Desarrollo sostenible y <br>equitativo

El carácter sustentable de todo progreso debe ser, al mismo tiempo, equitativo.

El pasado 26 de julio, el Fondo de Cultura Económica (FCE) inició un seminario sobre los distintos aspectos de la globalización.

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En la lección inaugural, Víctor Urquidi, uno de los más destacados economistas mexicanos y rector, durante muchos años, del Colegio de México, se refirió al hecho de que en el momento actual las disparidades socioeconómicas en cada país son mayores respecto de décadas o centurias pasadas, y que también lo son las existentes entre los siete países más importantes del mundo y las naciones subdesarrolladas.

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Esto querría decir, aunque no lo dijo, que las desigualdades son geométricas o exponenciales, dado que no se dan sólo entre las clases sociales de un país, sino planetariamente entre las naciones.

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Pequeña diferencia
Aunque no queda clara la relación que este hecho pudiera tener con el incontestable fenómeno de la globalización, Urquidi se planteaba los problemas que deben resolverse para que el desarrollo fuera sustentable y equitativo.

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Evidentemente, uno de los requerimientos para que este fenómeno se diese era la necesidad de que en cada país se creara una capacidad endógena para introducirse en este magno problema de la globalización, a fin de aprovecharlo, en lugar de ser aplastado por él.

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Sin embargo, queda en el tintero un asunto que desearía plantear a los lectores, pues, como empresarios (ejecutivos, políticos, estudiantes…), son parte importante del fenómeno que ha dado en llamarse globalización.

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Los adjetivos sustentable y equitativo, mencionados por Víctor Urquidi, no deben considerarse como características disyuntas del desarrollo.

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La tesis que propongo es que la sustentabilidad del desarrollo no se refiere sólo, como los economistas han querido verlo, a los efectos nocivos ambientales que un desarrollo inarticulado pudiera provocar en el planeta, ni tampoco al agotamiento de las materias primas que un progreso inadecuado pudiera producir.

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El carácter sustentable de todo desarrollo mira, en especial, a que al mismo tiempo resulte equitativo. En efecto, si el desarrollo –sea al modo neoliberal o con el calificativo que quiera aplicársele– se lleva a cabo generando una mayor disparidad, resultará insustentable. Se trata, pues, de dos calificativos que deben manejarse en forma conjunta.

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Ello lo puso de manifiesto, con la chispa que le caracteriza, Rolando Cordera, conocido director del programa Nexos, quien hizo un interesante comentario a la referida conferencia de Urquidi.

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La otra cara
Cordera mencionó que el gran ausente en el fenómeno actual de la globalización es el reclamo social. Esta ausencia no es de lo inexistente: las desigualdades sociales hacen oír su reclamo estridentemente por todas partes, es decir, por todo el globo, aunque la economía le ponga un importante factor de sordina.

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El problema social provocado por un desarrollo disyunto de la equidad, puede ponerle un tope absoluto al desarrollo mismo.

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Se ha venido considerando que el problema del desarrollo económico se debe preferentemente a la empresa privada, y que la distribución del reparto equitativo de ese desarrollo cae, de manera primordial, sobre el Estado. Pero si consideramos que el desarrollo y la equidad necesitan ir juntos, porque de lo contrario el desarrollo llegaría a su tope o a su término, está claro que quien se preocupa del progreso debe ocuparse, al mismo tiempo, de la equidad: no puede darse un reparto arbitrario de los papeles. El desarrollo equitativo es problema fundamental de la empresa privada, aunque el Estado tenga función importante en la equidad.

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Pero el reparto justo del desarrollo, es, a su vez, atribución decisiva del Estado, aunque las empresas no puedan en modo alguno desentenderse de él.

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La globalización, por lo tanto, presenta de otra manera un viejo planteamiento, que se encontraba arrojado desde hace años a la cara de la empresa. La iniciativa privada debe preocuparse no sólo de desarrollar, sino también de ser equitativa, tanto con los elementos internos de ella como con la sociedad en y con la que vive.

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Esperemos que la secuencia del seminario, iniciado por el Fondo de Cultura Económica, plantee problemas tan interesantes como estos en torno a la globalización de esta etapa de nuestra vida económica.

El autor es fundador del IPADE

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