Días sin trabajo

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En fechas recientes, organismos como la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) se han sumado a las voces preocupadas por las estrategias seguidas para aliviar la actual problemática del país. El organismo empresarial pidió que el programa económico del gobierno ataque el problema del desempleo, más allá de atender los problemas financieros y monetarios, sobre todo cuando se observa un crecimiento acelerado de la tasa de desocupación. En ponencia presentada por Carlos Abascal Carranza, dirigente de la Coparmex, éste apremió a las autoridades a garantizar la sobrevivencia de las empresas, pues representan el mejor medio para generar empleo productivo permanente.

- En efecto, esa debe ser una preocupación mayúscula si se atiende a que uno de los peores efectos de la actual crisis económica ha sido el cierre de empresas y en consecuencia la eliminación de puestos de trabajo. Si bien existen compromisos de carácter financiero con los inversionistas externos e internos que le "apostaron" al país ‑a quienes las autoridades financieras deben atender y cumplir-, es importante satisfacer a los propios mexicanos en renglones como el empleo. No hay que perder de vista signos como el creciente número de vendedores ambulantes que inundan las calles por todo el país o el alarmante incremento en los índices de delincuencia, así como el aumento en el número de suicidios.

- No hay vuelta de hoja: el tejido social está lesionado y una explicación de lo que pasa tiene su origen en la inestabilidad laboral. El del empleo es uno de los mayores desafíos del gobierno.

- Un hecho innegable es que el sindicalismo oficial esté seriamente debilitado, acaso herido de muerte. Sintomático de ello fue la discreta celebración del 12 de mayo cuando el Congreso del Trabajo se reunió a puerta cerrada con el presidente Ernesto Zedillo, en la ciudad de México, mientras millares de personas tomaban las calles y se manifestaban contra la política económica del gobierno. No hay que ser demasiado perspicaz para advertir en ello señales de alerta que deben ser atendidas cuanto antes por el gobierno y el sector privado.

- Si se suspendió el desfile "oficial" del Día del Trabajo fue porque se temía que las bases rebasaran a sus dirigencias y pudieran expresar su ira incontenible ante el mismo presidente de la república en un desfile que tradicionalmente obedecía a un rito de agradecimiento hacia la figura presidencial que a una auténtica demostración obrera.

- Se ha afirmado, y no desde la oposición, que el Estado "debe crear las condiciones que permitan reducir costos existentes para la creación de empleo" y que debe premiarse "a la inversión directa que genere empleos, riqueza y mayor bienestar social". Los anteriores son palabras nada menos que del actual secretario de Trabajo y Previsión Social.

- Ahora que en México se están recomponiendo y replanteando muchas cosas, una de las tantas tareas por hacer será la de establecer alianzas entre los sectores productivos y el gobierno a fin de crear puestos de trabajo. Es preferible ver a la gente con trabajo, consumiendo y viviendo en paz que por las calles desbordada por protestas sin fin.

- Los Editores

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