Desafíos que abren oportunidades

Un entorno económico y político complicado es un buen punto de partida para sentar las bases del d
Luis de Pablo*

Las condiciones necesarias para encarar conjuntamente los problemas del país son hoy mejores que ayer. Nuestro punto de partida podría caracterizarse así: estabilidad política con alternancia; gobierno descentralizado; inercia macroeconómica positiva; apertura comercial; un mercado interno constituido por casi 100 millones de consumidores; la décima economía del mundo (por tamaño, no por ingreso per cápita) y la octava exportadora; el tercer socio comercial de Estados Unidos; 300,000 cruces diarios en la frontera norte; seis partidos políticos con registro; más de la mitad de la población mayor de 18 años; 56 etnias que rebasan la cifra de 10 millones de personas; 27 millones de pobres; una capital que es una de las ciudades más grandes del mundo (y al mismo tiempo, alrededor de 110,000 localidades con menos de 500 habitantes); sexto exportador de crudo en el orbe. Y uno de los dos países de América con más de 50 años sin enfrentar un conflicto armado.

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Al ponderar lo que tenemos y examinar los rezagos, este nuevo escenario se convierte en una posibilidad de alcanzar renovadas metas que, de otra suerte, apenas hubiera tenido sentido plantear.

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Para el país, las principales tareas de fondo son:

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1 Aprender que el esfuerzo interno por sí solo no genera las condiciones de crecimiento y distribución del ingreso. Se pueden hacer los cambios que requiere el sistema en su conjunto, si se tienen definidas prioridades y existe firmeza para respetarlas. No todo puede ponerse en práctica de manera simultánea; se precisa tiempo para evaluar los resultados y corregir con decisión y oportunidad, más allá de los plazos políticos de la renovación de poderes.

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2 Convenir socialmente las metas, sin forzar la existencia de acuerdos políticos institucionales. La realización de los objetivos no siempre se vincula a reformas pactadas entre poderes y partidos. Esto no reduce la conveniencia de fortalecer los acuerdos, como parte de un proceso permanente para mejorar la cohesión entre los distintos grupos sociales. Lo que sí requerimos es el consenso nacional.

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3 Ordenar por importancia los principales criterios de la política de Estado. No se trata de inventar un nuevo modelo constitucional, sino de establecer políticas generales para un proyecto completo de crecimiento y convivencia de largo plazo. Destacan tres factores principales: seguridad jurídica (modernización de las instituciones de procuración e impartición de justicia); arquitectura institucional (revisión del diseño de las relaciones entre poderes y órdenes de gobierno); y una segunda generación de reformas electorales (evitar el dispendio y reabrir la discusión sobre los requisitos y condiciones para ingresar a un sano sistema de partidos).

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4 Los cimientos fundamentales del crecimiento de la economía nacional han ganado solidez. Lo primero y más importante sigue siendo el control de la inflación, como base para proteger el consumo de la mayoría de la población. El rigor, la transparencia y la neutralidad en el ejercicio del gasto público debe complementarse con bajas tasas de interés, disciplina monetaria y mayor supervisión y vigilancia sobre el sistema financiero. El gasto público debe ser un impulsor del mercado interno con metas debidamente enfocadas y la vivienda de interés social una base del ahorro de la mayoría.

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5 Una reforma energética y fiscal. La reforma eléctrica se vincula y encadena con la relativa al gas, ésta con la de petroquímica básica y ésta a su vez con la de la industria petrolera. En torno al tema de energía, politizado en extremo, sólo diré que el deterioro de las industrias paraestatales puede resultar irreversible en el caso de que no se cubran los requerimientos presupuestales; lo que a la larga ocasionará un déficit de abastecimiento y dependencia. Se requieren simultáneamente autonomía y mayor control. La reforma fiscal es necesaria para que el gobierno esté en condiciones de contar con recursos financieros suficientes. Debe distribuirse la responsabilidad fiscal entre los tres órdenes de gobierno, haciendo avanzar al sistema tributario para simplificar, en el mediano plazo, la recaudación del IVA y lograr que recaiga en los gobiernos de los estados. Igualmente el impuesto sobre la renta debe depositarse en manos del gobierno federal, y el predial y otros derechos en las autoridades municipales. Mientras no se realice esta tarea, seguirá aplazándose la atención del mayor problema financiero: el de las deudas contractuales que, de extenderse, pudieran provocar serios quebrantos.

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6 Repensar las relaciones laborales y volver a la vía de los acuerdos entre trabajo y capital. El sesgo por la carrera salarios-inflación desalentó la creación de empleo y ocasionó una baja relativa de la productividad en el sistema en su conjunto. Resulta indispensable examinar mecanismos de revisión salarial que aminoren la rigidez del mercado, y que al mismo tiempo fortalezcan el sindicalismo y la organización laboral. Aprovechando las ventajas comparativas de México –y no únicamente su ubicación geográfica– gobierno, empresarios y organismos laborales deberán emprender una tarea de capacitación para el trabajo y en el trabajo.

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7 Dar prioridad al desarrollo humano. Superar subsidios ineficientes y dejar atrás el asistencialismo generalizado. Hay varias tareas por hacer: combate a la pobreza extrema (los recursos no deberán reducirse durante muchos años); atender el desempleo rural y en zonas urbanas marginadas (programas de trabajo temporal incorporados a obras de infraestructura básica  y vivienda); replantear los objetivos del sistema de salud (punto de partida para alcanzar seguridad social para todos) y revertir el deterioro del tejido social (desigualdad originada por las realidades económicas).

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8 Concentrar la acción del Estado y de la sociedad en la calidad educativa, requisito indispensable para la viabilidad de México en el siglo XXI. Es preciso que, junto con la educación formal en los niveles académicos intermedios, se refuerce la enseñanza y el aprendizaje de opciones laborales que cuentan con un mercado real y potencial. Destinar recursos a la investigación pura y aplicada, y llevar a niveles de excelencia la docencia universitaria.

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Las tareas prioritarias señaladas, no obstante, carecerán de sentido si no mantenemos una actitud alerta y abierta hacia el mundo exterior. De manera creciente e irreversible, somos testigos de la interacción de hechos y procesos en el plano internacional que tienen influencia en los intereses de México. En consecuencia, debemos incorporar a nuestro modo de pensar la vertiente  mundial, asumiendo  todas las consecuencias que esto conlleve.

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No conviene considerar a América Latina como un área de liderazgos competitivos, sino como un espacio de oportunidad para el alineamiento de posturas comunes e identificación de ventajas compartidas, a fin de evitar el aislamiento del país en el marco del bilateralismo con Estados Unidos y protegernos mejor de la competencia del sur. Avanzar en que se concrete el Acuerdo de Libre Comercio para América Latina puede resultar prioritario para la reactivación económica del área.

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De igual forma, es prudente aprovechar a fondo los tratados de libre comercio que ya se tienen con la Unión Europea, acuerdos que el próximo año involucrarán a nueve países más, a partir de la incorporación de nuevos miembros a dicha comunidad de naciones.

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*El autor es director general de Luz y Fuerza del Centro.

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