Del Estado al mercado

En los 70, el Estado regía casi toda la actividad económica; ahora, la iniciativa privada es el ej
Elia Baltazar

Las 500 mejores empresas mexicanas han estado aquí desde hace 35 años, y en cada edición alcanzan un sitio en la lista que las avala como las más importantes por sus ventas, sus utilidades y su capacidad para generar empleo y riqueza.

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Algunas entraron a ‘Las 500’ desde la primera edición y allí han permanecido, como Grupo Modelo, las automotrices, FEMSA, Bimbo y Teléfonos de México (en sus etapas pública y privada) y, por supuesto, Pemex y la Compañía Federal de Electricidad, los gigantes paraestatales que sobreviven de aquella primera lista en la que dominaba el poder del Estado.

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Hoy, la iniciativa privada nacional y extranjera desplazó al gobierno de ese papel protagónico que le daba tener el monopolio de sectores completos de la actividad económica, como la Conasupo, Ferrocarriles Naciones, AMHSA, Diesel Nacional y Compañía Mexicana de Aviación.

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Basta seguir la línea del tiempo de ‘Las 500’ para observar el cambio de rostro de este país: de las empresas extractivas a las industriales, y de allí a las firmas de bienes, servicios, información, tecnología e innovación que hoy marcan la ruta, explica Carlos Ruiz, director del Programa de Alta Dirección del IPADE.

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Somos un país distinto, dice, y eso se refleja en nuestras empresas: “En 1976 vivíamos protegidos, aislados. En este momento, en cambio, estamos en completa comunicación con el exterior y las compañías que han sobrevivido son mucho más robustas, más sólidas y mejor preparadas”.

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Así como se han transformado los sectores, también ha cambiado la naturaleza de sus capitales, dice Juan Sherwell, director de la EGADE Business School, del ITESM. Hoy la mayoría de esos capitales son extrajeros, se imponen en la lista las multinacionales, los grupos y los holding, y las firmas han diversificado sus productos y servicios.

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“Todo ello nos proyecta como un país inserto en la economía global”, explica Sherwell.

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Las grandes compañías no son el único indicador de la realidad económica de México, y mirarlas sólo a ellas puede ser engañoso, porque son apenas la punta de un iceberg que a veces impide ver lo que sucede en el universo de las pequeñas y medianas empresas (pyme), advierte Carlos Alba, profesor investigador de El Colegio de México.

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“Las grande empresas marcan tendencias, tienen la hegemonía económica. Pero lo que ocurre en su mundo no siempre sucede en el ámbito de las pyme, y entre unas y otras sigue habiendo grandes polaridades: tenemos compañías de las más grandes en el mundo y microempresas en las que trabajan dos personas”, dice el investigador.

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La fortaleza nacional
Junto con Pemex, que ha sido siempre primera en la lista, en la cúspide de ‘Las 500’ se ha mantenido firme la industria automotriz, en la que México ha ganado en especialización y competencia, explica Sherwell.

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“Si la crisis de 2009 no le pegó tan duro a México fue por lo buenas que son sus empresas de manufactura de autopartes, que son de clase mundial. Eso es resultado de abrir los mercados, de entrarle a la globalización. Aun bajo presión, estas firmas respondieron muy bien y son un caso de éxito probado”, agrega Carlos Ruiz, del IPADE.

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Pero la historia no ha transcurrido igual para todas, por eso es muy útil revisar la lista de las más exitosas para comprobar cuáles superaron la etapa de sustitución de importaciones, cuáles, la crisis del 82 y la expropiación de la banca; cómo se modificó esa lista a partir de las consecuentes crisis económicas y cómo se adaptó el resto al TLC y al proceso de liberalización económica, dice Carlos Alba.

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“Al cabo de cada una de estas etapas, muchas empresas desaparecieron, otras se pusieron en venta o se fusionaron. Las grandes inversiones transitaron del sector industrial al financiero y de allí al comercial”, precisa Alba.

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Ruiz lo explica así: “A través de ‘Las 500’ es posible observar el fenómeno de la destrucción creativa: las empresas avanzan, se desarrollan y algunas desaparecen porque no son capaces de adaptarse”. Ése es el caso de firmas emblemáticas como Fundidora Monterrey o Celanese.

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En esta especie de selección natural del mundo empresarial destacan hoy las firmas diversificadas: “Aquellas que han ampliado su rango de servicios y productos y cuya elasticidad les permite transitar por años difíciles, porque se les puede caer un rubro, pero no todos al mismo tiempo”, explica Sherwell. Empresas como FEMSA proyectan este cambio: “En su línea hay refrescos, galletas, snacks, y ahora puntos de venta a través de sus tiendas de conveniencia”.

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Pero algo más habrá que destacar de las empresas exitosas que han transitado por las páginas de ‘Las 500’: una mística que las ha hecho competitivas en el mercado global.

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Es el caso de Bimbo, Modelo o Cemex, dice Carlos Ruiz: “Aunque conservan su nombre, todo en ellas ha cambiado”. Y sin embargo, junto con sus estrategias exitosas y sus modelos de negocio, hay rasgos de origen que las distinguen y que, a la larga, se convierten en fortalezas competitivas.

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“En Bimbo, el cuidado por las personas; en Cemex, el amor por el trabajo bien hecho, y en Modelo, la atención en los detalles y la distribución de sus productos”, asegura Ruiz.

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Esas pequeñas capacidades, explica, se convirtieron, al paso del tiempo, en ventajas muy fuertes, porque detrás de una marca o una firma de tradición y éxito siempre puede haber una historia de laboriosidad y consistencia.

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