Del centralismo a la regionalización

No sin visiones encontradas, gobierno, empresarios y sociedad jalisciense se ponen de acuerdo para r
Guadalupe Rico Tavera

Enrique es un vallartense que está a punto de terminar su carrera en Administración de Empresas Turísticas. Su futuro profesional no parece quitarle el sueño, pues con el boom que goza Puerto Vallarta no le será difícil colocarse en cualquier hotel de este destino turístico o, de perdida, trabajar como mesero en algún restaurante, donde es posible ganar hasta $100 dólares en un buen día.

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A cientos de kilómetros de tan paradisíaco lugar, en Ejutla, José Manuel, un joven de 18 años, con apenas la primaria terminada y sin perspectivas alentadoras de empleo, está pensando seriamente en emigrar al otro lado de la frontera en busca de trabajo. De decidirse, sería el ejutlense 4,501 que radicaría en Estados Unidos, casi el doble de los que ahora viven en el que es el menos poblado de los 124 municipios del territorio jalisciense. Tan contrastantes como los destinos de estos muchachos, así son las desigualdades regionales en Jalisco.

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Quizá, como la réplica nacional más representativa, Jalisco es uno de los mosaicos regionales más ricos y diversificados del país. Sin embargo, lejos de aprovechar esa riqueza y variedad, se ha creado una brecha económica y poblacional entre las regiones.

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Como ombligo de acciones y decisiones, en la zona metropolitana de Guadalajara (ZMG) se concentra casi todo. Aquí, en este espacio conformado por cuatro municipios (Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá), viven 55 de cada 100 jaliscienses, se genera 75% del Producto Interno Bruto estatal y 80% de los empleos manufactureros.

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Para ayudar a contrarrestar la macrocefalia metropolitana, se ha impulsado a cinco ciudades medias (Lagos de Moreno, Puerto Vallarta, Tepatitlán, Ciudad Guzmán y Ocotlán) en el marco del programa federal de las 100 ciudades. Las localidades han crecido, mas no han logrado despegar del todo como efectivos polos de desarrollo regional.

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El resto de la población se reparte en 115 municipios con menos de 50,000 habitantes, nueve de los cuales no llegan a las 4,000 almas. Más aún, 40 municipios registran un crecimiento negativo, señal de que el desarraigo y la emigración se han apoderado de ellos. ¿Hacia dónde emigran los habitantes de esos pueblos fantasmas? Unos se enfilan a la ZMG; otros cruzan el Río Bravo para reunirse con el millón y medio de jaliscienses que pretenden vivir el "sueño americano".

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La fórmula para retener a los emigrantes es "generar las condiciones básicas para que les convenga quedarse a vivir en su tierra", dice Jorge Diez de Sollano, hasta septiembre coordinador general del Comité para el Desarrollo del Estado (Coplade). El planteamiento suena tan obvio como sencillo; llevarlo a la práctica en medio de un mapa plagado de disparidades es todo un reto que la actual administración estatal está buscando encarar a través del Programa de Regionalización.

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Lanzado con bombo y platillo en abril de este año, el programa es una estrategia para el desarrollo sustentable e integral de cada una de las regiones, así como un proceso de descentralización y desconcentración de la administración estatal y federal. Intervienen, por supuesto, la definición y programación del gasto público, así como la planeación de los proyectos de desarrollo regional.

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Para algunos no es más que un proyecto romántico; otros lo toman con reservas, y no falta quien opine que es una bandera política condenada al fracaso. El ahora ex coordinador del Coplade –organismo que tiene a su cargo el programa– justifica cierta dosis de escepticismo. No así el gobernador Alberto Cárdenas Jiménez, quien es el primer convencido de que la regionalización es "la solución para Jalisco y sus municipios".

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EL NUEVO MAPA DE JALISCO
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Aunque hay quien se empeña en calificar a la regionalización como un esquema inédito, no lo es. Bernardo Brito Miranda, director general de Desarrollo Regional y Fomento Industrial de la Secretaría de Promoción Económica (Seproe), comenta que la primera experiencia de regionalización que se dio en Jalisco fue en 1952. A partir de entonces fueron surgiendo otras más hasta llegar a la que todavía estuvo vigente en la pasada administración estatal y que dividía al territorio jalisciense en 10 regiones. Sin embargo, para su gusto, "no era la más óptima, porque a lo mejor había municipios que estaban en una región y sus canales de comunicación o de comercialización pertenecían a otra".

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La falta de coordinación de las acciones, propiciada porque cada una de las dependencias estatales y federales manejaba su propia regionalización, planteó la necesidad de definir una nueva división regional. Tras más de un año de análisis técnico y de buscar consenso entre las autoridades –tanto federales como estatales– y los 124 municipios, estos quedaron integrados en 12 regiones. "Básicamente –apunta Diez–, se respetó la regionalización anterior con la salvedad de la creación de la región Sierra Occidental y la región Sierra de Amula".

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Basilio Verduzco, coordinador del Centro de Estudios de Desarrollo Regional del Instituto de Estudios Económicos y Regionales de la Universidad de Guadalajara (Ineser), lanza su primera crítica: "Lo único que se hizo fue incorporar nuevas regiones, sin cuestionarse de fondo para qué se estaba haciendo la regionalización, para qué había servido antes, qué resultados había tenido y qué resultados debía tener.... Si no se tienen objetivos concretos, se puede dirigir al estado como se dé la gana, porque en última instancia da lo mismo que el municipio de Tequila esté en la región Valles o en la región Centro".

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Según un documento oficial, los criterios básicos para "el óptimo agrupamiento" de los municipios fueron el proyecto de desarrollo futuro del estado delineado en el Plan Estatal de Desarrollo; las condiciones actuales en materia de comunicaciones, prestación de servicios básicos y operación administrativa de las dependencias públicas; las características de homogeneidad geográfica, productiva, social y cultural de los municipios, y las cuencas hidrológicas y agropecuarias de la entidad.

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Bajo tales parámetros, el ex coordinador del Coplade justifica que el reagrupamiento es funcional en términos administrativos, de planeación y de coordinación municipal. "Es una herramienta de trabajo y, como tal, puede ser posteriormente modificable."

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MUERA EL CENTRALISMO
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Si demográficamente Jalisco tiene uno de los esquemas más centralizados del país, no se diga en cuestiones administrativas. Si no, que lo desmientan los alcaldes del interior del estado que, por lo menos, tienen que ir una vez a la semana a Guadalajara para realizar una serie de trámites y gestiones. La regionalización pretende terminar con ese vicio, descentralizando y desconcentrando a cada cabecera regional acciones y decisiones.

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Rodrigo Diez de Sollano, director de Estudios y Concertación de la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder), reconoce que la descentralización administrativa es un proceso complicado que va a tomar su tiempo. Aun así, las dependencias estatales han dado pasos en ese sentido, tal como la propia Seder, que abrió núcleos de decisión en cada distrito de desarrollo rural; la Coplade, que trasladó a las sedes regionales el trabajo de dictaminación y aprobación de proyectos, y la Seproe que, además de contar con algunos promotores regionales, está llevando a las regiones la ventanilla única de gestión empresarial.

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Algunas dependencias federales no se han quedado atrás. Es el caso de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), que ha dispuesto oficinas en cada región. Porque la Sedesol ya cumplió su palabra, su delegado, Alfonso Rescala, urge que el gobierno del estado cumpla la suya. "Es importante que si la federación ya descentralizó recursos al gobierno del estado algo, éste también manifieste su voluntad y su acción política de descentralizar."

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¿Cómo se ha recibido la descentralización en las regiones? A Eduardo Orendáin Giovannini, propietario de la Destiladora Azteca de Jalisco y ex alcalde de Tequila, le parece "incongruente" que para realizar un trámite en el Registro Público de la Propiedad tenga ahora que ir a Ameca que, aunque es la cabecera regional que le corresponde, le queda más lejos que la capital tapatía. Por las mismas razones de cercanía a Guadalajara, al presidente municipal de Tepatitlán, Rigoberto González Martínez, la medida le da "lo mismo", pero luego reflexiona que sí es conveniente para los municipios más distantes.

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Fuera de argumentos de kilómetros, el alcalde de Lagos de Moreno, Víctor Manuel Larios Muñoz, le da la bienvenida a la descentralización, pero con ciertas reservas. "Nos tienen que ir soltando las responsabilidades al municipio poco a poquito, en la medida en que podamos demostrar que somos capaces de administrarlas", comenta.

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Quien está en completo desacuerdo es Marco Antonio Pérez Hernández, presidente de la Asociación Ganadera de Ameca y candidato priísta a la alcaldía de la localidad. "Tratar con las dependencias regionales ya no es lo mismo, porque a nosotros nos gusta tratar con la cabeza y no con los pies", opina tajante.

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VOX POPULI, VOX DEI
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Todos los funcionarios entrevistados –incluyendo al gobernador– destacan que una diferencia clave de esta nueva regionalización con cualquier otro proceso anterior es que la propia gente de la zona participa en la planeación regional. "Es un paso enorme ir de ser un menor a un adulto responsable", valora Rodrigo Diez, el de Seder.

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Para propiciar un esquema de planeación participativa, entre abril y mayo se instaló en cada una de las 12 regiones un Subcomité de Planeación, al que se invitó a todos los actores de la región a exponer sus propuestas en materia de desarrollo económico, social, urbano y de seguridad pública. De la primera reunión plenaria surgieron cientos de demandas que, en posteriores sesiones de trabajo, se fueron depurando y jerarquizando con el apoyo de un equipo técnico formado por representantes de dependencias estatales y federales.

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Quienes asistieron a las reuniones de trabajo coinciden en que la participación ciudadana fue muy numerosa en la primera plenaria del Subcomité de Planeación. No obstante, tanto para Verduzco, del Ineser, como para Francisco Javier Monroy Padilla, director de Planeación y Desarrollo Institucional de la Universidad del Valle de Atemajac (Univa), "las personas que estaban ahí no eran las indicadas para hacer el proceso de detección de necesidades".

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En las sesiones posteriores el grado de participación fue decayendo en algunas regiones. El alcalde de Ocotlán, José de Jesús Aceves González, lo atribuye a deficiencias de coordinación: "En ocasiones, los representantes del estado no venían a las juntas y sí los ciudadanos, o viceversa". La misma falta de organización percibió su colega de Ciudad Guzmán, José Rafael Ríos Martínez. Aun así, "la regionalización aquí pegó rápido, porque mucha gente ya estaba trabajando conjuntamente y no se le hizo difícil proyectarse a una cuestión regional", asegura.

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Como sea, el ex funcionario del Coplade quiere dejar en claro que, aunque el proceso de planeación esté basado en la experiencia de la gente, no por ello deja de tener un ingrediente técnico. De ahí que, una vez concluida la etapa de la consulta social, entraron en acción diversas empresas consultoras. Los expertos, con base en las propuestas sociales y la información técnica, tienen la tarea de formular para este diciembre un plan de desarrollo para cada región, el cual contendrá una visión a futuro de la misma (hasta el año 2020) dentro del marco estatal, nacional e internacional, independientemente de acciones de corto plazo con metas trianuales.

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María Luisa García Bátiz, investigadora del Ineser, no está muy convencida de la metodología. "Si bien hay un cambio porque la planeación se hace a partir de las demandas, eso nada más es el primer punto. Lo más importante es lograr que las comunidades se apropien de los proyectos para que los sigan, los mantengan y la planeación sea continua."

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Más agudo es el comentario de Monroy: "Es un experimento sociopolítico que no tiene un dominio completo de todas las variables que pueden intervenir para lograr su resultado esperado. Ciertamente lo calificaría de romántico, porque es más una buena intención que una buena estructuración y, sobre todo, una buena inclusión de infraestructura organizativa, administrativa y de dirección".

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EL DILEMA DEL ZOPILOTE
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Cuando se le preguntó a Jorge Magaña Hinojosa, empresario de Ciudad Guzmán, qué opinaba sobre la regionalización, su único comentario fue: "Estamos como los zopilotes, a puro planear". Otra versión de la misma respuesta se oyó en boca de Víctor Alfonso Padilla Valle, un industrial mueblero de Ocotlán: "Ya parecemos zopilotes estreñidos: planeando sin obrar". Ambos empresarios no bromean: externan su preocupación de que en las regiones urgen hechos y no más planes.

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Para darle confianza a la gente de que el proceso de regionalización va "en serio", explica Jorge Diez, se ha previsto el Programa de Acción Inmediata (PAI), el cual incluye un proyecto prioritario y "ejecutable" antes de finalizar el año. Además de estudios de factibilidad, el PAI contiene algunos otros proyectos de alcance regional surgidos y priorizados en la consulta social, y que han sido presentados a las dependencias estatales y federales para que consideren su incorporación a los presupuestos de 1998.

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Aun cuando de momento la Sedesol no tiene previsto asignar recursos para los proyectos regionales, su delegado señala que el fondo de prioridades estatales –un componente del monto total que la Secretaría asigna a la entidad– podría distribuirse en bolsas regionales. "Éstas pueden ser complementadas con recursos estatales y de algún otro origen, para así poder concretar en obras los deseos expresados por la gente en este proceso." De hecho, el gobierno del estado ya creó un fondo de desarrollo regional, asignándole para este primer año de operaciones una partida presupuestal de $24 millones de pesos.

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Mientras danzan los números y se ejecutan las acciones, José María Gutiérrez Álvarez, un industrial fundidor de Ciudad Guzmán, no ha perdido tiempo. Altamente motivado por las sesiones de regionalización, de inmediato se puso a trabajar por su cuenta sobre algunas ideas de proyectos productivos que ahí se propusieron.

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RUIDO POLÍTICO
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Para Antonio Sánchez Bernal, director del Ineser, lanzar un programa de regionalización en un año en que Jalisco vive un doble proceso electoral –después de los comicios federales de julio este 9 de noviembre serán las elecciones para alcaldes y diputados locales– resulta "absurdo, porque invariablemente se va a tomar como arma política".

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Aunque el gobernador Cárdenas Jiménez admite que la regionalización sí tiene un "fuerte contenido político", mas no en el sentido de "andar levantando votos", hay suspicaces que piensan lo contrario. Tanto, que los propios orquestadores del programa determinaron suspender toda acción pública relacionada con la regionalización durante las campañas políticas para no meter más ruido.

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¿Qué pasaría si el plan es manipulado políticamente? "Si se convierte en un diferendo de partidos, lo matamos; bueno, lo herimos", rectifica el ex coordinador del Coplade, confiado en que no será necesario llegar a tales extremos y que van a "librar" esta campaña electoral. De ser así, a fines de noviembre se realizarán reuniones con los alcaldes electos para darles a conocer el programa.

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Una pregunta más: ¿Los nuevos munícipes se apropiarán de los planes de desarrollo regional y le darán continuidad? Diez cree que "es poco probable que un presidente municipal vaya en sentido opuesto a lo que la propia gente planteó en las mesas de trabajo". Por lo menos, Pedro Jaime Zúñiga, candidato priísta a la alcaldía de Ocotlán, está más que apuntado y, de antemano, asegura que si resulta electo llevará a cabo el plan de su región al 100%. "Para qué tratar de inventar el hilo negro si ahí estamos viendo los problemas y las soluciones".

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El programa aún tiene muchos retos que superar. Por lo pronto, habrá que ver qué rumbo tomará el proyecto después de que el pasado 30 de septiembre, Jorge Diez –su cerebro– renunciara a la coordinación del Coplade por considerar que dos altos funcionarios del gobierno estatal (el secretario de Administración y el subsecretario de Participación Social) obstaculizaban los trabajos de la regionalización.

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