y toda empresa que utilice computadoras.

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Lejos de ser una idea apocalíptica o amarillista, este “pequeño” detalle de las fechas ha puesto a trabajar a un sinfín de empresas alrededor del mundo, y a invertir millones de dólares en la actualización de su -software con una meta común, muy simple: continuar en los negocios.

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Según Gartner Group, firma investigadora del mercado informático, 90% de las aplicaciones de las empresas fallarán el 1o de enero del 2000. Para evitarlo, en todo el mundo se invertirán, según el grupo estadounidense, $600,000 millones de dólares en la reconversión.

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“Si no se cambian los sistemas de cómputo, la afectación en todos los ámbitos podría ser dramática”, afirma Aurelio Lobatón Chapman, vicepresidente de Consultoría para México y América Latina de Oracle, empresa desarrolladora de soluciones informáticas. “Califíquenme de exagerado, catastrófico o ridículo ante el ‘tonto’ problema del año 2000, pero lo veremos en todas partes”, coincide Peter de Jager, consultor internacional y, para muchos, gurú en este tema.

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AFRONTAR EL PROBLEMA
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Para no caer en el hipotético caso de Alfonso citado al principio del reportaje, lo primero es reconocer que el año 2000 representa un nudo ciego y requiere un proyecto de corrección que no involucra sólo al aspecto informático, sino al negocio en su conjunto.

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“La capacidad o incapacidad de realizar adecuadamente tan enorme esfuerzo constituirá la diferencia entre la supervivencia o el fracaso de una empresa”, asegura Alberto Curi, socio de Coopers & Lybrand Consultores. Aunque esto, dice el experto, no es el fin del mundo, los que se anticipen a la entrada del año 2000 estarán mejor posicionados contra su competencia.

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Curi plantea que la dirección de las empresas requiere rápidas respuestas a las siguientes preguntas: ¿cuánto costará la conversión, cuánto tiempo durará este proceso, cuántas personas se requieren para hacerlo y qué herramientas serán necesarias para el cambio?

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Para José Luis Olmedo Talavera, gerente de Servicios de Información de Unisys, lo primero que hace falta es dimensionar el problema. “Descubrir qué programas (software) realizan sus funciones con fechas, cuántos son y, después de ello, evaluar el impacto que tienen en la organización.”

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Olmedo asegura que el porcentaje de escépticos ante este problema es muy alto, incluso en compañías con altos volúmenes de transacciones, algunos clientes de Unisys entre ellos. Con empresas que tienen una gran cantidad de equipos de cómputo –dice–, la complejidad se multiplica por el monto que implican los cambios.

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“La empresa que no ataque este problema simplemente desaparecerá del sector financiero”, sentencia por su parte Luis Alonso Coria, director de Planeación y Arquitectura Tecnológica de Bancomer.

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Según los datos de Grupo Gartner, una de cada cinco empresas en el mundo estará buscando alguna solución apenas a finales de 1997, es decir, tardísimo. Y, como para aumentar el dramatismo, la firma estadounidense asegura que 50% de las compañías en el orbe no habrán completado sus proyectos para el 31 de diciembre de 1999, y todo porque la dirección de las empresas cree que esto es únicamente un problema del área de informática, y no de la estrategia de negocios.

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Enrique Páez, consultor del Año 2000 de Deloitte & Touche Consulting, respalda lo dicho. “Hemos visto que 76% de los empresarios siente que el problema será grande, pero sólo 8% de las organizaciones tiene un análisis detallado del -costo y del impacto de la llegada del milenio en sus empresas.”

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Este experto no encuentra que la complicación radique en los aspectos tecnológicos, sino que abarca una muy elaborada problemática de logística y de administración del proyecto, algo que muchos directivos no comprenden todavía.

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De Jager coincide con él y aclara que los “jefes” no perciben aún la magnitud del escollo debido a la desinformación tanto de los responsables de informática como de los medios masivos de información. Acusa que, por ejemplo, “elFinancial Times asegura que se está magnificando la llegada del año 2000, porque las compañías desarrolladoras de tecnología de la información desean aprovecharse de ello”.

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La prensa anuncia que existe paquetería que resuelve el atolladero. Pero –continúa De Jager– los medios no advierten que tales soluciones son universales, mientras que las compañías requerirán de una solución particular.

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La responsabilidad de la gente de informática de la empresa, aclara, es presentar a la dirección general el panorama en menos de 20 minutos. Si son rechazados o no escuchados, lo mejor es presentar la renuncia inmediata, aconseja.

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“No quiero ser parte de una compañía que ‘truene’ por esta causa, o que llegue a otra empresa cliente y se sepa que no hice nada para acabar con el problema del año 2000”, advierte el consultor. “¿O es lógico creer que firmas de la talla de AT&T y British Telecom inviertan más de $500 millones de dólares en actualizar sus sistemas de informática engañados por alguien como yo?”, ironiza De Jager.

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En efecto, algunos entes internacionales que ya invierten en actualizar sus programas son la misma British Telecom (casi $500 millones de dólares); Shell Oil ($75 millones ); National Bank ($100 millones); Prudential Insurance ($60 millones); Bank of Boston ($30 millones), y el gobierno federal de Estados Unidos ($3.3 billones de dólares).

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Enrique Páez, de Deloitte & Touche, remata: “La llegada del año 2000 es un problema serio que pone en juego la viabilidad del negocio”.

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INVERSIÓN INTANGIBLE
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Para muchas empresas, revisar sus programas y corregir las fechas constituirá el mayor proyecto económico y de logística jamás realizado en toda su existencia. ¿Qué cara puede poner un director general cuando se le informa que tiene que invertir $20 millones de dólares... sin recibir nada a cambio?

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De Jager contesta: “Tal vez piense que no gana nada, pero sí tendrá la oportunidad de continuar haciendo negocios el próximo siglo; y si no invierte, su compañía no estará ahí para contarlo”.

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Pero tampoco las pequeñas empresas están libres de riesgo. En su medida, tendrán que invertir para continuar como proveedores en la cadena productiva.

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Al respecto, Luis Alonso Coria, también coordinador del Comité de Sistemas de la Asociación de Banqueros de México (ABM), indica que Bancomer ya comenzó a trabajar con todos sus proveedores. Estos tienen que cambiar, entre otras cosas, su manera de hacer los cheques o sus fichas de depósito. “No queremos llegar al 2000 y empezar a tirar las formas. El problema más grande del cambio de siglo es la interacción de las partes, no las partes en sí mismas”, indica el ejecutivo.

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Pero el meollo del asunto ni siquiera es la paquetería que se tenga que comprar, o si se deba contratar un consultor, o si la inversión es más o menos cuantiosa.

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El factor tiempo es el principal enemigo de las empresas que no han comenzado el análisis de su problemática. En 95% de los casos el tiempo está encima y quedan menos de 1,000 días para el 1º de enero del año 2000, recuerda Páez, de Deloitte.

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La mano de obra, materia prima del cambio, es otro elemento que se suma a los retos que hay que resolver. Según los grandes proveedores de -software, con sus herramientas se podrá arreglar 80% de los problemas del 2000. Pero 20% del trabajo restante –que representa 80% de la inversión– sí requerirá de trabajo manual.

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Los que desarrollaron un programa antiguo ya se retiraron o trabajan en otra empresa, y para fines prácticos ya no están disponibles. Es decir, alrededor de 40% de los programadores que se requieren no existen, explica Olmedo, de Unisys. “Dicen por ahí que los programadores en -Cobol (lenguaje básico) se harán millonarios”, bromea el consultor Curi.

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MANO DE OBRA SUPERVALUADA
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Todos los entrevistados coinciden en un punto: hay que entender el embrollo y empezar a trabajar en él.

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Ya sean consultores, desarrolladores de software o clientes, todos le temen al “pirateo” de expertos. Y todo es cuestión de oferta y demanda. Mientras más cerca esté el 2000, más escasa será la mano de obra calificada y el trabajo (y el costo) también será mayor. De hecho, en el sector financiero la gente ha comenzado a emigrar a Estados Unidos, informa Coria.

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La preocupación, dice el representante de Bancomer, está justificada, y ya buscan cómo sortear la escasez de la mano de obra. “Pero si un banco de fuera paga o doble de lo de aquí, la gente se va a ir”. De Jager -afirma incluso que los sueldos para los expertos habrán de incrementarse 50% por semestre.

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Pero también los empresarios se quejan de los precios de las firmas de consultoría. Los asesores, se dice, crean una burbuja inflacionaria para llegar con propuestas exageradas. Lo aconsejable es tener cuidado al contratar al consultor, revisar bien el binomio costo-beneficio. Páez, de Deloitte & Touche, reconoce que mercenarios de la computación se aprovechan de la situación. Y dadas las circunstancias no se avizora la manera de evitarlo.

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Pero hay otras situaciones: muchas empresas no tienen la cultura empresarial para contratar a los consultores, y a veces el éxito del consultor depende del consultado.

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Algunos empresarios piensan que los servicios son onerosos, porque no toman en cuenta la serie de que existen costos de educación, tecnología e infraestructura detrás en la consultoría que hay. “Tienden a comparar el valor en nómina del consultor –dice Páez–; por eso el consultor debe ser tan hábil para poner el huevo abajo de la gallina, hacer sentir a ésta que lo puso, que puede cacarear y poner muchos más”, concluye.

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La recomendación general de los entrevistados es una: estar conscientes de la magnitud del problema en la empresa y comenzar a trabajar sobre él de inmediato. Ya casi no hay tiempo.

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