Do you smoking?

Sin planearlo, un favor se convirtió un en negocio que ya lleva tres generaciones.

En los años 30, Marcelo Guerrero Rocha vendía y compraba antigüedades en la colonia Roma. Un día, un vecino le pidió dinero prestado y como garantía de pago dejó un smoking.

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Durante meses Guerrero Rocha  mantuvo la prenda en la estantería, en espera de su dueño. Pasado un tiempo, otro vecino que pasaba por la calle la miró y apresuradamente cruzó la puerta del local. Tenía un compromiso importante y requería de la vestimenta, por lo que solicitó que se la vendiera. El comerciante le informó que era imposible, pues no le pertenecía. Ante la insistencia, llamaron al propietario y éste les dijo que podían disponer del traje.

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 “Llegaron a un acuerdo y decidieron que lo mejor era que lo rentara. Así se solucionó el problema. Pero se corrió la voz y en una semana empezaron a llegar clientes”, cuenta Jorge Guerrero, director de la empresa y miembro de la tercera generación al frente del negocio.

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En vista de los diferentes talles de los clientes, Ana María Herrera, la esposa del emprendedor, empezó a hacer ella misma los arreglos necesarios. De este modo en 1938, en un local de 16 metros cuadrados, nació Casa Marcelo.

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Con el producto de las rentas, en unos meses fueron haciéndose de más prendas y el negocio de la venta de antigüedades bajo el telón para abrir paso a los trajes de etiqueta. La compañía empezó a vestir no sólo a los vecinos, sino también a políticos y gente de la cultura y el espectáculo.

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Aunque con el paso de las décadas han surgido negocios similares, no todos se consideran competidores. “No se trata de vestir a la gente sino de transformar su imagen. Ocupamos un lugar preponderante en el mercado, pues ofrecemos una atención que nos distingue incluso en los detalles más finos”, afirma el directivo.

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Marcelo Guerrero estuvo a cargo de la compañía hasta 1977, cuando sus hijos asumieron la responsabilidad de la firma. Justo en esos días nació el lema que caracterizó a la empresa durante más de 20 años: “Marcelo es el duende que lo vestirá esa noche.”

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Aprovechando la analogía con el cuento de hadas, aunque en versión masculina, Casa Marcelo cumplió 65 años de vida. Hoy, además de la renta de trajes de etiqueta, ofrece servicios como el Very Busy Man –en el que asesoran a ejecutivos desde su casa u oficina– o la Bella Marcela, renta de vestidos femeninos de noche.

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Aunque el largo de los sacos y el tamaño de las solapas han cambiado, las telas parecen ser más cómodas y los accesorios más vanguardistas, el smoking, el frac, el jaquet y la media etiqueta no pasan de moda.

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Actualmente Casa Marcelo tiene cerca de 100 empleados, cuatro sucursales y ha vestido a tres generaciones. El año pasado sus duendes atendieron cerca de 20,000 clientes. Los pases mágicos aún funcionan.

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