De inversiones, convenciones y aventados

Tres buenas noticias que esperamos empiecen a marcar una tendencia.

Primer acto. El español BBVA anuncia una inversión de $45,000 millones de dólares para completar la compra de Bancomer. Es un mensaje de confianza (que se entiende mejor al mirar las utilidades del banco nacional) bastante oportuno, porque es dinero fresco que llega justo cuando más falta hace enviar señales de que México no ha dejado de existir como opción de inversión por obra y magia de China. En el mismo tenor, la británica HSBC –ya no Bital– consolida su presencia de marca en el país, aunada a jugosas inversiones en desarrollo de imagen.

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Segundo acto. Cuando escuchamos hablar a varios de los gobernadores estatales (por obvias razones excluimos al talibán de Oaxaca) acerca de la muy próxima Convención Nacional Hacendaria, su discurso conciliador y constructivo hace renacer un poco de esperanza. Si el debate (pese a la exclusión empresarial) supera la toma de posiciones políticas, estamos ante la puerta de una potencial reforma fiscal. Por ejemplo, Miguel Ángel Soto Núñez, gobernador priísta de Hidalgo, señalaba hace unos días que llegan con esa actitud y reconocía que con sólo alcanzar el nivel de ingresos fiscales de Latinoamérica (5% del PIB), México podría pagar las deudas interna y externa en cinco años y eliminar la pobreza extrema en 15 años. Con esa claridad, sería realmente torpe que los gobernantes salgan de esa reunión sin un acuerdo.

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Tercer acto. Los editores de esta publicación hemos decidido nombrar Hombre de Expansión a un empresario joven, cargado de energía y en pleno crecimiento: Alberto Torrado, presidente de Grupo Alsea, consorcio operador de las franquicias de Domino’s Pizza, Burger King y Starbucks. Él, junto con su equipo de colaboradores, ha desarrollado magistralmente el esquema de incorporación de fórmulas exitosas en otros países. Y lo ha hecho como nadie.

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De estos tres actos se desprende un simplista y ramplón “sí se puede”, como los que suelen vitorear los mexicanos en diversas ciudades del país cuando gana la Selección Nacional de futbol algún encuentro importante. Más allá del impacto emocional, lo cierto es que la inversión extranjera directa es siempre un estimulante de crecimiento, urgente en una nación cuyo mayor éxito en la captación de divisas se debe a la exportación de su propia gente. También lo es el incremento en la recaudación de recursos fiscales (siempre y cuando se transforme en un gasto responsable y eficaz), necesario para el avance económico y social. Igualmente semilla de desarrollo es la presencia de empresarios aventados que, sin sucumbir ante la ausencia de reformas y alicientes, se lanzan a los grandes ruedos, incluso con inversiones transfronterizas. Las buenas noticias, al fin y al cabo, también son noticias. Son las que más necesitamos y, por eso, en Expansión decidimos resaltarlas.

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