De todas, casi todas

Aunque no lo digan sus ejecutivos, a este gigante de las telecomunicaciones la competencia le hizo &
Claudia Olguín

El silencio que ronda por las oficinas de Parque Vía, donde Teléfonos de México (Telmex) ubica su corporativo, tiene mar de fondo. Con la más extrema discreción, los ejecutivos de una de las tres telefónicas más rentables del mundo prefieren cerrar la boca antes que hacer comentarios sobre cómo ganarán o perderán en la consolidación del proceso de apertura en la telefonía local.

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Y es que, guardadas todas las proporciones que este fenómeno implica, se supone que los servicios de telefonía local –justo el negocio en donde Telmex ha fijado su nueva trinchera– pronto serán los responsables del -boom de una prolífica industria o el ancla de un negocio cuyo control quedará reducido a un selecto grupo de competidores, sin la promesa de mayores beneficios para los consumidores.

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El hombre clave que puede resolver esta expectativa se llama Jaime Chico Pardo. Desde su muy envidiada oficina, el director general de Telmex ya encontró la fórmula para dar el paso que lo lleva del régimen monopólico al de la abierta competencia, sin que por ello Telmex pierda gran parte de sus ingresos. Hasta el cierre de esta edición, Chico Pardo tenía saturada su agenda y no resulta difícil entender las razones de su falta de disponibilidad.

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Diversos analistas del mercado de valores dicen que en esta nueva batalla, aderezada apenas por la apertura en los servicios de larga distancia, Telmex tiene poco que perder. De hecho, ejecutivos de la telefónica aseguraron a -Expansión que la telefonía local ha estado abierta a la competencia desde la -privatización, pero que “no ha habido interés por parte de otras compañías en participar en ese mercado, toda vez que sólo Telmex ha realizado inversiones”.

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En este jugoso mercado, donde aparentemente todo se vale, ante la llegada de nuevos competidores esta empresa se reorganizó para avanzar rápidamente en el desarrollo de una estrategia viable y de largo plazo. Tres esfuerzos merecen ser destacados.

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Primero: los ejecutivos de la septuagenaria compañía han tomado como base el Plan Nacional de Desarrollo –en el que se proyecta un aumento en la teledensidad de 9% en 1997 a 20% para el año 2000–; a partir de él, se establecieron las alternativas para ingresar en el potencial previsto.

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Dos: se inició una intensa búsqueda de recursos suficientes para garantizar buena parte de los $10,000 millones de dólares que, tan sólo por inversión en equipo, implica un crecimiento de esa magnitud, sean cuales sean las tecnologías y herramientas que se elijan.

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Y tres: para crecer, Telmex le otorga a sus competidores el margen de apertura establecido en la legislación, pero no deja de perder dinero ya que obtiene ingresos adicionales por otros renglones, como la interconexión.

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La columna vertebral que sostiene las tres líneas de acción es, evidentemente, el uso intensivo de su red de fibra óptica.

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Capital bajo tierra
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En la industria de las telecomunicaciones, cualquiera sabe que la regla sine qua non que determina el ingreso a negocios como Internet, -paging, PCS (o servicios de comunicación personal), servicios residenciales de valor agregado, telefonía celular y redes virtuales es contar con una red digital de fibra óptica. Frente a las ventajas que esta ofrece, la tecnología satelital y las frecuencias en el radioespectro poco tienen que ofrecer. Gerardo Copca, analista de Valores Finamex, lo corrobora. “Telmex sabía que iba a perder ingresos en larga distancia; pero está creando servicios complementarios, como -paging, telefonía celular, Internet y servicios residenciales, que elevan el uso de sus redes.”

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Se estima que, mientras los ingresos por larga distancia caerán en los próximos dos años, la -telefonía local crecerá hasta aportar 60% de la facturación; actualmente, este negocio le significa a -Telmex 40% de sus ingresos. Aún así, según información pública, en los primeros tres meses del año el consorcio mexicano de telecomunicaciones incrementó 3.9% su facturación en larga distancia local y 8.5% en conferencias internacionales. “La segmentación del mercado ha permitido la identificación de las necesidades y expectativas de los diferentes grupos de clientes”, explica Telmex.

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Copca dice que tanto el incremento en tarifas locales como el aumento en la densidad telefónica y los ingresos adicionales por interconexión reducirán el impacto de haber perdido 14% del total de las llamadas de larga distancia en la primera etapa de presuscripción. Estimaciones preliminares indican que sólo este año las rentas de servicio local crecerán 51.9% en líneas residenciales, 35% en líneas comerciales y 47.9% en el caso de servicio medido. Ello implica que la caída en los ingresos por enlaces de larga distancia alcancen un punto de equilibrio con el saldo total de ingresos. “Si perdió clientes, eso no significa un impacto en sus resultados, porque no se sabe el tamaño real de los clientes”, explica el analista.

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De hecho, se estima que en 1997 el nivel de rentabilidad proyectado sólo caerá un punto porcentual (de 38 a 37%); la caída más fuerte se espera para 1998, cuando el margen operativo podría bajar a 34%. Por lo pronto, las acciones de la telefónica ya han dejado a los inversionistas un rendimiento de 51% en términos de dólares; en pesos, el nivel se ubica en 19.72%.

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Por ello, se entiende que incluso empresas como Avantel (que a la menor provocación presume su red de fibra óptica) no hayan definido sus planes de ingreso a la telefonía local y pugnen por la separación de los estados contables como el camino más viable. Si la mayoría de las empresas confirman esta apuesta, la consolidación de nuevos competidores en telefonía local y los servicios potenciales que ofrece la fibra óptica digital se tornará más que difícil.

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Actualmente, la compañía propiedad de Carlos Slim tiene bajo el brazo 30,000 kilómetros de fibra óptica digitalizada, oro molido para quien –como sus ejecutivos– sabe que esa es la mejor vía que permite el desarrollo de nuevos servicios.

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Cuando en 1995, analistas de Nueva York aseguraban que la telefónica recibió mal la llegada de nuevos competidores sin comisiones previas de entrada, pocos de ellos imaginaron que, detrás de ese aparente descontento, el contraataque ya se había fraguado. Rodrigo Quevedo, analista de telecomunicaciones de Grupo Financiero Bancomer (GFB), estima que ya en junio el tráfico en larga distancia internacional habrá mostrado un descenso de 16%, mientras que las llamadas de larga distancia dentro del país podrían caer entre dos y tres puntos porcentuales. A pesar de ello, agrega Quevedo, la captación acumulada de tráfico por parte de los competidores (8% del total), aún representará para el segundo trimestre del año un incremento general en el rubro de larga distancia de 10 puntos.

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Lo anterior es producto de jugadas de la más sofisticada proyección, que se verán materializadas en la continuidad de respuestas eficientes y la flexibilidad con que Telmex se adapte al nuevo mercado. De hecho, comenta un empresario, esta firma cuenta con la infraestructura financiera, humana y operativa para instalar cuatro millones de líneas telefónicas de un solo golpe.

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El flujo de inversión que implica este nuevo panorama también está resuelto, ya que ante los inversionistas el nivel de deuda es vigilado diligentemente. La prueba: en 1996, la relación deuda total contra capitalización se ubicó en 13%, mientras que un año atrás era de 17.2%.

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Otro ejemplo que ratificaría esta táctica es la oferta pública local del trimestre pasado, con la que Telmex levantó $3,000 millones de pesos. La calificadora Standard & Poors otorgó a esta deuda la clasificación Xa-1+, la más alta categoría en la escala aval.

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Un mercado enano
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Pero tampoco todo pinta color de rosa para el gigante. El efecto real de la competencia podrá ser mínimo, pero el principal enemigo a vencer en lo inmediato sigue siendo el bajo poder adquisitivo de la población. Y en esta zona, la gente de Chico Pardo poco puede hacer para garantizar un cambio drástico.

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Hasta el primer trimestre del año la telefónica contaba con 55,195 líneas más que las existentes al cierre de 1996. En total, hasta ese periodo la compañía sumó 8’881,343 líneas telefónicas. Sin embargo, en 1996 la demanda de nuevas líneas apenas se elevó 0.28%.

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Ante tal eventualidad, Telmex ensaya una triple respuesta: ampliación de las condiciones de plazo para los pagos, condiciones distintas de los montos para la suspensión del servicio y suspensión parcial del servicio. Aun cuando las proyecciones indican que los ingresos totales apenas alcanzarán un crecimiento de 2% en relación con los $52,714 millones de pesos captados en 1996, este año Telmex invertirá $900 millones de dólares en infraestructura.

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En este giro, la competencia ha cobrado fuerza. Con Avantel a la cabeza, las demás firmas han empezado a protestar ya no sólo por las condiciones impuestas en el proceso de interconexión (en el cual mantienen una cuenta pendiente con Telmex, que invirtió para el desarrollo de infraestructura tecnológica). En denuncia legal, Avantel solicitó la revisión al pago de $422 millones de dólares que Telmex habría invertido en infraestructura, para homologar las tecnologías que permiten la interconexión con los nuevos competidores.

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Cuestionada, la empresa aseguró por su parte que las inversiones sumaron hasta $550 millones de dólares para instalar la infraestructura necesaria con 500 empleados. Como parte de esas erogaciones, hacia marzo pasado la telefónica habría reportado gastos por $895 millones de pesos para soportar la infraestructura de interconexión en larga distancia.

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Se le pague o no, Telmex está comprometida a interconectar en 1997 a las 60 ciudades más importantes del país; en 1998, la cifra debe llegar a 100 ciudades y a 150 para el siguiente año.

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Especialistas de GFB consideran que, sin lugar a dudas, este proceso judicial provocará “un trato dual, uno para las relaciones entre Telmex y Avantel, y otro para el resto de las compañías prestadoras de servicios de larga distancia”.

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La segunda gran interrogante en este sentido es si finalmente la telefónica mexicana podrá llevar a buen puerto su proyecto global de telecomunicaciones. Gracias a una alianza estratégica establecida con Sprint, Telmex elaboró un documento –la aplicación 214 ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en -inglés)– para solicitar su participación en el mercado de larga distancia de Estados Unidos. Según información que Chico Pardo entregó a la comunidad bursátil, con la alianza ambas empresas “reforzarán y complementarán su desempeño y -posicionamiento en el mercado de habla hispana de ese país”.

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Pero su intención podría verse opacada por sus principales rivales (MCI, AT&T y Bell Atlantic), que claman reglas más claras y solicitan a la FCC reciprocidad en el mercado mexicano. Y es que los tres consorcios estadounidenses desde ahora temen que su desarrollo en el mercado mexicano se restrinja, efectivamente, a 30% de los volúmenes de llamadas al extranjero, margen que diversos analistas previeron tendría la competencia.

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Otro escollo (tal vez el más importante en el largo plazo) es el mejoramiento de los servicios con tarifas competitivas, cuando menos con Estados Unidos, el principal socio comercial de México. Una de las aportaciones importantes en el proceso corrió a cargo de los 50,000 empleados, capacitados para la ejecución de nuevas obras.

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Ya en la primera fase de presuscripción –que incluyó la ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, donde existen más de cinco millones de líneas–, se dejó ver una preferencia por Telmex que con el tiempo podría variar. El diferencial de precios que los operadores de larga distancia ofrecen al usuario obedece, por el momento, a estrategias que castigan sus márgenes de utilidad. Pero la máxima diferencia en las tarifas se dará realmente en la telefonía local, donde por lo regular los usuarios poco piensan al tomar el auricular. “Pese a la intensiva inversión publicitaria de Telmex y de la competencia en el proceso de presuscripción –comenta un empresario que opera en el sector–, la preferencia demostró la apatía con que el consumidor mexicano toma sus decisiones de compra.”

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Esto también significa que las telefónicas deberán razonar más sus decisiones de inversión publicitaria. Desde los primeros meses del año, publicistas como Augusto Elías criticaban este hecho. Y cómo no hacerlo, cuando Telmex y sus competidores habrían invertido al menos $500 millones de pesos durante 1997 en anuncios, que en términos de gasto, a todos los ubicaron en igualdad de circunstancias.

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No obstante, en abril pasado ciertos hechos arrojaban un resultado contrario. En la segunda fase de interconexión en el Distrito Federal, Telmex captó 52.53% de las líneas que contrataron servicios de larga distancia; Avantel, 29.02%; y Alestra, 17.53%.

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Extraoficialmente, habría que decir que buena parte de la prueba ya ha sido superada, pues el remanente del mercado (unos cuatro millones de líneas) se localiza en zonas de baja densidad. Al cierre del 31 de marzo del año en curso, se concluyó la interconexión de 21 ciudades de las 60 programadas en 1997. Con 71, 93 y 83% de las boletas contestadas, respectivamente, Telmex mantuvo la preferencia en Toluca, Chalco y Texcoco.

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Ninguna de las más de ocho millones de personas que usan diariamente un teléfono pensaría que detrás de este sofisticado negocio están en juego los beneficios de un costo más bajo en los servicios. Y por lo que se puede ver, ninguno de los competidores parece haber perdido el sueño por el sentido social y de productividad que está en juego con ello.

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