Del antibiótico al chocho

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Gabriela Sotomayor

Llega un momento en la vida de las personas que con la “bola de años” aparece la “bola de enfermedades”. Para cualquiera, sentirse mal es como traer una piedrita en el zapato que constantemente recuerda que algo no marcha como debiera. Lo más común es que cuando la salud falla el enfermo acuda al médico de su confianza, el cual receta más o menos siempre el mismo tratamiento y recomienda cuidados para el caso correspondiente.

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Pero también es muy común que el enfermo, a la vuelta del tiempo y de haberse “empacado” cualquier cantidad de medicamentos, vuelva a recaer y se quede con la sensación de que no se llega al fondo de su problema.

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Las quejas
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Historias clínicas hay infinidad, pero he aquí algunos ejemplos de personas comunes con enfermedades comunes: A Enrique Martínez, alto ejecutivo de un área financiera internacional, se le diagnostica colitis aguda (por esas tensiones, el cierre, las pérdidas y demás). Acude al gastroenterólogo quien le receta el mismo tratamiento del año pasado. Además de tomar las medicinas, Martínez tendrá que privarse de todo cuanto le gusta comer, nada de copitas, sólo dieta de abuelito kantiano; es la única manera de curar su mal, se le dice, además de tener que tomar otros medicamentos para los dolores de -cabeza y mareos que provocan las medicinas que le recetó.

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“Pero doctor —protesta Enrique—, no sé qué pasa que no siento que me cure, cada año tengo las mismas crisis, el mismo tratamiento, la misma dieta, ¿no habrá otra cosa?” El doctor pone cara indescifrable y lo manda a paseo.

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Otro caso: Thalía González, concertista de piano, socia de una academia de iniciación musical infantil (los gritos, los nervios, “¡niños pongan atención!”), madre de dos niños (el pañal, la mamila, la tarea, las travesuras). Su hijo mayor padece de continuas infecciones respiratorias y, una vez más, acude al pediatra. “No pasa nada señora, ya ve cómo está la contaminación; le dará usted este antibiótico al niño y por favor que no nade, que no salga, que no respire”.

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Ella contesta: “Pero doctor, es el cuarto antibiótico en dos meses, el niño se debilita mucho...” Ni modo, no hay nada qué hacer.

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Medicina alternativa
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Si bien hay personas que responden de maravilla a la medicina “tradicional” (hay quienes le llaman “occidental”), hay otras que por diversas razones buscan otro camino que pueda devolverles la salud. Y así como la medicina alopática ha tenido grandes avances y salvado a millones de enfermos, hoy más que nunca y en respuesta a las necesidades de tratamientos más naturales y menos agresivos para el cuerpo, la medicina “alternativa” (que en ciertos contextos es también llamada “tradicional”) puede significar un recurso inestimable para lograr el equilibrio de salud que todos buscan.

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Se ha llamado medicina alternativa a las disciplinas que utilizan elementos naturales y hasta el campo de energía de cada persona para curar todo tipo de enfermedades. -Entre ellas se cuenta la homeopatía, la acupuntura y la herbolaria, por mencionar algunas. Y de ellas la que empieza a gozar de una especial popularidad es la homeopatía, por lo que cada vez es más extraño ver con malos ojos a aquellos que van de aquí para allá con su frasco de “chochitos”.

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En entrevista con EXPANSIÓN, Francisco Sotres Luna, médico cirujano y homeópata prestigiado, habla sobre el tema: “La homeopatía se debe a -Samuel Christian Hanneman (1755), médico alemán a quien le llamó la atención uno de los principios de Hipócrates —aquél basado en la ley de los contrarios y la de los -semejantes—. La medicina alopática ha tratado las enfermedades básicamente por la ley de los contrarios, es decir, ante una inflamación se receta un antiinflamatorio”.

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Lo que hace la homeopatía, en cambio, es encontrar la sustancia similar a la que provoca la enfermedad y administrarla en pequeñas dosis para su eliminación. El procedimiento se compara con una vacuna. Por ello, el principio homeopático por excelencia es - similia-similius-curantur (semejante se cura con lo semejante), explica Sotres.

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Los medicamentos homeopáticos surgen de los tres reinos naturales: vegetal (por ejemplo, camomila, árnica, belladona, caléndula, etcétera), mineral (como oro, argentum nitrio, cuprum metálico, zinc) y animal (moluscos, serpientes, arañas, venenos, etcétera).

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Demasiada química. “A algunas personas, continúa Sotres, ya no les satisface la medicina alopática por la saturación de sustancias químicas que entran al organismo, las cuales en su mayoría tienen efectos secundarios y además funcionan como paliativos sin llegar a curar de raíz la enfermedad. Lo que he visto desde los años 70 es que el enfermo nota que no se alivia porque entre más medicamentos toma, más se desequilibra su organismo.

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“La forma de actuar de la homeopatía es desde la célula misma, de tal modo que se restablece el equilibrio celular, que a su vez establece armonía en los tejidos, lo que nivela la función de los órganos y por lo tanto del organismo en su totalidad. Para el -homeópata no existen enfermedades sino enfermos. No se puede recetar lo mismo a todos los pacientes de úlcera o de cualquier otro mal, porque se toma en cuenta el terreno en el que se desarrolla la enfermedad, la constitución del paciente, su temperamento, su estilo de vida y su síntoma mental.

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“Todos los pacientes llegan con algún síntoma mental como puede ser angustia, depresión, estrés, tristeza, euforia, y todo debe tomarse en cuenta para hacer un diagnóstico y recetar. Por tal motivo el compromiso del homeópata es mayor con su paciente, pues requiere un conocimiento más profundo de la persona, se ofrece un tipo de medicina más individual y se busca lo que le viene bien a cada cual”.

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Gracias a investigaciones hechas principalmente en Europa, la homeopatía es capaz de curar padecimientos que la alopatía sólo controla. Se pueden citar el asma bronquial, soriasis (enfermedad de la piel), lupus -heritematoso y en algunos casos hasta cáncer incipiente.

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Sotres agrega que otra ventaja es que los medicamentos homeopáticos no son tóxicos, no causan efectos secundarios y tienen un costo muy accesible (de $10 a $50 pesos), además de ser totalmente naturales.

- La homeopatía no ha sido mayormente difundida debido a diversas causas como:

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  1. desconocimiento de la gente;
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  3. la presentación de los medicamentos en forma de “chochos”, lo que hace pensar que todos son iguales, sin advertir que son impregnados de sustancias diferentes;
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  5. incapacidad para competir contra la industria farmacéutica, que invierte grandes recursos en publicidad y en distribución y, por último,
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  7. la costumbre.
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- Es importante aclarar que el ejercicio de la homeopatía se puede prestar a la charlatanería. En México este tipo de medicina se imparte en la Escuela Nacional de Medicina y Homeopatía del Instituto Politécnico Nacional, por lo que los egresados obtienen el título de médico cirujano y homeópata con su debida cédula profesional. Así que conviene tener ojo, mucho ojo.

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Y, a nivel de testimonios, un botón elocuente: Thalía González agradece que sus hijos y ella estén sanos, “nuestros organismos son más fuertes y es raro que nos enfermemos. Mi hijo mayor, por ejemplo, hace seis años que no prueba un antibiótico... y tiene ocho años de edad. Con eso explico lo que la homeopatía puede lograr”.

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