De la sartén al espacio

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En los 60, revolucionó la forma de preparar una omelette. Ahora sale de la cocina para crear una nueva generación de productos nonstick.

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El teflón, una resina de fluoropolímeros inventada en 1938, ha entrado fuertemente en la vida cotidiana en los últimos años, aunque su aplicación en la industria –principalmente en los plásticos– se remonta a 1946. Se utiliza como aislante de cables, antiadherente de pinturas y de productos para autos (como los lubricantes), e incluso sirve para la industria de la moda. Así, poco a poco, su manto protector comienza a recubrir abrigos, trajes, corbatas, pantalones, faldas e incluso calcetines. También se “adhirió” a la carrera espacial: cobijas con una capa de teflón forman parte del equipaje de los astronautas.

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En el ámbito doméstico también ha ganado terreno. Se puede aplicar en colchones, cortinas, tapetes y hasta sábanas para que duren más y sea más fácil limpiar la grasa y el polvo. En los muros, una manita de teflón protege la pintura de los rayos ultravioletas, y si se aplica en litografías y grabados la protección resulta invaluable.

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Además de su reconocida propiedad nonstick, esta resina es resistente a temperaturas extremas y muy moldeable. Protege sin afectar el color de los productos que cubre, y se pega a cualquier superficie, trátese de aluminio, acero esmaltado o inoxidable, vidrio, cerámica o plástico. Es decir, su campo de aplicación es tan grande como la imaginación.

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Y para estimular la búsqueda de nuevos usos, la multinacional DuPont –que detenta los derechos exclusivos de este invento– acuñó el premio especial Roy Plunkett (nombre del inventor), el cual se entrega como reconocimiento a la “innovación de teflón”.

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Por ahora, el mayor reto de los investigadores es eliminar las sustancias tóxicas de este producto. Dicen los expertos que cuando el vapor que libera la resina se mezcla con el humo del tabaco, puede provocar síntomas de resfriado e incluso fiebre. También la mezcla del teflón con ciertos metales, como el magnesio, puede ser explosiva. El desafío, pues, es inventar un teflón que, además de ser útil, no represente riesgos para la salud.

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