De corto alcance

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La última ampliación del “corto” por $30,000 millones de pesos –para totalizar $310,000 millones diarios– es, a los ojos de algunos analistas, una medida fútil, si no perversa. En teoría, restar liquidez al mercado monetario debiera encarecer el dinero, pero el efecto de los cortos sobre las tasas de interés es efímero: un par de semanas… ¡y el impacto desaparece! Las variaciones en el consumo, el gasto, la inversión y el financiamiento terminan por ser apenas perceptibles.

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En el ínter, la carga de los deudores se vuelve más onerosa; las grandes compañías acuden al exterior para fondearse a menor costo, mientras otras elevan importaciones en demérito de sus compras nacionales, y la apreciación del peso que se deriva de tales movimientos mina la competitividad de la industria y acentúa las presiones adversas sobre la economía. No obstante, el Banco de México se empeña en secar las mesas de dinero cada que olfatea un peligro inflacionario. Si busca contener los precios, los analistas consultados se preguntan: ¿cómo es que no baja su meta de inflación, ya holgada con respecto a la real? 

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