Daño colateral

Antes fueron las páginas de sitios porno, los macros de Word y los archivos adjuntos (infectados) e
Enrique Torres /

Todos amamos nuestras computadoras, sean PC o Mac. Son la extensión pública y privada de nuestras vidas reales en el mundo cibernético. Y quizá ninguna aplicación sea hoy tan popular como los mensajeros instantáneos, llámese Messenger, Yahoo!, ICQ, AIM, Jabber o iChat. Los mensajeros son el equivalente virtual del diálogo entre amigos, asociados o clientes de negocio. Y cada día, este tipo de programas cobra mayor importancia en el terreno de los negocios.

- Los programas de mensajes instantáneos son una verdadera maravilla moderna: no sólo transmiten texto, también imágenes y video (casi) en tiempo real –depende de si lo permite el ancho de banda de nuestro enlace–. Nos permiten verificar al instante el envío de paquetes, correos y coordinar a distancia nuestras acciones. Son lo más cercano a una conversación telefónica y su costo es mínimo. Así, no es de extrañar que los últimos ataques serios en internet se hayan enfocado a deshabilitar este tipo de servicios, especialmente el que ofrece el villano favorito de todos: Microsoft.

- Cuando uso la PC y uno de mis contactos me manda una liga como ésta: http://members.chello.nl/g.geurts1/handcuffs.pif, desenfundo mi pistola y lo acribillo con reclamos. Uno de ellos tuvo el descaro de responder: “Sorry… Collateral damage”. Y es que los ingenuos que hacen clic en este tipo de ligas, instalarán una pequeña aplicación –como la del virus del infame pollo en bikini– que replica el envío del mensaje a todos sus contactos, y ellos a otros, y así ad infinitud. El objetivo de tan infantil programa es saturar los servidores del mensajero e inutilizar el servicio, para que su autor gane notoriedad mundial mientras las cámaras de TV lo enfocan al momento de ser arrestado y encarcelado (sus 15 minutos de fama espuria). Ojo: los usuarios de sistemas Macintosh, debido a la baja penetración de esta plataforma, casi siempre están más a salvo de estas amenazas.

- Pero este terrorista cibernético –un adolescente gris e ‘incomprendido’, sin vida social y sin dinero propio, pero con una familia bien disfuncional– tiene cómplices en todo el mundo. O mejor dicho, a fin de cuentas tiene un solo cómplice: el analfabetismo informático. Igual que sucede con los autos o los teléfonos, los sistemas operativos y las aplicaciones son tan sencillos e intuitivos que cualquiera los usa… pero muy pocos saben repararlos o diagnosticar sus males. Como pasa con los autos, que cuando dejan de andar inspiran sorpresa y rabia en su dueño –quien por cierto nunca supo que, además de gasolina, el motor también necesitaba aceite–, una PC infectada provoca el berrinche del analfabeta informático y de todos los incautos que son sus amigos y que viven sus cibernéticas vidas sin un programa antivirus y antispyware. Será por tacañería, por irresponsabilidad o por candor; el resultado es el mismo. Así como en una ciudad extraña tenemos más cuidado para cruzar la calle, así como en una casa ajena andamos de puntitas… así, en cada sesión de internet, hay que extremar precauciones, preguntar antes de abrir, darse la pausa antes de avanzar.

- Cierto: los fabricantes de equipo y proveedores de servicios a escala nacional tienen su parte de culpa. No sólo no ofrecen de manera gratuita sistemas antispyware y antispam, tampoco escanean de fijo los correos en busca de los mismos virus que, después, van a saturar sus servidores y les harán perder dinero y clientes.

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- Quizá cuando lleguen los virus de celulares o los de Red –que ya están a la vuelta de la esquina, sólo es cuestión de tiempo– cobrarán conciencia... pero porque así les conviene a sus intereses. Por ahora, un servidor se la pasa de reclamo en reclamo, y de sorpresa en sorpresa. Ya era, para muchos de mis amigos y conocidos, todo un Mr. Scrooge de la informática. Ahora, no soportan que les mande ni un mensaje instantáneo; por mí mejor, después de todo, me han dado la excusa perfecta.

- Periodista especializado en temas de tecnologías de información. Para cualquier pregunta, sugerencia, crítica o reclamo puede dirigirse a la dirección electrónica: apuertas@expansion.com.mx

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