Del ser estridente al ser bonaerense

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Ricardo Medina Macías

Tenía que suceder. Y sucedió. Camila la neuras cayó en las redes de el ser estridente, una de tantas modas recicladas que promete el éxito y la felicidad, la superioridad, el sentirse bien en cómodas recetas de aplicación diaria, previo pago de unos dineros a cambio de un videocasete y un folleto de frases grandilocuentes y comunes.

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Preocupado por esta nueva manía de Camila, el Gordo se impuso la tarea de averiguar en qué nueva aventura incierta se ha metido su sobrina. Así pues, una noche encendió la televisión y se sumergió en el programa propagandístico de esta nueva doctrina para la excelencia.

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Relata el Gordo que un hombre gritaba ante un micrófono: "México necesita hombres y mujeres dispuestos a dar la vida por esta idea de excelencia, verdaderos líderes que cada día se propongan ser uno por ciento mejores que ayer".

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Hay testimoniales conmovedores: "Mi vida y mi empresa cambiaron gracias al método estridente, todos los días me propongo ser el más picudo en lo que hago y lo estoy logrando". (Memorables palabras de don Heriberto Arteaga del Río, presidente y director general de Ferreterías Patito).

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Hay datos elocuentes: "Miles de personas en México y el mundo han comenzado a ser estridentes". Hay seductoras imágenes: el predicador aparece en una playa conversando con dos aventajados discípulos y explica que en sus viajes por el mundo ha comprobado que "los que la hacen" en la vida es porque se han propuesto ser excelentes. Con generosidad le dice a su auditorio que está dispuesto, mediante el pago de más pesos, a enviarles a su domicilio la imagen y la voz de la estridencia, que resume su caudal de sabiduría.

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El Gordo no sabe si esta moda de vender el éxito por televisión será inocua para Camila, quien seguramente abandonará esta pasión en una semanas. Lo cierto es que le irrita y preocupa la prédica de lugares comunes, en oratoria inflamada, por la televisión. Sin embargo, exagera. Para demostrárselo, el Chango Sarabia ha elaborado una lista de las sucesivas modas que han afligido a la humanidad en los últimos años: De Lobsang Rampa y su tercer ojo al karma, pasando por el yoga y la tercera vía (?).

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Hubo una época, recuerda el Chango, cuando cualquier adolescente que se apreciara creía ser el lobo estepario de Herman Hesse. Más tarde, fue Juan Salvador Gaviota volando alto cual asesor de secretaría de Estado; en otros días y lugares fue Gibran Jalil Gibran (con cartelones de frases hermosas) elevado al rango de filósofo moderno (como en un tiempo y en otras latitudes lo fue Rudyard Kipling y su poema If reproducido hasta la saciedad). Hay vertientes aún más pragmáticas, en las que la felicidad se diluye en el éxito material. En esta vertiente están El vendedor, de Og Mandino, y el predicador mexicano con su ser estridente. Y las modas que se disfrazan de ciencia o de religión, como la dianética o la logosofía.

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Lo curioso es que el ser estridente toma por asalto a los medios de comunicación en medio de una crisis económica devastadora. ¿Producirá al menos mexicanos excelentes? Lo dudo, vista la falta de originalidad y de excelencia de la prédica.

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No sin sarcasmo, el Chango se muestra partidario del método bonaerense o porteño, como le llama él a la proclividad de ciertos argentinos a tener inflamado el ego e inyectarse autoestima en dosis desproporcionadas.

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Consiste en levantarse todas las mañanas, verse en el espejo y exclamar con profunda convicción: Pero sós maravilloso, ché, este mundo es afortunado en contar contigo". Ya instalado en su papel de superhombre, el paciente sale a la calle a derramar por el mundo raudales de sabiduría.

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El único pero de este método es que generalmente sólo el paciente y su terapaeuta se creen el asunto, en tanto que los demás, ignorantes, dicen: "Ahí viene el insoportable de Fulanito...". El paciente debe hacer caso omiso de tales críticas infundadas; debe tomarlas como una confirmación de su magnificencia: todos los genios son incomprendidos.

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Puede ser que el Chango tenga razón en dicho método. Hace unos meses, por ejemplo, me comentaba un economista argentino: "Mirá, el asunto es manejar las expectativas, ¿cierto? En Argentina tenemos a Mingo Cavallo, el ministro de economía que realmente es un genio. El se levanta todas las mañanas, se ve en el espejo y ve a Supermán. Lo interesante es que todos los demás argentinos también creemos que el Mingo es Supermán, ¿viste?, por eso no hemos devaluado como los mexicanos". ¿Será por eso?

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El autor es periodista y director editorial del diario El Economista.

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