Dónde invertir. Cómo eludir riesgos

Dado el contexto internacional y las experiencias en 1999, los papeles de deuda gubernamental super
Alejandro Castillo

Dado el contexto internacional y las experiencias en 1999, los papeles de deuda gubernamental superan en seguridad al dólar y, por supuesto, a los metales preciosos.

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¿Dónde colocar esos recursos familiares para evitar que se erosionen y, por qué no, rindan utilidades? ¿Qué instrumentos de inversión pueden resultar más benéficos para su empresa?

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Estas preguntas se vuelven frecuentes para más personas, y no tienen una respuesta, sino muchas. Dependen del monto a invertir, de si se quiere tener más (o menos) disponibilidad de ellos e incluso de la atención que se le pueda dar a la evolución de ese dinero. También tiene que ver el tipo de mercado que acoge los recursos, las características del instrumento de inversión seleccionado y de la institución que los maneje. (Por cierto que no siempre la promesa de mejores tasas es la más saludable: son muchos los casos de inversionistas, con larga trayectoria empresarial, que han perdido sus recursos por despreciar la administración más segura).

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Es importante tener un diagnóstico del comportamiento probable de la economía para elegir dónde invertir y en qué momento hacerlo.

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Después de que en 1999 se alcanzaron y mejoraron casi todas las metas establecidas por el gobierno, el gabinete económico ha decidido continuar con su proceso de estabilización, imponiendo nuevas y agresivas metas, contenidas en los Criterios Generales de Política Económica para el 2000. Como en años anteriores, el gobierno combina ahí los objetivos de alto crecimiento con baja inflación, sólo que a un nivel que requiere más esfuerzo y precisión; se propone cerrar el próximo año con una inflación de 10%, un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 4.5% y un déficit en cuenta corriente y pública de 3.1 y 1%, respectivamente, con respecto del propio PIB.

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La viabilidad de esos objetivos dependen de que continúen las condiciones internacionales favorables. La recuperación del crecimiento en la economía mundial y la estabilidad en los mercados financieros que prevaleció casi todo el año ayudaron a la recuperación rápida del precio del petróleo y a mantener estable la paridad, con déficit muy bajos en las cuentas corriente y pública. Con eso se redujo la inflación, al tiempo que la economía pudo crecer más de lo esperado.

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Pero este comportamiento internacional favorable no está garantizado. A pesar de los elementos que suponen la extensión del periodo de crecimiento con estabilidad, prevalece la sobrevaluación en los mercados de valores y el excesivo endeudamiento privado en Estados Unidos, así como su creciente déficit con el exterior. Nadie puede definir en qué momento pueden surgir los problemas. Además, en el corto plazo será necesario verificar si el nuevo gobierno argentino puede corregir los errores cometidos por el gobierno saliente, con los que se evidenció que la fijación de la paridad no garantiza el manejo eficiente de la economía ni reduce la corrupción.

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Entre los factores que podrían ayudar a prolongar el crecimiento y la estabilidad internacional, pero que no eliminan los factores de riesgo, destacan la aprobación en EU de la ley que permite la integración de bancos, firmas inversoras y compañías de seguros, lo que potencia la posibilidad de fusiones entre grandes grupos financieros y la movilidad de recursos; otro factor es el acuerdo por el cual eu apoya la incorporación de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en el 2000.

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Incluso con ese entorno positivo, el propósito de las autoridades mexicanas de aumentar el crecimiento a 4.5%, con una inflación de 10%, podría significar presiones excesivas para el equilibrio con el exterior y el balance público, sobre todo por el costo del rescate de la banca y la posibilidad de que otras instituciones caigan en problemas. Hay que añadir la posibilidad de acciones especulativas en el marco de la intensa contienda electoral: casi se puede asegurar que eso será motivo de preocupación en la segunda parte del año 2000.

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En resumen, la expectativa es que en el corto plazo, hasta el momento en que se celebren las elecciones, las condiciones externas serán favorables para acercarse al cumplimiento de los objetivos gubernamentales. La paridad se mantendrá casi sin cambios y las tasas en general tenderán a guiarse por el comportamiento de la inflación. Sólo cabría aclarar que esta expectativa de un primer semestre de relativa estabilidad supone que factores como un fuerte ajuste del mercado de valores de EU o una eventual modificación en el régimen cambiario argentino podrían presentarse hasta el segundo semestre.

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Pasadas las elecciones en México podrían haber otros ajustes. Habiendo evaluado qué tanto se deterioró la balanza comercial, es probable que ocurra un salto en la paridad. Asimismo, a lo largo de las campañas electorales, y ante el inminente cambio de equipo gubernamental, circulará con más fuerza información acerca del rescate bancario y su verdadero impacto en las finanzas públicas. Eso también dará lugar a momentos de especulación, la cual será frenada con aumentos en las tasas de interés, que no podrán impedir que al final del año se presente una ligera desviación con respecto a la meta de inflación del gobierno.

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Ventajas de cada instrumento
Independientemente del escenario, cada instrumento tiene características propias que lo hacen atractivo en diferentes momentos. Por ejemplo, entre los papeles de deuda del gobierno federal el más seguro es el Udibono, que está indexado a la inflación y ofrece un rendimiento real independientemente del nivel que ésta alcance. Esta clase de instrumentos son ideales en momentos en los que hay incertidumbre o fuertes crecimientos de precios, pero tienen la desventaja de que deben estar invertidos por lo menos seis meses, es decir, es un instrumento poco líquido.

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A su vez, los Cetes ofrecen una gran liquidez, ya que después de adquiridos se pueden vender en el mercado secundario sin necesidad de esperar su vencimiento. Bien administrados, estos certificados pueden brindar importantes utilidades: comprándolos a plazo cuando las tasas están altas y la inflación y tasas van a la baja, o invirtiendo sólo en plazos cortos, para reducir las pérdidas, si las tasas se encuentran en una tendencia ascendente.

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Del conjunto de valores gubernamentales en circulación, los Bonos de Desarrollo (Bondes) han logrado una aceptación creciente porque son los que están proporcionando mayores rendimientos. Su participación en el saldo total de valores gubernamentales en poder del público pasó de 44.5% en diciembre de 1998, a 56.4% en septiembre de este año. Aunque son títulos que se emiten a plazo no menor de un año, son negociables y por ello tienen una gran liquidez. Es importante señalar que, precisamente por la colocación de Bondes, se ha logrado ampliar el plazo de vencimiento de la deuda pública interna.

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En general, los valores gubernamentales son adquiridos en una primera operación por los intermediarios financieros, quienes después los colocan entre el público inversionista. Como es de suponer, el comportamiento de sus tasas es determinante en la evolución de los rendimientos aun de los instrumentos emitidos por instituciones privadas, como son los Certificados de Depósito de los bancos.

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En México también se da una práctica común entre quienes desean conservar el valor de su dinero, depositándolo en el exterior a tasas que no exceden de 10%, o de plano comprando dólares y guardándolos abajo del colchón. Esa es una práctica que aparentemente da certidumbre, pero que no siempre es la más adecuada. Por ejemplo, quien compró dólares al principio de 1999 y los depositó en EU, en realidad ha registrado pérdidas importantes. Hasta la penúltima semana debe considerar las pérdidas provocadas por una apreciación de casi 6% del peso, más el efecto de sobrevaluación resultante de una inflación de casi 14% y la diferencia de tasas, menores de 10% en EU y de alrededor de 18% en México. Por supuesto, quien compró dólares podrá señalar que el inversionista en pesos sólo podrá retirar las utilidades que resulten de esa evolución sólo mientras se mantenga la paridad, y esto no está garantizado.

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No se debe perder de vista que la puesta en marcha del mercado de futuros de tipo de cambio y tasas abre la posibilidad de apoyarse en instrumentos que, si bien tienen un costo, brindan la seguridad suficiente para pasar por periodos de inestabilidad.

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Hay otra inversión, la que se hace en metales preciosos, que después de muchos años de desempeñar un papel estelar ha pasado a segundo plano. Varias fueron las razones que influyeron en ese desplazamiento. Después de ser un recurso que permitía conservar el valor, los metales preciosos fueron desplazados conforme se dio la apertura de los sistemas financieros, se consolidó el predominio del dólar como medio de cambio universal y surgieron nuevos instrumentos de inversión. La situación se complicó con la decisión de algunos bancos centrales de vender sus reservas. Ese deterioro se hizo más intenso a medida que disminuyó el uso industrial de los metales preciosos, como sucedió con la plata en la industria fotográfica. No obstante, en 1999 hubo momentos en que la inversión en metales recuperó fuerza, como sucedió cuando se empezó a devaluar el dólar con respecto al yen; en esa circunstancia, los inversionistas con mayor experiencia volvieron sus ojos hacia el oro, sólo que al recuperarse la certidumbre, se vieron obligados a asumir pérdidas. De cualquier modo, la expectativa que se tiene es que en el 2000 habrá una recuperación en los precios del oro y la plata.

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Adecuándose al escenario
Antes de considerar cuáles son los mejores instrumentos de inversión, vale recordar el socorrido consejo acerca de la conveniencia de no poner todos los huevos en una sola canasta.

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Por otra parte, según el escenario señalado, se debe considerar que existe un riesgo latente, con un periodo de estabilidad relativa en el primer semestre y con algo de volatilidad y ajuste en la segunda parte del año. Así, la cartera más adecuada debe destinar una parte de los recursos para adquirir Udibonos y metales para todo el año, para cubrirse del riesgo latente.

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El resto de los recursos, en el primer semestre, se deberá destinar en su mayor parte a adquirir instrumentos con altos rendimientos y a plazos menores a seis meses. Para ello se debe tomar en cuenta que al inicio del año, con la burbuja inflacionaria que tradicionalmente se presenta en diciembre, se podría presentar un repunte de tasas y ese sería, probablemente, el mejor momento para amarrar tasas altas en Cetes o Bondes antes de que inicien su tendencia descendente.

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A partir de junio, esos recursos estarán líquidos y, a menos que las condiciones sean de gran confianza y seguridad, podrían orientarse a la compra de instrumentos de seguridad contra probables ajustes cambiarios y nuevas presiones inflacionarias; para ello se deben considerar las coberturas cambiarias y Udibonos. Para el final del año nuevamente se presentarán condiciones para amarrar tasas altas.

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Ojalá esos criterios permitan sortear de la mejor manera el futuro.

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