Don Manuel (1909-2000)

Poco antes de morir, el ex dueño de Bancomer publicó las memorias de su paso por la banca.
Alberto Barranco Chavarría

Aunque el amago no pasó a mayores, dada la falta de tino con que se hizo la propuesta, hace casi cinco décadas Banamex intentó comprar Bancomer, utilizando el mismo argumento con que hoy se lanza el pial: Tengo entendido que hay problemas.

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Quien estaba frente al oferente, es decir, el presidente de la intermediaria, Agustín Legorreta, era el secretario de Hacienda, Antonio Carrillo Flores –Ve a ver a don Manuel, él es el dueño, dijo-.

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Los problemas del banco derivaban de una crisis originada por la salida de un grupo de consejeros encabezados por Carlos Trouyet, en protesta por el despido del gerente general, Aníbal de Iturbide, a quien se acusó de realizar una cuantiosa operación a espaldas del consejo de administración: la compra de bonos de la empresa Celulosa de Chihuahua, propiedad de Trouyet.

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La anécdota, paradójicamente fresca, se inscribe en un testimonio igualmente viejo y joven al tiempo: la expropiación de la banca privada y su posterior reprivatización.

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Dieciocho años después, el presidente del antiguo Bancomer, Manuel Espinosa Yglesias, publica su verdad de los hechos en un libro parte biográfico y académico, parte documental y práctico, a la usanza de los dedicados a Juan Sánchez Navarro y Emilio Azcárraga Milmo.

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Las entretelas de la tensa relación entre quien se siente despojado y quien se siente justiciero. Expropiado y expropiador. Comprador y vendedor. El poder del dinero y el poder del poder. (–“Mi vida como banquero ha terminado. Les pido que brinden por mi nueva vida”–.)

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Espinosa Yglesias frente a Ernesto Fernández Hurtado: “Intenté recuperar estos bienes (En mi despacho en el Centro Bancomer tenía algunos cuadros, dos de ellos —una pintura china y otra de unos niños jugando con la luna—, me gustaban particularmente. Al lado de mi escritorio tenía otras dos, muy pequeñas, a las que les tenía gran cariño porque habían pertenecido a mi hermano Ernesto, quien murió trágicamente. En el banco tenía otros objetos como una vajilla muy fina con mis iniciales) ofreciéndome a comprarlos, y recibí la grosera respuesta de que de todo lo que pedía, sólo me vendería dos cuadros, y éstos a elección suya y al precio que él fijara”.

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Espinosa Yglesias frente a Guillermo Ortiz: “Desde un principio la charla fue muy tensa. El doctor Ortiz empezó a decirme que con relación a Bancomer el gobierno era quien iba a crear un fideicomiso con todos los bancos de provincia. Cuando le dije que yo quería hacerlo y le pregunté por qué no me lo permitía, su respuesta fue despectiva: Porque no queremos”.

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El primer episodio se arrastró durante años como símbolo de la arbitrariedad del sistema contra quienes, justa o injustamente, caen de su gracia. El segundo, como signo vivo de las subastas por dedazo.

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El ex presidente de Bancomer no logró regresar por la misma puerta (“Como el depósito se hubiera perdido de no hacerse una oferta, hice una meramente simbólica a sabiendas de que no triunfaría”), porque el gobierno cernía las opciones por más que los agujeros tenían diferentes tamaños. Aunque no pudo o no quizo recuperar Banamex por la vía de la reprivatización, Legorreta regresó a la cancha como presidente del ex Multibanco Comermex.

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¿Sería distinto el destino de Bancomer –sitiado hoy por Bilbao Vizcaya Argentaria y Banamex–, de haberse abierto la posibilidad del regreso de Espinosa Yglesias? ¿Sería distinta la versión de éste de habérsele cubierto la indemnización que a su juicio le correspondía?

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Lo cierto es que el colofón del libro “Bancomer, logro y destrucción de un ideal”, muestra un ángulo inexplorado del ex comandante de la nueva generación de banqueros:

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“Hasta ahora hemos creído que nuestra función social quedaba plenamente satisfecha con cubrir puntualmente nuestros impuestos, fomentar el empleo y pagar buenos sueldos. Todo esto es importante, pero no suficiente: los empresarios que el país necesita (…) deberán entender que sólo ayudando al desvalido, promoviendo la salud y favoreciendo la cultura; sólo sirviendo al bienestar humano tiene sentido la riqueza”.

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