David Peñaloza Sandoval

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Jaime Santiago

Cuando diversas voces de la opinión pública comentan sobre los grandes negocios del sexenio salinista y el enriquecimiento vertiginoso de unos cuantos, acaso empresas como ICA y Cemex pueden evadir las pedradas. No es el caso de Triturados Basálticos, SA (Tribasa), ni de su presidente, David Peñaloza Sandoval.

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Para desgracia de ambos, una enciclopedia de la historia mexicana podría incluir su foto para ilustrar el periodo presidencial del hoy habitante de Dublín, Irlanda. Como pocas, Tribasa floreció entre 1988 y 1994, disputando los grandes contratos de infraestructura —y a menudo ganándolos— con empresas quincuagenarias, como Bufete Industrial y la propia ICA. ¿De dónde le salió saliva para mascar tanto pinole?

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Primero la versión histórica: el feo nombre de esta empresa le viene de cuando efectivamente, allá por 1969, un señor Abdom Alanís Ramírez la fundó para explotar un yacimiento de materiales que poseía en Los Reyes La Paz, estado de México (la última estación del metro ligero al oriente de la capital, para más razón).

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De proveedor para la construcción (dicen que muchas obras en Ciudad Nezahualcóyotl y el propio Metro usaron su materia prima), el consorcio pasó en 1974 a construir su primera carretera. Así le pasaron los años, como contratista de obra pública en pequeño, hasta que en los 80 tuvo su primera crisis financiera. Igual que muchas, Tribasa tuvo que entrar al Ficorca para pagar su deuda de $30 millones de dólares. En aquel entonces ya tenían las riendas la hija de don Abdom, Adriana, y su esposo, David Peñaloza, heredero de la fábrica de chocolates Turín.

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Pasado ese primer trance, ellos renovaron financieramente al consorcio y lo dejaron listo para competir con los grandes, justo en el momento en que la administración de Salinas estaba estrenando su modelo de concesión carretera: los participantes cobrarían peaje durante 10 ó 15 años, para así construir los 5,000 kilómetros propuestos para el sexenio. Tribasa le entró con ganas y arriesgó mucho; eso explica su crecimiento, dirían algunos.

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Pero, lástima, siempre está el otro lado. Para empezar, muchos miran con suspicacia la amistad y cercanía de los Peñaloza con la familia Hank (¿le dice algo al lector el apellido?). Se supone que Carlos Hank Jr. tuvo alguna participación en Tribasa, y es público que don David es socio del Grupo Financiero Interacciones. Y como siempre se ha rumorado de los Hank, su enorme fortuna y la obra pública, pues...

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Ya más recientemente, a Peñaloza se le ha querido identificar como uno de los amigos de Raúl Salinas de Gortari, “Mister ten percent” o el “hermano incómodo”. Incluso tuvo que desmentir enfáticamente en la prensa la versión de que había participado con $15 millones de dólares en aquel famoso fideicomiso de “los cuates”.

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Y hay historias más viejas: en 1993 empezó a ventilarse un pleito legal entre Peñaloza y su tía, Clementina Peñaloza Santillán, en la que ésta lo acusó de pretender quitarle su parte en la chocolatera, y de haber contratado nada menos que a Javier Coello Trejo para meterla a la cárcel. No se conoció el desenlace de aquel problema, pero una vez más a don David le achacaron amistades de esas que no convienen, como dicen las abuelitas.

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Claro que hoy mismo en Tribasa se podría alegar que, con amigos como los Salinas, quién necesita enemigos. La empresa quedó más golpeada que Julio César Chávez al hacerse evidente el fracaso carretero, y la crisis de diciembre de 1994 le elevó las deudas en dólares al cielo.

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En su lento proceso de recuperación, debieron cederse algunas concesiones carreteras a los deudores y efectuarse algunas operaciones de deuda por capital. Hoy la propia política de la empresa es entrarle lo menos posible a las carreteras y, en cambio, invertir en ferrocarriles, puertos y obras en el extranjero: la nueva veta de oro sexenal.

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Sin embargo, a Peñaloza no le va tan mal: además de Interacciones, participa en Serfin y Atlántico. Aunque sus acciones siguen en el sótano, la propia Tribasa sigue obteniendo contratos enormes, como el del tren ligero de la ciudad de México (si es que ahora sí camina). Tal vez dentro de uno o dos sexenios la empresa le demostrará a los malpensados que puede caminar solita y Peñaloza será más recordado por su afición a los trajes -Giorgio Armani que por su presencia en los convivios de algunos políticos.

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