Dos visiones de país

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Sergio Sarmiento

La marcha del EZLN a la ciudad de México sirvió para recordarnos que hay dos proyectos de nación que se confrontan en el país desde hace décadas. Uno es el que hoy defienden el EZLN y el PRD, pero que también ha promovido el PRI. Es el proyecto de un país cerrado al exterior, con una fuerte intervención del Estado en la economía, propiedad colectiva de la tierra y prácticas de gobierno que privilegian los acuerdos entre grupos corporativistas, que manipulan el poder, sobre el sufragio libre y secreto de los ciudadanos.

- - La otra visión, que en estos tiempos de la globalifobia ningún político quiere defender abiertamente, busca abrir las fronteras al comercio, disminuir la intervención del Estado en la economía, promover la propiedad privada de la tierra y hacer del sufragio libre y secreto la manera de dirimir las diferencias entre grupos políticos distintos.

- - La experiencia nos dice que el camino de la apertura y la democracia es el que lleva a una mayor prosperidad para la población. El cierre de las fronteras, la intervención del Estado en la economía y las prácticas no democráticas, ya sea que se presenten bajo el concepto de usos y costumbres o de una democracia popular y participativa, no han llevado a los países a un mejor nivel de vida, sino a mayor pobreza y al surgimiento de autoritarismos.

- - Hay indicios de que los mexicanos se inclinan por la opción de mayor democracia y libertad económica. En el año 2000 -cuando fue derrotado el régimen priísta, después de 71 años- los mexicanos eligieron a Vicente Fox, del PAN, que representaba una tradición liberal cuando menos en lo económico. El PRD y Cuauhtémoc Cárdenas, que defendían la visión de un país más encerrado en sí mismo y con un Estado más interventor, registraron la caída más fuerte de todas en la votación popular.

- - Los políticos quieren seguir otro camino. La mayoría, por ejemplo, ha aceptado sin chistar la ley Cocopa bajo el argumento de que otorga derechos esenciales a los indígenas. Muy pocos se han atrevido a reconocer públicamente que tal legislación representa en realidad una drástica limitación de los derechos económicos y políticos de estos grupos, al restringir la propiedad privada y el sufragio libre y secreto en sus comunidades.

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- - El problema es que casi todos nuestros políticos proceden de una tradición populista. Esto no significa que estén pensando en el beneficio de la gente, sino en el de ellos mismos. Después de todo, los sistemas en que el Estado interviene constantemente en las decisiones individuales no generan una mayor prosperidad, pero sí crean una clase política con enorme poder.

- - -El autor es columnista del periódico Reforma, comentarista de TV Azteca e investigador asociado del Centro de Estudios Internacionales Estratégicos de Washington

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