Derrota en Texcoco

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Sergio Sarmiento

La cancelación del proyecto del aeropuerto de Texcoco constituye la mayor derrota política de la todavía joven administración de Vicente Fox. Sus consecuencias económicas, sin embargo, pueden ser aún mayores. El gobierno ha mandado todas las señales equivocadas posibles a los inversionistas y no puede culpar a nadie más que a sí mismo del desastre.

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Desde antes de que se anunciara la ubicación de la nueva terminal los ejidatarios de San Salvador Atenco habían señalado que no abandonarían sus tierras.

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La decisión de la Secretaría de la Reforma Agraria de otorgar una indemnización de sólo $7 pesos por metro cuadrado de terreno de temporal, sin tomar en cuenta las construcciones y pozos que ya existían o el hecho de que los predios vecinos alcanzan con facilidad $50 y $60 pesos por metro cuadrado, fue otro error gravísimo.

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El peor yerro fue echarse para atrás ante la violencia. Cancelar el proyecto una vez que los campesinos recurrieron al secuestro y la humillación pública de policías y funcionarios equivale a promover el uso de la violencia política.

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El nuevo aeropuerto no era un proyecto cualquiera. Aun antes de su diseño final se esperaba que fuera la mayor inversión productiva del sexenio. El monto sería de cuando menos $3,000 millones de dólares y generaría decenas de miles de empleos tanto en la construcción como, más tarde, en la fase de operación.

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La terminal aérea, además, tenía la posibilidad de convertirse en un hub o centro internacional de conexiones, por lo que le quitaría vuelos a los aeropuertos de Dallas y Miami que se han convertido en los centros de transbordo para operaciones entre Norteamérica y Latinoamérica. Esto habría generado miles de millones de dólares de ingresos al país.

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La cancelación no limitará sus repercusiones a Texcoco. Muchos inversionistas que veían con buenos ojos al gobierno de Fox han registrado ya las imágenes de un nuevo México, en el que los manifestantes de izquierda –que existen en todos los países– pueden protestar armados con machetes y tomar rehenes sin que la autoridad haga algo más que ceder supinamente a sus demandas. Va a ser muy difícil que alguien se atreva a realizar una inversión importante en nuestro país ante la incertidumbre generada por esas imágenes.

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El costo lo pagaremos todos los mexicanos. Desde hace ya tiempo era evidente que el gobierno de Fox no alcanzaría el crecimiento de 7% al año que se había puesto como meta. Pero ahora, a la falta de reformas estructurales indispensables, debe añadirse el lastre de una administración que no sabe prever conflictos y que actúa con cobardía una vez que éstos saltan a la vista.

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El autor es experto en temas políticos y económicos.

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