Depto. de Foros. Luz y sombras de Cancú

La Reunión México 2001 del Foro Económico Mundial generó sonrisas e inquietudes a la vez.
Javier Mertínez Staines/Cancún

Aunque las imágenes que recorrieron las pantallas de televisión y las páginas de los diarios fueron sobre la golpiza propinada a los cegeacheros globalifóbicos, ciertamente se discutieron asuntos importantes en la Reunión México 2001 del Foro Económico Mundial. Si la intención de este grupo era opacar el contenido de la mesas de trabajo, establecidas en el Hotel Westin Regina de Cancún, la misión se cumplió.

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A pesar de la presencia de medio millar de líderes políticos, sociales y de negocios, sobre todo mexicanos, quien brilló como nadie fue Xóchitl Gálvez, directora de la Oficina Presidencial para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. En un estilo directo y desenfadado, convenció a la audiencia con sus exposiciones sobre la problemática indígena y el limitado presupuesto para llevar esperanza a esos olvidados rincones del país. “A los europeos aquí presentes, tan preocupados por esta situación ––señaló Gálvez––, les pido que se dejen de preocupar y que mejor se ocupen. Tengo un presupuesto de $180 millones de pesos y necesito por lo menos $800 millones. Éntrenle.”

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La reunión ––iniciada con un larguísimo y hueco discurso por el gobernador de Quintana Roo, Joaquín Hendricks–– consistió en un recorrido de dos días por los retos y las oportunidades del país en las esferas económicas, financieras, comercial, sectorial, fiscal, política, educativa, tecnológica, social e, incluso, cultural. Los trabajos fueron cerrados por José María Figueres ––director del Centro para la Agenda Global del Foro–– y el Presidente Vicente Fox, que lucía agotado a la hora de su discurso. Su mente estaba más en el “zapatour” de Marcos que en una audiencia ávida de oír planteamientos estimulantes sobre la inversión en el país.

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Por supuesto, uno de los fantasmas presentes ––además del espectáculo nudista de los globalifóbicos–– fue, una vez más, la discusión semántica de la desaceleración estadounidense. Jacob Frenkel ––presidente de Merrill Lynch International y ex gobernador del Banco de Israel––, tal como lo hiciera unas semanas antes en Davos, sustentó su optimismo acerca de la economía estadounidense con los siguientes argumentos: “Los gastos de los consumidores empiezan a recuperarse, el empleo sigue creciendo, los préstamos hipotecarios continúan al alza, el servicio de la deuda de las empresas se acerca a su nivel mínimo histórico, la productividad se mantiene muy elevada y la Fed seguirá bajando las tasas.” Es decir, el tobogán muy pronto se convertirá en escalera.

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¿Efectos para América Latina y México?, se le insiste. “La clave es la profundidad de la desaceleración. Pero lo que pasó ahora en Turquía demuestra lo afortunados que son los países (México, entre ellos) que instituyeron oportunamente el tipo de cambio flexible.” En otras palabras, Frenkel no se compromete con diagnósticos y, como señalaban algunos de los empresarios participantes, es obvio que un directivo de una importante correduría no puede enviar a los mercados mensajes de alarma. ¿Conclusión en este sentido? Ninguna, en realidad (pero que no cunda el pánico).

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Por otro lado, luego de que Francisco Gil Díaz habló de las grandes reformas pendientes (fiscal, electricidad, gas, telecomunicaciones) en manos del Congreso mexicano, reconoció ante un insistente directivo de Goldman Sachs que, en efecto, el déficit presupuestal no será menor a 1%, como está programado, sino aproximadamente de ¡5%! Cabe mencionar que esta noticia, increíblemente, pasó casi inadvertida. El problema, para no derramar mucha tinta, se circunscribe en diferencias de criterios contables. ¿Hay que preocuparse por esto?, se le preguntó a Gil. La respuesta fue: “Sí, hay que preocuparse mucho.”

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