Diferencias, misterios por vivir

Según algunos, no existen motivos suficientes para que la raza humana unifique sus formas de percib
María José Martínez Vial

En el World Trade Center de la ciudad de México tuvo lugar ExpoBusiness, una de las mayores ferias de negocios en América Latina (patrocinada por Grupo Editorial Expansión). Ahí, entre conferencistas de renombre y estantes de las más prestigiadas compañías, George W. Dionne, coautor de Más allá de las diferencias, aceptó la invitación para compartir algunas de sus reflexiones. En la entrevista, el escritor habló de México y su relación con la tecnología, alta dirección, capital humano, etnias, libre comercio, ética y liderazgo.

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A continuación, parte de la charla:

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¿Qué debe esperar México de la nueva economía y la globalización?
- -Que no fueran excluyentes. Para mí, la nueva economía debe tener fronteras porosas, sitios donde puedan traspasar ideas, productos, oportunidades o gente. Un espacio en el que se ofrezcan opciones de desarrollo para todo el mundo.

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Por otro lado, creo que la globalización debe ser una posibilidad de acceder a los recursos existentes de una forma más equitativa, pero no hablo de ser iguales o clones. Por ejemplo, estoy convencido de que debe incluir a Chiapas, a los indígenas, que hasta ahora han sido excluidos de este proyecto mundial, y también de su país.

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¿Pero cómo evitar que la gente caiga en una zona de exclusión, de olvido?
- -Las personas, lo que hoy se conoce como capital humano, están en riesgo desde antes, no sólo con la nueva economía. He oído a empresas jactarse de que el hombre es la piedra angular de las organizaciones, pero luego invierten todo su tiempo y dinero en tecnología, no en fomentar un diálogo inteligente con su personal.

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Aplicándolo a México, los valores de la familia, el calor humano, la relación de amistad entre su gente y cultura no deben ser objeto de negociación en un Tratado de Libre Comercio, por ejemplo, pero sí se debe involucrar a sus ciudadanos en los cambios y en las decisiones que les afectan.

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¿Qué vale la pena conservar y qué se debe abandonar para actuar de acuerdo con los nuevos tiempos?
- -Hay que eliminar los prejuicios, definitivamente. Por ejemplo, los que sostienen que la mujer no puede acceder a un puesto ejecutivo porque se casa y luego tiene hijos o que los trabajadores son mano de obra y los ejecutivos definen la estrategia y la visión.

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Tenemos que olvidarnos de que sólo un grupo de personas, los altos directivos, tiene que definir el futuro de la empresa. Debemos superar también el prejuicio de ocultar información a los empleados. En el ámbito familiar, los padres tienen que entender que el mundo cambió y que, para educar a sus hijos, deben transformarse con él.

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¿Usted qué hace para evidenciar esos prejuicios?
- -En el caso de los directivos, a veces les digo que sólo veo hombres en su grupo o miro puros güeros. También les expreso que la actitud de sus secretarias y ejecutivas es digna de un desfile de modas. Todo eso me habla de prejuicios, de ideas que impiden el crecimiento y limitan las oportunidades de desarrollo para todos. La gente debe entender que el cambio no viene de los llamados líderes, las transformaciones importantes son de abajo hacia arriba.

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La mayoría de los autores del management no piensa así…
- -En efecto. Es que en la realidad las ideas fluyen, pero luego el jefe quiere controlar todo y limita la innovación. De ahí que, a partir de la nueva economía y la globalización, urja una manera diferente de dirigir y crear espacios para que podamos acceder al potencial humano de los países y las organizaciones del mundo.

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¿Qué opina de internet?
- -Toda nueva idea o tecnología tiene sus tentaciones, peligros o desviaciones, pero a mí me encanta el concepto de comprar un libro a través de la Red en lugar de esperar hasta que viaje al país donde lo venden. La posibilidad de buscar oportunidades de paseo y mejores precios desde casa, antes de llamar a la agencia, es excelente. Sin embargo, existen peligros: la pérdida de las interacciones humanas, por ejemplo. Confío en que eso nunca suceda.

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¿Cuál es su concepción de ética?
- -Hacer lo correcto. Actuar conforme dicta la conciencia. Es hablar con la verdad, no engañar o manipular. Es aceptar la corresponsabilidad de los resultados, buenos o malos.

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¿Para llegar al puesto de presidente de una corporación hay que sacrificar a la familia?
- -Ser CEO (Chief Executive Officer) no es, necesariamente, una guerra con la familia. Pero podemos caer en esa batalla si no vemos todo como un valor: familia, organización, paz interior, salud, vida espiritual y relación con los demás. Un director general no tiene que sacrificar a sus allegados por el trabajo. Ese precio es muy alto y el aparente éxito profesional que pueda obtener no lo vale.

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Un ejecutivo tiene compromisos consigo mismo, con la comunidad, con su familia, con la pareja, con sus padres. Hablo de aspectos que los mexicanos aprecian sobremanera. Si es un buen CEO, también debe esforzarse en ser buen padre, esposo amoroso y excelente ciudadano. ¿Cómo tiene que hacerle? Invertir tiempo, esfuerzo y mente para conservar lo que realmente quiere. No debe sacrificar la vida personal con la excusa de que "el mundo le necesita".

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¿Cuál será el elemento clave que guiará el comportamiento de los ejecutivos en el futuro?
- -Tengo una preferencia: la habilidad para crear comunidad. En la familia, organizaciones o países. Originar equipos donde la gente pueda dialogar y explorar los problemas internos y externos que los aquejan y limitan.

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Las habilidades de negociación y la sensibilidad para aceptar y aprender de las diferencias también serán aspectos muy importantes. Hablo de la convicción de que sólo coincidimos en este planeta para que nuestras diferencias, más que un problema por resolver, sean misterios por vivir.

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¿Ese discurso aplica en la empresa?
- -Definitivamente: las compañías todavía no saben lo que es la democracia. Los directivos deben soltar el control y quitarse la máscara ante las diferencias que existen entre sus empleados o colaboradores. Tienen que trabajar para el beneficio mutuo: "Hacer que la otra parte salga con la nuestra", tal como decía un diplomático italiano. Aún no ocurre en las corporaciones porque mantienen una mentalidad de ganar, imponer, someter y obligar, en lugar de colaborar.

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¿Ese tema es medular en su libro?
- -Así es. Ahí se escribe sobre la forma de abrirnos ante la posibilidad de tratar con gente distinta, de otros países incluso. También se refiere a gente que piensa diferente por su trabajo. Se reflexiona sobre los caminos para coincidir y encontrar un terreno común donde habiten nuevas posibilidades para ponerse al día en todas las frecuencias que existen en el mundo.

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¿Quiere decir que pensar diferente será una ventaja competitiva para el directivo del futuro?
- -Definitivamente. Hoy se debe invitar a gente diversa para que piense con uno. No hay que cerrarse a las posibilidades de una mayor interacción. Bienvenidos quienes "piensen distinto" porque me ayudarán a crear una conciencia compartida y una perspectiva simultánea. Es una actitud que abre la puerta del conocimiento y enriquece la forma de pensar.

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