Desempleo. Reingeniería personal

Todo indica que el fenómeno del desempleo no terminará con la crisis. La razón es sencilla: cada
María Antonieta Barragán

Qué puede hacer un ejecutivo que está por ingresar a las filas del desempleo, o que ya milita en ellas desde los primeros meses del año?

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Alarmado ante lo que califica como una "masacre de ejecutivos medios", Carlos Rojas, director para América de Amrop Internacional, firma head-hunter establecida en la ciudad de México, denuncia que algunas veces los despidos se prestan para que aparezcan situaciones poco éticas. Y si bien las providencias que deben tomarse quizá no son muchas, sí pueden ser efectivas... siempre y cuando se apliquen a conciencia, con sentido de la realidad y a tiempo.

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Contra cualquier lugar común, Rojas asegura que esta masacre no empezó en 1995, aunque, en efecto, se agudizó después de diciembre de 1994, hasta volverse insostenible. Los saldos están a la vista: en octubre de 1994, en Amrop recibían cinco currículums diarios, con expectativas de una buena oferta de trabajo; actualmente reciben 50 por día... y no hay plazas abiertas. Con pesimismo, el ejecutivo pronostica que, para finales de 1995, la cifra de ejecutivos desempleados ascenderá a 700,000.

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¿Quiénes sobreviven? Sin dudarlo, Rojas responde: "Los buenos. Aún en los tiempos más difíciles, cualquier empresa se queda con la mejor gente. Eso será así, siempre".

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La crisis de todos. Todo indica que el mercado de colocación de ejecutivos de alto nivel en las empresas disminuyó 60%, debido al congelamiento de sus nóminas y en espera de una mejor situación económica. Rojas admite que hoy sólo algunos sectores empresariales (como el financiero, el de la alta tecnología, el de manufactura y los de telecomunicaciones) aún presentan oportunidades para los ejecutivos.

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Asimismo, calcula que en lo que va del año -y por efecto de la crisis y la devaluación- el salario de los ejecutivos nacionales se contrajo 40% respecto de los niveles de otros países. Actualmente, los sueldos de los mexicanos ocupan el segundo lugar en América Latina, después de Argentina. Ello significa que un alto ejecutivo bien pagado recibe de $500,000 a $400,000 dólares anuales, mientras que un ejecutivo medio devenga unos $300,000 dólares en el mismo lapso.

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Por primera vez en la historia de México, comenta Rojas, este gremio laboral ha sido seriamente afectado. Pero, continúa, como siempre ha sido sujeto de crédito y se le ha visto como una persona con solidez financiera, ahora la situación se le revierte por las circunstancias que privan en los préstamos bancarios y en tarjetas de crédito. Se trata de personas que se comprometieron, y ahora, por más que reestructuren sus deudas, no pueden con la carga de intereses. Y si a eso se le agrega el desempleo galopante, se vuelve una situación de enorme angustia, asegura el directivo de Amrop.

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Para colmo, ante la posibilidad de la pérdida de empleo -o de encontrarse ante el hecho consumado de incorporarse al creciente número de desempleados-, el espectro de opciones es muy limitado. Rojas cree que no hay soluciones que resuelvan mágicamente una crisis laboral. Sin embargo, llegado el caso del despido, advierte que se tiene que hacer una autoevaluación seria y honesta de las aptitudes profesionales.

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Pero, además, la excusa de los recortes a veces se presta para manejos corporativos un tanto turbios. "Hay quienes aprovechan esta situación -cuenta Rojas para despedir a empleados antiguos y luego contratar a otros, tal vez más competentes, pero con un salario menor, pues este tipo de personas abundan en el mercado. Eso, desde mi perspectiva, es inmoral. Se olvidan de aspectos como la lealtad a la compañía. Lo peor es que hay patrones que lo toman cómo un deporte. Ante ese temor, no se puede rendir en el trabajo."

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Y pone un ejemplo, quizá radical, al considerar la situación por la que atraviesan los gerentes de sucursales bancarias. Por lo general, apunta, son personas que rondan los 50 años y que no saben hacer otra cosa más que eso: ser gerentes de sucursal. En esos casos, hay escasos parámetros para hacerse un autodiagnóstico y, si hay carencias profesionales, pues "reinventarse" y tomar otros caminos más redituables. Si bien el ingreso no será igual, por lo menos puede ser algo aproximado. "Se trata –dice- de hacer una reingeniería personal de nuestra actividad profesional. Necesitamos humildad para reconocer que el trabajo que veníamos desempeñando posiblemente ya no lo podremos realizar de nuevo, y estar abiertos a otras opciones ocupacionales."

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Los consejos varían para quien está a punto o ya es desempleado. Sin embargo, en ambos casos la constante es la misma: hay que reinventarse a sí mismo y para ello, primero "se tiene que decidir si uno se puede reinventar por la vía de la educación o si se tiene que inventar un negocio propio", asegura Rojas.

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Realismo y tonterías. En estas fechas, el ejecutivo mexicano tiene que ser extremadamente realista. De acuerdo con Rojas, ha faltado imaginación para enfrentar esta crisis, tanto por parte de las empresas como de los ejecutivos. Las empresas, al parecer, sólo han hallado medidas drásticas de recorte de personal, sin considerar siquiera otras alternativas menos radicales; los ejecutivos, por su parte, se desesperan, pues no es fácil encontrar un trabajo igual al que tenían y no se dan cuenta que en México, hoy, es realmente difícil hallar empleo.

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"El gran problema al que nos enfrentamos -dice Rojas- es a la falta de realismo. Se sueña con puras tonterías que no van a ocurrir. Lo peor de todo es que si no se actúa a tiempo, se puede consumir la liquidación y no se concretó ni siquiera un humilde negocito."

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Y para los que han tenido la suerte de encontrar un trabajo después de haber sido despedidos, pues lo más prudente es no incrementar las expectativas de salario. Si se ganaba 100 pues no se solicita 300; si se era contralor, muy probablemente no se hallará una plaza vacante de director de finanzas, sino a lo mucho de contralor; y así, sucesivamente..."Uno se tiene que tragar una sopita de humildad y moderar las pretensiones. Buscar lo que es posible y no sólo lo deseable."

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En cuanto a la competencia que significan los jóvenes para un hombre ya maduro, Rojas argumenta que éstos tienen un problema de orden inverso: están muy bien educados, son tremendamente ambiciosos, hablan tres idiomas, tienen tres maestrías; etcétera, etcétera, pero tienen cero experiencia... Y, sin embargo, sus expectativas son altísimas. Para ellos la recomendación es: "No me preguntes qué voy a hacer por ti; pregúntate qué vas a hacer por mí".

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Y, concluye, por supuesto que jamás se debe olvidar que cada vez existe más gente dispuesta a trabajar, por menos sueldo... y con la misma carga de trabajo.

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