Delicias de ultramar

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Pequeño pero matón, Bélgica es un país que cuenta con más de 500 variedades de cerveza. Rubias, oscuras, ámbar, afrutadas, suaves o con alto contenido alcohólico; todas son un regalo al paladar. Aunque se trate de una bebida que suele identificarse con la idea de apagar la sed, se debe degustar como un buen vino, atendiendo a su sabor, olor, color y cuerpo. Aquí una muestra de su rica diversidad:

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Palm. Sus orígenes se remontan a 1747, pero hasta el siglo XIX –cuando la familia De Mesmaecker adquirió la cervecería– empezó a ser considerada de "primera división".

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Orval. Quizá la más "sana" de todas, por su composición enteramente natural: malta, cebada, azúcar y agua. Contiene además vitamina B, gracias a la levadura que se añade justo antes de embotellarla. Tiene 5.2% de alcohol.

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Leffe. Durante los años 50, el Abad de Leffe logró sacar a su abadía de la crisis gracias a la producción de esta cerveza, que se elabora desde el siglo XIII por los monjes de esta localidad.

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Jacobins (kriek). Del durazno a la fresa, del plátano a la cereza, los sabores de la cerveza belga son incontables. Hecha a base de cereza, tiene un grato sabor dulzón.

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Bière blanche (Hoegaarden). La más célebre de las cervezas belgas, de la cual existen multitud de variedades. Destaca por no ser filtrada completamente durante el proceso de fermentación.

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Duvel. La más solicitada de entre las rubias. Esta cerveza, nacida entre las dos guerras mundiales, contiene 8.5% de gradación etílica.

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Chimay. Existe desde 1850, cuando los monjes de la abadía de Scourmont comenzaron a producirla. La hay en tres versiones: la Chimay Bleue (8 grados), la Chimay Rouge ( 6.2 grados) y la Chimay Blanche (7grados).

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Aunque tarde o temprano podrán encontrarse de manera totalmente comercial, por lo pronto las cervezas belgas sólo se pueden conseguir en la ciudad de México acudiendo a la Embajada de ese país en Musset 41, Polanco.

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