Despojos

Deshacerse de lo que hemos sido es también un acto de invención. Esta muestra pictórica lo prueba

Bertha Taracena, crítica e historiadora de arte, asevera, al referirse a las pinturas más recientes de Maru Vázquez, que “contribuyen con sus ardientes testimonios visuales a justificar de manera objetiva y elocuente la permanencia de los valores de fe y esperanza, justicia y progreso, que permiten al hombre de estos tiempos proseguir con su existencia”. Se equivoca.

- Al menos en esta sección de Despojos –segunda de tres exposiciones que se presentan individualmente en París, México y Chicago– me parece incuestionable la subjetividad más íntima, el obsesivo viaje interior en busca de un tiempo solidificado, el pasado personal del cual quiere despojarse.

- Cuando uno contempla las obras de esta artista –elaboradas con base en resinas, talco industrial y una técnica mixta de acrílico y gouache– cree encontrarse frente a paisajes desolados de naturaleza mineral. Sin embargo, una mirada más atenta revela que están poblados por jirones de carne, rostros imprecisos, multitud de huecos significativos, oquedades secretas que dan a la colección completa la intensidad de lo vivo.

- El empleo de volúmenes –tanto por el trabajo en texturas como por la fuerza del trazo mismo– tiene como función suprimir el carácter monolítico de cada cuadro y multiplicar los matices, sin anular su espíritu de paredes y montañas colosales. Otra muestra de su inteligencia y oficio: el delicado manejo de los colores –predominantemente ocres y sienas– nos remite a la tierra y permite al mismo tiempo el sutil paso a rojos sangre, rojos carne (sobre todo de mujer) y rojos vida.

- Maru Vázquez, Despojos.
Del 22 de septiembre al 6 de octubre.
Galería de Arte Contemporáneo Misrachi,
Horacio 1120, Polanco.
Tels. 52 81 76 79 y 52 81 79 34.

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