De vuelta al pasado

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Emilio Zebadúa

En ocasiones es imposible resistirse a esa máxima popular que insiste en que la historia se repite" especialmente cuando una y otra vez el presente se integra de escenas extraídas de tiempos pasados, por su gran similitud con aquellas. Así al menos lo ha puesto en evidencia la tragicomedia que ha sido la más reciente devaluación.

- Pasé varios años trabajando en archivos históricos, haciendo un esfuerzo por entender mejor las relaciones entre los banqueros extranjeros y los funcionarios mexicanos, que tantas veces han determinado el desarrollo de México. En los documentos de banqueros como Thomas Lamont de J.P. Morgan y Agustín Legorreta del Banco Nacional de México, así como de los sucesivos secretarios de Hacienda de la Revolución Mexicana -Luis Cabrera, Salvador Alvarado, Adolfo de la Huerta, Alberto Pani y Luis Montes de Oca- descubrí algunas claves sobre la soberanía nacional.

- Cuando aquel libro, Banqueros y Revolucionarios, salió publicado por el Fondo de Cultura Económica (hace sólo unos meses), pareció válido pensar en la posibilidad de dejar a un lado por el momento las preocupaciones sobre la fragilidad financiera en que estaba sustentado México en aquellos años difíciles. Y, sin embargo, casi inmediatamente estalló en el presente una crisis más que nos vuelve a demostrar que el desarrollo nacional continúa sustentado en bases demasiado endebles.

- En sólo horas un nuevo colapso financiero ha vuelto a sumir al país en una ronda más de negociaciones internacionales entre la Secretaría de Hacienda y los acreedores, inversionistas y tenedores de valores mexicanos en Nueva York, Washington y las demás capitales financieras y políticas del mundo donde se determinan los términos actuales de la soberanía nacional.

- En los años 20, el presidente del Comité Internacional de Banqueros (Thomas Lamont) se quejaba con sarcasmo de los "cantos de sirena" que los representantes mexicanos emitían en los círculos financieros; el vicepresidente de Citibank, Bill Rhodes, se ha quejado en estos el las del mal tacto que tuvo Jaime Serra al no llamarlo personalmente en los inicios de la crisis para explicarle las intenciones del gobierno.

- La renuncia de Serra no es equivalente a la de Adolfo de la Huerta más de 70 años antes, pero sí respondió a razones similares. Tampoco la contratación de Francisco León de la Barra, ex presidente porfirista, por un grupo de inversionistas extranjeros para que los asesorara sobre la política y las finanzas de México es lo mismo que el empleo que le dieron a Carlos Salinas de Gortari los directivos de Dow Jones; pero tiene el mismo propósito.

- En fin, en esos tiempos (1914-1929), el gobierno mexicano tuvo que colaborar de manera permanente con sus acreedores. Y, de hecho, someterse a una serie de amplias y extensas negociaciones sobre el manejo de la economía. Se trataron entonces (como ahora) asuntos relacionados con el valor del peso, el pago de la deuda externa, la reorganización de las empresas públicas, las atribuciones del Banco de México, el control del presupuesto público, incluso la estabilidad política. Los acuerdos a los que llegaron determinaron en ese entonces los términos de la soberanía de México.

- Nuevamente, la "historia se repite". Y en Nueva York, Washington y las demás capitales de los mercados internacionales, los representantes del gobierno mexicano afinan otra vez los detalles de la soberanía mexicana, marcando el fin del cielo de cambios en la economía-política del país que inauguró el Plan Brady y dando inicio a otro cielo de la historia.

- De hecho, más que los sexenios presidenciales, han sido las sucesivas inserciones en los mercados internacionales (negociadas una y otra vez por los secretarios de Hacienda en el exterior) las que han determinado los cielos de la política nacional. Por ello, no es propiamente que la historia se repita, sino que nunca concluye; sólo sigue adelante de manera inexorable.

- El autor está trabajando en un libro sobre La Reforma del Banco de México.

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