De tan fijas, congeladas

El mercado de las pequeñas empresas de telefonía fija crece con cuentagotas. Hasta los celulares l
Marina Delaunay

De peces depredadores a rémoras. En eso se convirtieron las pequeñas empresas de telefonía fija en los últimos seis años. El aire mexicano sedujo a los inversionistas extranjeros tras la apertura a la competencia en 1995, pero la falta de experiencia en vaivenes latinoamericanos se cebó con sus billeteras y las dejó endeudadas hasta quitarles el aliento.

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Telmex sigue y seguirá siendo el King Kong de la telefonía mexicana por décadas. Mientras al gigante le sobra flujo de efectivo para comprar bonos de WorldCom –hoy MCI– por $350 millones de dólares, la quinta parte de su valor nominal, y $300 millones de dólares en bonos de Alestra, sus rivales se pelean por menos de 5% de las migajas que deja atrás. Las firmas de larga distancia manejan 15% de las llamadas, según Select –Telmex lo estima en 30% en las ciudades abiertas a presuscripción– pero los precios cayeron tanto que el nicho dejó de ser negocio.

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La mayoría de las cinco empresas que operan en el mercado mexicano está curando sus heridas. Alestra, socio del coloso estadounidense AT&T, espera la venia para su segunda reestructura de deuda y acumula pasivos por casi $8,000 millones de pesos, con ventas por $4,400 millones de pesos. Avantel quedó casi huérfana cuando WorldCom entró en el Capítulo 11 de la norma de Estados Unidos. Las únicas que casi salieron a flote, luego de naufragar varios años, son Axtel y Maxcom. Ambas reestructuraron su deuda a tiempo, pero tienen poco capital para crecer.

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A mediados de los 90 las metas oficiales hablaban de que la penetración telefónica llegaría a 25% para estos años. Con la apertura de la telefonía de larga distancia se generaría una gran demanda a partir de mayor competencia. La penetración es de 15%, la menor de la OCDE, y el sector está congelado. “Se dio un círculo vicioso de destrucción de valor –dice Gabriela Báez, analista de Pyramid Research–. Los precios bajaron más que el crecimiento de la base de clientes.”

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A lo sumo, la penetración podría llegar a 17% para 2005, según Select. “El avance de la telefonía fija está llamado a desaparecer”, dice Javier Lozano, presidente del Instituto de Derecho de las Telecomunicaciones y ex presidente de la reguladora, Cofetel.

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En realidad sí hay más empresas, creció la oferta de servicios y los precios bajaron. Pero con 96% del mercado de telefonía local en manos de Telmex, la contienda es casi inexistente. “Las demás no tiene acceso a capital, no han podido crecer ni bajar precios para ser competitivas –dice Whitney Johnson, de Merrill Lynch–; el progreso de Telmex ha sido más bien por inmovilidad del resto.”

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La postergación de la reforma a la Ley de Telecomunicaciones de 1996 ha vuelto poco atractivo el sector para nuevas inversiones extranjeras. “Probablemente Telefónica sea el único jugador fuerte que podría desarrollar telefonía fija en un par de años”, dice Sergio Rodríguez, analista de Fitch Ratings en México.

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Migas que todos quieren
A casi una década de la apertura del mercado no hay un operador que funcione sólidamente. En telefonía local, sólo Axtel y Maxcom han podido hacerse de un ínfimo lugar (5% de los ingresos, 2.9% de las líneas). La primera tiene tres veces más clientes, gracias a que emplea una tecnología inalámbrica más flexible que el cable de la segunda. En larga distancia, Alestra y Avantel, junto a otras pequeñas compañías, llegaron a poseer hasta 40% del sector, pero no tuvieron el oxígeno financiero necesario para su expansión.

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“La apertura debió darse al revés: primero las locales y luego las de larga distancia; lo que necesitaba y necesita México son más líneas”, dice José Garcés, director de Análisis de Telecomunicaciones en Select. La telefonía local entró con dos años de rezago y debió comenzar a pelear precios y clientes con las de larga distancia que operaban desde 1995. “Atacaron comercialmente las mismas líneas que había.”

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Otro frente de batalla fue (y es) la telefonía celular, tras la aparición del sistema el que llama paga y de las tarjetas que permiten telefonear sin exigir una renta mensual. La desarticulación entre los costos y el poder de compra de la mayoría de los mexicanos explica todo. Rentar una línea fija residencial en México es 65% más caro que el costo promedio entre los países de la OCDE. “Más del doble en el caso de las comerciales”, apunta Lozano.

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No por nada el consumo de líneas móviles creció en tres años 235%; las fijas apenas 35% desde 1999. Sin quererlo, los operadores de telefonía fija hasta subsidian de alguna forma a la celular. “Los móviles se han vuelto grandes receptores de llamadas de líneas fijas, buena parte de los ingresos de las compañías de celulares depende de la tarifa de conexión que pagan a las fijas”, revela Garcés.

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Sin necesidad de hacer instalaciones casa por casa, los celulares han llenado cada vacío que dejó la telefonía fija, llegando hasta zonas con escasos medios de comunicación básica. Incluso “son los que participarán significativamente en las comunicaciones de larga distancia”, agrega el analista de Select.

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Maxcom entró en esta escena en 1999 y apenas el año pasado, sólo en el último trimestre, alcanzó el punto de equilibrio en sus EBITDA. La organización tuvo $1.7 millones de pesos de estas utilidades luego de reducir más de un tercio su planta laboral y cambiar la cúpula directiva a fines del año pasado.

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La falta de utilidades y necesidades de inversión endeudó a la firma en $300 millones de dólares a través de un bono. Hace un año logró una quita de $100 millones, recompró $25 millones y acordó pagar el resto hasta 2006 con tasa de interés cero (en lugar de 13.6%) y 10% al año siguiente. A cambio ofreció a los acreedores 12% de la compañía.

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Con tan poco oxígeno, Maxcom no podrá invertir un solo céntimo para ampliar cobertura o reforzar planes de inversión iniciados en 2002. “Levantaríamos capital hasta 2004, como lo hicimos el año pasado [$66 millones de dólares]”, agregan fuentes de la empresa. De algo están seguros: tanto las agrupaciones como los individuos siempre necesitarán líneas fijas.

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Larga y distante
A pesar de tener mayor margen de acción que las firmas de telefonía local, Avantel, Alestra y Marcatel tienen más presión por parte de Telmex. El mercado se redujo, perdieron terreno y el gigante se quedó con 85% de las líneas. Según los analistas del sector, los planes de negocio no se ajustaron a metas de precio y volumen realistas: hoy tiene menos de lo previsto y los importes bajaron hasta 70% desde 1995.

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¿Podrían perder más terreno? “A fines de este año el mercado [hoy valuado en $3,400 millones de dólares] podría reducirse 0.5%, eso obviamente les impactaría”, comenta Garcés, de Select. Además, en poco tiempo deberán enfrentar la avanzada de las tecnologías alternas, como las redes basadas en protocolo de internet. Aunque en México la penetración de la Red es una de las más bajas de la región [7%], según estimaciones de la industria aumentará a 25% en cinco años.

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En larga distancia internacional se suma otro reto. Según fuentes de la Cofetel, es posible que en dos años caduque el sistema de retorno proprocional vigente entre Estados Unidos y México, con el que los operadores nacionales se reparten los ingresos por las llamadas entrantes de acuerdo al volumen de minutos salientes. Más de uno ha generado cada vez mayor dependencia. Para Alestra, por ejemplo, las entrantes representaron el año pasado 33% de su facturación total, casi el doble que en 2001.

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Si lo anterior ocurre, las ventas de esta empresa bajarían significativamente. Según su reporte anual, presentado ante la Securities and Exchange Commission (SEC) de Estados Unidos, se prevé un aumento de la competencia en el negocio de larga distancia –47% de sus ingresos en 2002– y la consecuente liberación de precios por parte de proveedores. El informe contempla que AT&T no está obligada a contratar los servicios de la empresa mexicana (pese a poseer 49% de las acciones de ésta) y podría recurrir a otro abastecedor nacional más atractivo para terminar su tráfico.

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Mientras tanto Alestra intenta llenar sus propios agujeros. Negocia una segunda reestructura de sus $570 millones de dólares de deuda. Si su oferta es aceptada, los accionistas aportarían $100 millones de dólares, AT&T $8.5 millones adicionales y el flujo operativo de la empresa el resto, para reducir en $200 millones la deuda total.

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Poco se sabe de la situación de Avantel. Algunos analistas sostienen que está en peores condiciones que Alestra. Respecto a su deuda, la compañía contestó sólo por escrito que “en poco más de un lustro habrá cubierto sus créditos, dado que las condiciones de pago fueron muy bien negociadas y la empresa actualmente genera los recursos necesarios para ello”.

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Artillería disponible
Las firmas están redefiniendo su línea de negocios hacia las áreas rentables. Debido a la baja penetración de telefonía fija, la limitada adopción de internet y un panorama positivo en ingreso per cápita, hay potencial por explotar.

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Pese a que los móviles afectaron el segmento residencial, todavía hay tela para cortar en el corporativo. Son más rentables, por lo que firmas como Alestra no desisten. Aún con reestructura pendiente invertirá $30 millones de dólares para construir la última milla y vender telefonía local en  17 ciudades, además de las 13 donde ya ofrece larga distancia.

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La única forma de sobrevivir es vender un poco de todo y sumar local o larga distancia como valor agregado. Varias optaron por paquetes multiservicio, que incluyen hasta consultoría en el diseño de redes de comunicación.

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La firma admite ante la SEC que su habilidad para generar efectivo dependerá de su capacidad para competir en servicios de datos e internet. De hecho, en los últimos cuatro años fue el único segmento que creció en sus ingresos (224%). Local y larga distancia decrecieron 36% y 19%, respectivamente.

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“Nos convertimos en boutique de servicios. Es la única forma de competir, dirigiéndonos a micro, pequeñas y medianas empresas”, comenta una fuente de Maxcom. Ese sector, al que ofrecen como valor agregado larga distancia, hoy representa 80% de sus líneas fijas.

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La regiomontana Marcatel, una de las escasas firmas de larga distancia con deuda manejable, invertirá $7 millones de dólares promedio para ampliar su cobertura. También venderá servicio local aprovechando una licencia solicitada para los principales estados del país. “Cada vez más la gente busca servicios en una sola ventanilla (one shop stop)”, dice su director general, Carlos Montemayor.

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Marcatel es un caso curioso. Con menos de 1% de los clientes que tiene Telmex, logró cerrar en mayo un acuerdo no exclusivo para vender acceso a internet de alta velocidad con tecnología ADSL al 1.2 millones de clientes que tiene el coloso en ese rubro. “Ellos descongestionan sus centrales telefónicas en lugar de tener varios proveedores de menudeo; nosotros nos acercamos a la meta de crecer en datos”, explica el directivo.

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Los huecos que deje Telmex serán su salvación más inmediata. Pero para llenarlos necesitarán capital y respaldo financiero. Según Gabriela Báez, analista senior de Pyramid Research, finalmente “los grupos de inversionistas serán los que aporten el capital y, en el proceso, las empresas más pequeñas podrían quedar fuera”. Menos competencia y menos opciones, lo que no parece ser un buen prospecto para los consumidores.

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