Detrás de una mujer

En la industria tecnológica mexicana, el talento femenino cada vez es más abundante. Aquí, cuatro
Silvia Ansorena Coyne

No son ni mejores ni peores que los hombres, pero todavía son pocas. Desde sus puestos directivos en firmas de tecnología, una cuarteta de mujeres habla del trabajo, la vida familiar y, sobre todo, de cómo lograron compaginar ambos aspectos. El secreto de la combinación perfecta, coinciden las entrevistadas por Expansión, radica en mucho esfuerzo y en una gran capacidad de organización.

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"Vivir estresada"
-Ana Paula Nacif, directora de Mercadotecnia en IBM de México

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"Las mujeres descifran las ecuaciones de una forma diferente; somos capaces de desempeñar diversos roles al mismo tiempo", comenta la directiva, casada y madre de dos niños (de cuatro y ocho meses de edad). Cuando Nacif estudiaba administración de empresas en la Universidad Anáhuac, un profesor –en aquel entonces presidente del proveedor tecnológico– la invitó a trabajar en la compañía. A partir de ese momento, la vida de esta mexicana de 35 años quedó ligada al mundo del cómputo.

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Siendo una "escuincla" de 22 años –según sus palabras–, Ana Paula ingresó a IBM de México como asistente de la presidencia, oportunidad que le brindó una amplia perspectiva del negocio. Más adelante, pasó al área de Ventas en Monterrey; después fue enviada a Estados Unidos con el fin de que se especializara en soluciones para el sector educativo. La experiencia –recuerda– fue encantadora: "analizar cómo la tecnología puede contribuir al desarrollo cognitivo de un niño de kinder". De regreso en México, siguió como vendedora en el sector académico, hasta que comenzó a involucrarse con las áreas de producto y servicios.

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En 1997, inmersa en estrategias comerciales, Nacif tuvo a su primer hijo, Pablo. "Mi momento profesional coincidió con el momento personal de mi primogénito", comenta. Como no quería dejar al niño en una guardería durante ocho horas y tampoco deseaba abandonar un empleo fascinante, decidió montar una oficina en casa. La organización le brindo su apoyo: una segunda línea telefónica, fax, computadora y un lugar cómodo para trabajar sin tener que salir del hogar.

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De hecho, Ana Paula fue una de las pioneras en las iniciativas de flexibilidad laboral de IBM. Hoy el proveedor cuenta con seis programas en ese rubro: media jornada, trabajo en casa, permisos especiales de un año (con la promesa de obtener un empleo similar al regreso), entre otros.

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Mientras su hijo crecía, ella continuó laborando desde su hogar un 70% del tiempo; el resto tenía que dedicarlo a trasladarse por Latinoamérica. "Viajaba conmigo quien se dejara –comenta–: mi mamá, la nana, mi hermana o mi cuñada. Alguien tenía que ayudarme con el niño."

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El segundo bebé, Pedro, llegó hace ocho meses. Embarazada de siete meses, Nacif recibió el ofrecimiento de la dirección de Mercadotecnia. "Casi me caigo de la silla –rememora–; les pregunté si estaban conscientes de la propuesta, porque yo estaba a punto de dejar de circular por un rato."

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Ana Paula fue designada en ese puesto en diciembre de 2000 y no volvió a la oficina sino hasta junio del siguiente año: "no podía hacer nada para retrasar mi proyecto".

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Durante cinco meses, la flamante ejecutiva citó a sus gerentes en casa y organizó reuniones de trabajo en la sala. Sus compañeros en IBM, reconoce, le ayudaron mucho. "Creo que puedes desarrollar en la gente lo que tú quieras. Las personas, que observan tu labor y esfuerzo, se solidarizan contigo", apunta.

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De vuelta en la oficina, Nacif tenía que anotar en su agenda que debía sacarse la leche –quiso alimentar a sus hijos de forma natural–. "El secreto es mucho trabajo. Muchísimo empeño para demostrar que sí se puede compaginar todo. Yo vivo totalmente estresada.

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Y delego todo lo posible: el supermercado por teléfono, reuniones de negocios con la presencia de la nana, videoconferencia, etcétera."

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La directora de Mercadotecnia llega a casa por las tardes, acuesta a los niños, cena con su marido y labora un rato en la computadora (hasta las 12 de la noche). Además de la "chamba", están las juntas con la maestra del niño, las clases de futbol y la organización del menú para toda la semana. Es más trabajo, pero –reta–: "¿Quién dijo que no se puede?"

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"No sabían cómo tratarme"
-Bárbara Mair, directora general de Compaq Computer de México

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Mexicana, hija de madre inglesa y padre escocés criado en Chile, Barbara Mair estudió computación porque no sabía exactamente qué quería hacer y pensó que el mundo tecnológico estaba relacionado con todo. Tras terminar la carrera en Estados Unidos, un compañero le pidió que lo acompañara a una entrevista de trabajo. Gran sorpresa: la empresa decidió contratar a Bárbara.

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Inició como programadora en una firma especializada en el mundo de los mainframes. El empleo la fascinó. En esa compañía, la entrevistada consiguió dirigir a un grupo de analistas e incursionó en el área de mercadotecnia.

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Durante estos primeros años, también ocupó un puesto regional cuyo objetivo era extender la presencia de la organización hacia Latinoamérica, actividad que realizó desde México debido a que en su matrimonio hay un pacto: "haz lo que quieras en tu trabajo, pero sin tener que mudarnos de país".

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En 1993, Mair ingresó a Compaq e inició su trayecto como directora de Ventas. "Cuando llegué, la corporación facturaba $60 millones de dólares al año. Hoy, en ese renglón, está por arriba de los $600 millones de dólares. En 1993, tenía 30 empleados; actualmente cuenta con más de 300", apunta.

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Ha sido, según sus propias palabras, una carrera "muy bonita", la cual siguió en ascenso. En 1995, la empresa le ofreció la dirección general de la filial mexicana. Bárbara, que estaba recomendando gente para la plaza, primero sintió una gran sorpresa y después una tremenda responsabilidad. "Estaban tomando el riesgo con alguien que nunca había manejado un puesto así, una mujer."

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Durante ese mismo año, cuenta Mair, realizó su maestría en Finanzas. Así le gusta recordarlo. Cuando piensa por qué fue elegida para encabezar una agrupación en aquellos momentos tan difíciles –justo después de la crisis de diciembre de 1994–, cree que se debió a un factor específico: ella siempre pensó que podía colocar a Compaq como la número uno del mercado mexicano.

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Al frente del proveedor, la entrevistada ha encabezado varios procesos de fusión corporativa. El primero con Tandem, en 1997; la experiencia implicó lidiar con una compañía tradicional: un mundo de hombres donde no había, asegura, ni una sola mujer profesionista. "No sabían cómo tratarme –apunta–. Cuando se enfrentaban a negociar con una mujer, no sabían cómo hacerlo."

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Un año después(1998), ocurrió la compra de Digital Equipment y, a los pocos días, nació Daniel, el primer hijo de Bárbara. Durante los tres meses iniciales, Mair aprendió a ser mamá, y fue "fabuloso". Al volver a la oficina, decidió llevar consigo al bebé, porque quería seguir amamantándolo.

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En una sala al lado de su oficina, montó una guardería. "Yo tenía un enorme compromiso con la organización, pero también con mi hijo." Mientras no interrumpiera, alimentar a Daniel en el transcurso de una junta no parecía algo tan descabellado.

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La directiva rememora aquellos días y reconoce que sorprendió a mucha gente, pero también afirma que lo volvería a hacer, porque la corporación no sufrió y el niño tampoco. Año y medio después, tuvo una niña. Si era necesario viajar, abordaba el avión con la bebé. "Las personas no se daban cuentan –evoca–. Yo llevaba a mi hija y me salía de reuniones para amamantarla. Así como algunos salen a fumar, yo aprovechaba las pausas para alimentar a mi hija."

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Ser gerente o directora –comenta la líder de Compaq en México– no cambia las cosas; es cuestión de organizarse, algo para lo que "las mujeres tenemos una habilidad tremenda". Incluso hoy, en plena fusión con Hewlett-Packard y pensando en todos los retos que aún faltan por llegar, Bárbara Mair intenta mantener la mente tranquila para desempeñar bien su trabajo y llevar una vida familiar plena. De momento, sigue sin tiempo que dedicar a ella misma, pero asegura que todo se acomodará.

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"Mucha presión social"
-Blanca Treviño, directora ejecutiva de Softtek

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Originaria de Monterrey, la ejecutiva es la segunda hija de una familia de siete –el Family Support System, como lo llama ella–. Después de estudiar en un colegio de monjas, decidió inscribirse en la carrera de sistemas computacionales.

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A última hora, pensando que la disciplina elegida "estaría bien difícil", la joven optó por la licenciatura en mercadotecnia. Cuando se enteró de la decisión, su papá le dijo algo que no olvidará nunca: "puedo aceptar que mi hija sea tonta, pero no miedosa. Te cambias y regresas a tu carrera."

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Así, Blanca volvió a su elección original. Y disfrutó la vida estudiantil. A mitad de la carrera, Treviño anticipó asignaturas para estudiar un semestre en París, Francia. Partió, regresó y empezó a trabajar. "Siempre he sido una mujer de retos –comenta–, busco cosas complicadas. Analizo mi historia y pienso: ¿qué necesidad tenía de adelantar materias o comenzar a laborar desde estudiante?"

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Pero lo hizo, en la empresa Dinámica –de Grupo Alfa–, donde se probó en varias áreas: Programación, Análisis y Coordinación. Creció profesionalmente durante una época en la que no había un número significativo de mujeres ocupando puestos importantes. "Entonces, en muchas compañías, las mujeres tenían que firmar una hoja donde se establecía que el casarse implicaba renunciar", recuerda.

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Blanca se casó, abandonó la organización y entró a formar parte del pequeñísimo equipo de Softtek (firma que acababa de fundarse). Eran mediados de los 80. Al principio, el crecimiento de la empresa fue meteórico: abrió oficinas en otras ciudades y países. La nómina, en 10 años, pasó de 20 personas a 50, y de ahí a 2,400 empleados.

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Fueron años de mucho trabajo; de mucha presión social en una ciudad –Monterrey, lugar de residencia de Treviño– donde no todo el mundo ve bien que una señora casada coma y cene con otros hombres. "Mi esposo es de Saltillo –cuenta–, de bota picuda. A la primera impresión podrías asegurar que es un macho mexicano; en realidad, mi marido me ayuda muchísimo. No fue fácil, porque el entorno coacciona demasiado y yo tenía que viajar."

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La directiva trabajó hasta el día en que nació su primera hija, en 1989. Apenas 15 días después estaba de vuelta en la oficina, aunque la reincorporación se realizó en forma gradual (dos o tres horas) y con el apoyo de toda la familia, que se encargaba de la pequeña cuando ella no estaba.

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"Yo no hubiera podido compaginar todo –señala–: implicaba viajar y dejar a mi hija en una guardería o demasiado tiempo con una nana. Tengo muchas hermanas y mi mamá, mi Family Support System. Lo importante es trabajar por resultados, y en ese sentido yo no me sentía mal por contar con un horario más flexible."

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Después de la maternidad, los primeros viajes de Blanca fueron de locura: intentaba ir y regresar en el mismo día o no quedarse en ningún lugar más de una noche. Los aeropuertos le hacían llorar, recuerda. El cuestionamiento social seguía ahí: si hoy le preguntan cómo consigue llegar a todo, antes no faltó quien insinuara que no le importaba su hija.

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Actualmente la ejecutiva tiene dos niñas, de 12 y ocho años. Desde muy pequeñas ambas saben que mamá trabaja… y de mayores quieren hacer lo mismo. Les maravilla que ella tenga secretaria. "Fue cansado, porque me presioné mucho para que no se notara una diferencia –afirma–; llegué a todo a tiempo, viajé como el que más y me he sentido muy apoyada y valorada. Me encanta ser madre y me encanta mi trabajo, así soy."

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Treviño asumió la dirección ejecutiva de Softtek a finales de agosto de 2000, en medio de una crisis en la asociación. La lucha para mantener estable el ánimo de los trabajadores, definir estrategias de éxito y estar cerca de los clientes ha sido dura. "Me gusta tener la situación bajo control –añade–; no libre de problemas, pero sí bajo control."

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Y entre reunión y reunión, las juntas de la escuela. O las mentiras piadosas; por ejemplo: cuando asegura que tiene una cita de trabajo a las siete de la tarde, pero en realidad debe asistir a una fiesta infantil con piñata.

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"Brindar más de 100%"
-Josefina Valle, directora de Ventas en EMC

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Nació en San Luis Potosí y estudió contaduría pública. Sin embargo, después de ganar una beca que otorgaba un proveedor de tecnología, sus pasos profesionales cambiaron de rumbo.

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Durante la carrera Josefina apenas había tocado materias técnicas; pero como su objetivo de vida era viajar mucho, intuyó que esa oportunidad le ayudaría a conseguir tal meta.

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El proceso fue duro, con exámenes semanales que exigían un promedio de ocho para conservar el apoyo académico. "Cuando empezaban a hablar del almacenamiento de los discos, [EMC es una compañía especializada en tecnologías de conservación y respaldo de datos], yo pensaba en los únicos que conocía: los LPS", recuerda con humor.

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Concluido el curso, los egresados se integraron a la empresa que ofreció las subvenciones. Así, 12 mujeres empezaron a trabajar como ingenieras de sistemas en diferentes especialidades de software, situación muy poco habitual en aquel entonces.

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Ya dentro de la organización, se asignó a Valle la cuenta de Serfin. De esta forma, comenzó a perfilar una carrera en el sector bancario; primero como especialista en cómputo, luego como representante de Ventas de Tecnología y después como gerente. Más adelante, habiendo ya laborado en un área de negocios electrónicos (e-Business), Josefina fue invitada a ocupar el cargo de directora de Ventas para el sector financiero.

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Durante todo este tiempo –y en una serie de puestos que tradicionalmente no ocupaban las mujeres–, Valle se fijó la meta de trabajar el doble o el triple, a fin de demostrar que estaba a la altura de las circunstancias. "Tienes que mostrar constantemente que vales por tus neuronas –afirma–, no por ser mujer u hombre."

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Con el paso de los años, aunque sin evitar uno que otro coraje, las cosas comenzaron a marchar cada vez mejor: dejó de preocuparse por quién hacía más o menos, o era más apto. "Yo cumplía con mi trabajo, lo hacía lo mejor que podía. Y esta actitud es la que me brindó resultados excelentes. Lo que es de uno –añade– nadie te lo puede quitar y lo que no fue, es que no tenía que serlo."

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En ocasiones, a Valle le ha ocurrido que realiza una pregunta y no se la responden directamente a ella, sino a otro compañero de sexo masculino. Hoy considera que este tipo de situaciones sólo son anécdotas en el camino. Prefiere reír.

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La entrevistada señala que todavía queda mucho por mejorar en la condición laboral de la mujer, especialmente en los casos de embarazo o maternidad, en los que las empresas deberían ofrecer un apoyo más amplio.

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Después de muchos años brindando más de 100% y volcada completamente en su profesión, Josefina Valle, soltera y sin hijos, intenta regalarse tiempo en su vida personal. "Siempre he querido estudiar un diplomado en decoración, pero resulta complicado porque eso no tiene nada que ver con mi carrera.

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Además, los cursos se programan a las 11 o 12 de la mañana; eso complica las cosas, ya que dependo de mis clientes y las juntas", asevera.

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Actualmente, en toda la estructura latinoamericana de EMC, ella es la única directora. En su quehacer diario hay muchas reuniones, desayunos, comidas y entrevistas con el equipo de ventas y la clientela. Su meta: más tiempo para ella, quizás encontrar un diplomado que se adecue a sus horarios.

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