Después de los 48

¿Cuántos se atreven a apostarlo todo teniendo casi medio siglo de vida? Uno, al menos, con sueños
Louise Guénette

"La vida no me debe nada", afirma a sus 92 años el fundador de Grupo Gigante, Ángel Losada Gómez. Ese estar a mano lo resume en una frase llena de ludismo: "He hecho lo que me ha dado la gana."

- Hoy 35,000 personas, sus empleados, se congratulan y benefician de que a este hombre, aún presidente del grupo, alguna vez le viniera en gana tener su propia tienda de autoservicio.

- Hijo de comerciantes de la provincia de Santander, España, Losada llegó en 1923 a México, solo y con 15 años de edad. Su intención era trabajar con un hermano en la capital, pero pronto se dirigió a Apan, Hidalgo, donde laboró en la tienda de un cuñado. Trabajó, ahorró y se independizó. Al principio su negocio era comercializar semillas y abarrotes; después agregó maquinaria agrícola y cebada, para las malteras de la región. Ahí, al frente de sus empresas en los llanos de Apan, llegó a sentirse más hidalguense que santanderino. Se encariñó con la gente del pueblo, la comida ranchera, el pulque.

- Corría 1940. A los 48 años algunos de sus cuatro hijos –tres mujeres, un varón– habían llegado a la edad de los estudios superiores y por ello la familia se mudó a la ciudad de México. Pero esa no era la única razón de la mudanza: Losada buscaba nuevos retos. "Siempre he sido ambicioso, inquieto, y me ha gustado lanzarme a cosas más difíciles." Para dar el siguiente paso, reunió a ocho socios y puso la que, en ese entonces, era la más grande tienda de autoservicio en Latinoamérica, semejante a las que había visto en Estados Unidos y, por cierto, a una que había encontrado en las calles de Bolívar y Universidad, bajo el nombre de su futuro y tradicional rival, Aurrerá.

- Como lo atestigua el nombre de aquella nueva tienda, Gigante, su impulsor desde el principio pensaba a lo grande; de hecho, en ese momento ya tomaba forma en su cabeza la creación de una cadena de establecimientos.

- No es de sorprender que en ese tiempo de los pioneros del autoservicio, el negocio registrara pérdidas el primer año. Ofrecía todo: desde un pequeño tigre hasta un coche. Los clientes y los mismos empleados de repente robaban de los anaqueles, tan extensos y expuestos. Los socios de Losada se desanimaron. Éste los liquidó y perseveró. "Yo voy a seguir, no voy a fracasar", decía. La tienda vende bien –razonaba el comerciante–, lo que falta es una mejor administración para reducir costos.

- Su valentía para tomar pasos decisivos le sirvió más de una vez, al igual que su tenacidad frente a las dificultades que se le presentaron en el camino. Los golpes más terribles para Gigante fueron las devaluaciones, debido a que varias veces financió la compra de cadenas comerciales con créditos. En tiempos de crisis los intereses se disparan, mientras bajan los ingresos. "Teníamos deuda casualmente por la forma de ser mía… siempre he sido muy lanzado", admite Losada.

- Gigante es la tercera cadena comercial más importante del país, con ventas de $27,000 millones de pesos en 2000, buena parte gracias a la adquisición de 23 tiendas Astra, en 1987, más ocho El Sardinero en 1992. La última gran negociación de Losada, la compra de 56 tiendas Blanco durante ese mismo año, le pesó mucho cuando se desataron nuevamente las fuerzas económicas negativas en 1994.

- El abanico actual
Desde aquel primer comercio capitalino de 32,000 metros cuadrados, la cadena creció y hoy representa más de un millón de metros cuadrados de piso de venta, 134 tiendas Gigante, 41 Bodegas, 15 Superprecio, 34 SuperG, 40 restaurantes Toks, y participación en 53 tiendas Office Depot –de artículos para oficina– y 48 de artículos electrónicos Radioshack. Gigante incluso cruzó la frontera norte y alcanzó a los mexicanos en California, donde operan tres tiendas.

- El éxito no le quitó la sencillez a Losada. El comerciante, que empezó su carrera atendiendo él mismo a los clientes desde el mostrador, se acuerda de la importancia del trato amable y de la sonrisa. Aun ahora que sus piernas "no aguantan mucho", no ha dejado de tomar el pulso del mercado con paseos por el piso de ventas. "Las tiendas se manejan desde oficinas, sí, pero también hay que ir a saludar a la gente y los empleados y ver cómo van", dice.

- No sólo lo distingue su sencillez, también la generosidad. Su puerta siempre está abierta para responder a solicitudes de ayuda de asociaciones civiles durante las pocas horas diarias que trabaja en las oficinas de Gigante. La familia tiene costumbres filantrópicas que pretende institucionalizar por medio de la creación de una fundación.

- Con ese perfil psicológico no suena raro que el patriarca haya dejado sin resentimiento alguno la presidencia ejecutiva de Gigante en manos de su hijo, Ángel Losada Moreno, hace tres años. Se siente orgulloso de que su vástago varón –quien, al igual que sus dos hermanas (una de ellas murió) fuera educado en mancuerna con María Teresa Moreno, su madre–, haya salido "con casta".

- El hijo afirma inspirarse en la visión y valor de su padre. Asegura haber aprendido de él valores como respeto, justicia y honestidad. En el entorno actual de globalización, donde productos y competidores vienen de todas partes del mundo, estas cualidades todavía sirven. "Lo básico sigue siendo lo mismo: tratar a la gente, atenderla, conseguir productos, precios, calidad, surtido", dice Losada Moreno.

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- Aunque 20% de las acciones de Grupo Gigante cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores, éste se mantiene como un negocio familiar, independiente. Su alianza de cinco años con Carrefour no prosiguió porque la cadena francesa de autoservicio quería ganar participación de mercado a costa de ganancias, estrategia que no aceptó Gigante.

- Sin embargo, el veterano empresario no rechaza la posibilidad de vender la compañía, si un día llega la propuesta correcta. Por lo pronto sigue en la presidencia del Consejo de Administración del grupo, desde donde expresa sus opiniones acerca de la competencia, la publicidad, la política del país y el entorno económico.

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