Dos preocupaciones para México

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Héctor Chávez Ríos

Hoy en día los elementos medulares de las perspectivas de mediano y largo plazo de la economía mexicana son la transición sexenal y la expectativa de crecimiento económico de Estados Unidos.

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La preocupación sobre la transición sexenal se centra en el ambiente político y en la posibilidad de repetir los descalabros económicos de otros sexenios. Una transición sexenal suave parecer estar asegurada con lo que hoy se contempla como el escenario económico más probable:

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El déficit fiscal presupuestado para el 2000 es de 1% del PIB. Este déficit es financiable y no provoca presiones en la demanda. La autoridad monetaria  parece dispuesta a actuar si percibe riesgos adicionales en el entorno internacional. Los vencimientos de deuda externa, pública y privada, son relativamente bajos para 2000 y 2001, por lo que no provocarán desequilibrios en la balanza de pagos y no presionarían la cotización del dólar. La perspectiva de la balanza comercial no es tan favorable como en 1999. Sin embargo, consideramos que el precio promedio del petróleo –que estimamos en $16.5 dólares por barril–, permitirá subsanar un menor dinamismo de las exportaciones.

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Llegamos a la segunda preocupación. En los últimos años las exportaciones mexicanas han crecido a una tasa promedio de 17.4%. Este crecimiento no podría haber sido tan explosivo de no haber crecido Estados Unidos a tasas arriba de las históricas por más de tres años. Esto ha permitido que no registráramos los altos déficit comerciales que habíamos tenido en otros periodos de crecimiento.

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No obstante, en Estados Unidos, el fuerte crecimiento de la economía ha provocado un importante desahorro del sector privado, un fuerte déficit comercial y temores inflacionarios. Es indudable que la Reserva Federal continuará con sus acciones de alza en las tasas de interés a partir del primer trimestre del 2000, para asegurar un “aterrizaje suave”. Si esto sucede, y se mantiene la perspectiva interna, México logrará una “transición sexenal suave”.

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Sin embargo, existe la probabilidad de que el aterrizaje de la economía estadounidense no sea suave sino forzoso, registrando caídas de la actividad por dos o tres trimestres. De ser así, el escenario macroeconómico para México sería distinto, ya que la caída del ritmo de las exportaciones traería consigo presiones en el mercado cambiario, provocando ajustes en tipo de cambio, aumentos en tasas de interés y un claro freno de la actividad económica. Aunque consideramos este escenario con una menor probabilidad que el de la transición suave, consideramos conveniente estar atentos en la evolución de la economía de Estados Unidos, especialmente en el primer trimestre del 2000.

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El autor es director de análisis de Operadora de Bolsa Serfin.

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