De burbujas financieras

Algunas veces, la ‘racionalidad’ de los mercados financieros falla y las expectativas se despegan
Adina Chelminsky

Al parecer el inversionista es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra; mejor dicho, con la misma burbuja. A lo largo de la historia, y más frecuentemente en este mundo globalizado e hiper-conectado, las fiebres especulativas han marcado la historia de los mercados financieros, desde la locura del Tulipán en Holanda en el siglo XVII  hasta la crisis hipotecaria en el XXI.

- Aun cuando cada una de ellas parece diferente, en esencia todas se forman, y revientan, de la misma manera. Así es que antes de preguntarnos si la próxima gran burbuja financiera es el oro, los bonos del tesoro o los commodities (o una nueva fiebre de internet desatada por la eventual colocación inicial de Facebook), sería bueno saber qué son las burbujas especulativas, por qué se forman  y cómo se pueden evitar.

- Los mercados financieros existen, básicamente, porque cada ser humano interpreta la misma realidad de diferente manera. El que una persona considere que cierta acción a 10 pesos está sobrevaluada, mientras que otra opine que esa misma acción a ese mismo precio sea una ganga, permite que entre ellos se realice una operación de compra-venta. Generalmente, a pesar de que cada quien ve las cosas con otra perspectiva, la mayor parte de las opiniones se apegan a cierta racionalidad.

- Algunas veces, esta racionalidad falla y las expectativas de la gente se despegan de los fundamentos tangibles. Si el optimismo apresa a pocos participantes lo que se genera es un alza de precios que eventualmente el mercado corrige. Pero hay instancias en donde la racionalidad no falla, sino que se pierde por completo. La entrada masiva de nuevos participantes, muchos de ellos novatos, crea una euforia que anula las leyes de la oferta y la demanda. El aumento de precio genera, en vez de una reducción, un aumento en la demanda que, a su vez, genera un incremento de precio… que genera un aumento en la demanda… Mientras  todos los participantes estén ‘jugando el mismo juego’ (o hayan tomado del mismo kool-aid), el aumento en el precio y la demanda no cesa.

- Inevitablemente, un evento con punta de alfiler, una señal, rumores de malversaciones o de fraudes o simple prudencia generan una reacción y las leyes del mercado nuevamente fallan: la caída en el precio no genera que disminuya la oferta. Al contrario, todo mundo se quiere deshacer del  ‘ángel caído’ y ya no hay quien lo quiera comprar a ningún precio. Tal y como la manía llevó al precio a máximos, el pánico lo lleva a mínimos.

- Para realmente entender por qué se  forman las burbujas es más útil la psicología que la economía. Aquélla nos recuerda una verdad fundamental y muchas veces olvidada: los mercados financieros no están formados por números, sino por personas, y a pesar que los seres humanos somos, o creemos ser, racionales en lo individual, cuando nos agrupamos en masa perdemos la cordura. El simple hecho de percibir que el vecino se hace rico es un incentivo enorme para cometer las peores tonterías.

- Ningún mecanismo de supervisión o regulación evitará la formación de burbujas especulativas; la existencia de prestamistas de última instancia y participantes too big to fail incentiva su aparición. Por lo tanto es responsabilidad de cada inversionista protegerse a sí mismo ¿Cómo? La lección no está en aprender del pasado, como bien decía Milton Friedman: “lo único que podemos aprender de la historia es que nunca aprendemos nada de ella”, sino en utilizar el sentido común a la hora de invertir, entendiendo que siempre (con mayúsculas) existe una relación directa entre el riesgo y el rendimiento y recordar, al comprar cada producto o instrumento que promete grandes rendimientos, que las cuatro palabras más peligrosas en el lenguaje de las inversiones son: “Esta vez será diferente”.

- Adina Chelminsky es especialista en finanzas e inversiones personales.
Su Twitter: @CayMILL consultas: elexperto@expansion.com.mx

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