Deuda externa fantasma obstinado

La deuda externa continúa siendo un problema sin resolver para más de 58 naciones, entre ellas Mé
Socorro López Espinosa

Datos del Banco Mundial indican que, desde 1982 a la fecha, los países en desarrollo continúan inmersos en el grave problema de la deuda externa. En 1982, la deuda externa total sumó $850,000 millones de dólares; para 1994 fue de $1.95 billones de dólares. Durante esos 12 años las naciones en desarrollo pagaron, en conjunto, alrededor de $2 billones de dólares a bancos, gobiernos e instituciones multilaterales; la mitad correspondió a amortizaciones y la otra mitad a intereses.

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En las Tablas Mundiales de Deuda, 19 de los 48 países altamente endeudados (SILICs, por sus siglas en inglés) son naciones de medianos ingresos y de éstos, la mitad corresponden a América Latina y el Caribe.

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La deuda total de los SILICs en 1982 fue de unos $74,000 millones de dólares y para 1994 sumó alrededor de $200,000 millones. Aunado a ello, esa deuda total representó, en el primer año, hasta 33% del Producto Interno Bruto (PIB) conjunto y hasta 200% de sus exportaciones totales; pero para 1992 las cifras pasaron a representar 120 y 500% respectivamente.

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Según especialistas de México, Europa, Estados Unidos y América Latina, la crisis de los años 80 dista mucho de haber sido resuelta, al observarse que las renegociaciones y la reestructuración para cubrir el servicio de la deuda no son medidas que realmente hayan resuelto el problema. México constituye un ejemplo del tratamiento inadecuado que se ha dado a la deuda externa, empezando por las políticas de ajuste estructural que aplican el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

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No debe reemplazarse a los Estados. Carlos Heredia, del Equipo Pueblo, enfatiza que la crisis mexicana no sólo fue "error de un funcionario, sino que data desde 1982, cuando estalló la primera crisis, y del seguimiento de una política económica errónea que no atendió lo básico". Y es sólo hasta ahora, añade, cuando el sistema financiero global se ve amenazado con esta crisis, que los países industrializados y ambas instituciones financieras empiezan a considerar la necesidad de desarrollar "un enfoque comprensivo para asistir a países con problemas de deuda multilateral".

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Ted van Hees, coordinador de la Red Europea sobre Deuda y Desarrollo (EURODAD), con sede en Bélgica, afirma que la solución a la actual crisis, no sólo de México sino del resto de las naciones de Latinoamérica, del Caribe -y de África, debe ser con una política integral, que dé una "atención primordial al aparato productivo, y donde el Estado nacional no sea reemplazado por instituciones financieras internacionales".

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Indica que desde la década pasada a la fecha, estas últimas y los propios países sólo dan atención a la deuda en forma coyuntural y no a largo plazo, y por ello ven frenado su desarrollo; la deuda y el servicio de ésta resultan insostenibles para gobiernos y población. "El alivio adecuado de la deuda es una condición necesaria, pero no suficiente para un desarrollo exitoso y duradero. Junto con el programa de ayuda en la forma de divisa extranjera, debe haber una buena gestión económica, que es la forma más productiva de ayuda extranjera", expresa.

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Coincidiendo con Heredia y con Steve Hellinger, de -Development GAP Estados Unidos, señala que en la pasada reunión del Grupo de los Siete, en Halifax, Canadá, se logró un ligero avance. Allí, las naciones desarrolladas plantearon la necesidad de que el Banco Mundial y el FMI, además de continuar con sus funciones originales, desarrollen un enfoque comprensivo para asistir a los países endeudados y utilicen mejor sus recursos.

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Aunque esa recomendación, añade, puede conducir a que la función de los Estados se agote, como resultado del ajuste estructural --se están convirtiendo en instituciones que no pueden garantizar la infraestructura básica de su país-, da espacio político a otros para atender problemas sociales básicos, como salud, educación, bienestar social, función que asumirán el Banco Mundial y el FMI.

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Opina que el terreno, lamentablemente, es propicio, dado que los empresarios locales de las naciones endeudadas no muestran un real interés en asumir su responsabilidad y compromiso con su país, sino que sólo protegen sus intereses y actúan conforme a la apertura de mercados señalada por las multinacionales.

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Entre las propuestas de las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), académicos e investigadores para una salida a la problemática de la deuda, están la aplicación de una estrategia -"comprensiva". Esta debe incluir las deudas bilateral oficial, multilateral y comercial, para que los países en desarrollo tengan un nivel de deuda sostenible, que no les impida un desarrollo social y humano; que se analice qué tipo de reestructuración de deuda necesitan los países; desarrollar un paquete que combine cancelación y refinanciamiento con recursos del FMI y del Banco Mundial; analizar la relación entre deuda externa y doméstica, y que los programas de reducción no sean un instrumento para arrancar programas de ajuste estructural, sino para promover el desarrollo social y humano sostenibles.

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México debe renegociar. En el caso de México, el economista Andrés Peñaloza, asesor parlamentario e integrante de la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio (RMALC), advierte la necesidad de que este país busque una renegociación de la deuda externa pública y privada, como la única manera para flexibilizar los instrumentos de las políticas monetaria, fiscal y crediticio, que permitan un crecimiento real y sostenido; además, debe replantear la política de apertura comercial.

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La deuda mexicana, indica, es "impagable e incompatible con el objetivo de sano crecimiento económico". Hasta marzo de 1995, la deuda total del país ascendía a $153,052 millones de dólares, que representa 77.2% del PIB, 10 puntos más que el año pasado y 28 más que hace seis. "La renegociación no sólo es necesaria para el desarrollo sostenido de México, sino un imperativo para asegurar la estabilidad del sistema financiero internacional", puntualiza.

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Establece que la renegociación debe buscar una reducción significativa en el saldo de la deuda, con tal de disminuir la carga por pago de intereses y amortizaciones, lo cual puede hacerse si se toma como referencia el valor de la deuda en los mercados secundarios. "El monto a eliminar debe ser lo suficientemente importante para asegurar que se reduzca la presión derivada de su servicio, aunado a modificar el perfil de los vencimientos, fijar periodos de gracia largos para que la economía realmente inicie y consolide su recuperación".

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Es obvio que el proyecto de desarrollo no sólo depende de que se concrete esta renegociación. Además hay que incentivar el ahorro interno, alentar la productividad, aplicar incentivos fiscales junto con una reforma fiscal integral, y manejar de manera más eficiente las empresas públicas para aumentar los recursos y utilizarlas como palanca del desarrollo.

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