Economía México <br>El año de prueba

La revisión de 2000 hace que los pronósticos para el nuevo año huelan a sutil optimismo. Sin emba

En México, la economía enfrentará una situación especial. Por una parte, con la elección de un presidente no emergido del PRI, la sociedad se ha formado grandes expectativas de cambio. En contraste, y paradójicamente, el nuevo equipo de gobierno señala la necesidad de mantener las estrategias económicas del anterior, basadas en la “lucha frontal contra la inflación”. Así lo señaló el secretario de Economía, Luis Ernesto Derbez, quien espera que en los “próximos dos años lleguemos al ritmo inflacionario equivalente al de Estados Unidos, de 3%”, como una condición para crecer. Adicionalmente, el equipo de gobierno asume un entorno no tan favorable, e incluso advierte que sus metas de menor crecimiento podrían ajustarse “si el menor ritmo de crecimiento de la principal economía del mundo, viene acompañado de una menor disponibilidad de recursos externos para nuestro país”.

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Por lo pronto, los parámetros propuestos para la actividad en 2001 no son muy positivos. Según los Criterios Generales de Política Económica, en 2000 se espera cerrar con un ajuste de las tasas de crecimiento de las diferentes variables respecto de 1999: en el caso del PIB, de 7.1% a 4.5%; en el consumo, de 8.1%, a 3.5%; en la inversión, de 13.3% a 5.2%; en importaciones, de 22.1% a 10.5%, y en exportaciones de 15.4% a 12.5%.

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Lo cierto es que la desaceleración de Estados Unidos genera gran incertidumbre. Héctor Chávez, economista en jefe del Grupo Financiero Santander Mexicano, es enfático: “Para evaluar las expectativas de la economía local es necesario tener en cuenta qué sucederá con la economía estadounidense. Por lo pronto, en 2000 el efecto fue benéfico para el país, ya que el crecimiento fue mayor al estimado de 2.6%, y eso propició un fuerte aumento de las exportaciones mexicanas”.

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Por otra parte, el cambio del entorno podría superarse. Eduardo Uribe, de Standard & Poor’s, estima que los factores fundamentales de la economía se encuentran bien y México ha ganado “buenas calificaciones en lo referente a la transición política, el manejo de la deuda y las reformas realizadas hasta ahora”. En todo caso, para lograr un nuevo avance y obtener el grado de inversión resulta indispensable llevar a cabo la reforma fiscal integral y hacer más eficientes a sectores actualmente administrados por el Estado, como son el energético y petroquímico. Incluso no será indispensable la privatización, sino que se administraran de manera que cubran competitivamente las necesidades futuras de la industria.

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A su vez, los expertos de Merrill Lynch consideran brillantes las expectativas de México; si bien el crecimiento de la economía será menor a 7%, podría avanzar a un sano 4%. Desde su punto de vista, el crecimiento de los salarios reales y la confianza del consumidor podrían mejorar, en tanto que la inflación bajaría más en un contexto en que ha disminuido el riesgo político.

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Inflación y tipo de cambio
Entre los principales temas económicos a analizar para 2001 está el comportamiento probable de la inflación y el tipo de cambio. En los Criterios se estableció como meta bajar la inflación de 8.9% en 2000, a sólo 6.5% en 2001. Asimismo, el tipo de cambio nominal promedio durante el año se estima pasará de $9.5 a $10.1 pesos por dólar, con una depreciación promedio de 6.3%.

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Chávez, de Santander, puntualiza: “El desempeño de la economía estadounidense propició un alto precio del crudo; eso evitó un desmedido crecimiento del desequilibrio de las cuentas externas, canalizando gran volumen de dólares al mercado, lo que a su vez provocó un tipo de cambio muy fuerte, con una baja rápida de la inflación y de las tasas internas”.

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Para 2001 eso no prevalecerá, advierte, ya que el crecimiento de las exportaciones será más débil, los precios del crudo tenderán a bajar y el déficit externo podría crecer. Además, las finanzas públicas se verán presionadas debido a la dependencia del crudo en un alto porcentaje. “Como en 2001 habrá menos exportaciones petroleras, pudiera aumentar el déficit comercial.” Aunque se tratará de evitar con menor crecimiento de la economía, al final el desequilibrio con el exterior afectará al tipo de cambio. De ahí que “la paridad deberá ajustarse; ¿cuándo?, no se sabe; ¿cuánto?, no mucho. De cualquier manera afectará el comportamiento de la inflación; en lugar de disminuir a 6.5% como se lo propuso el Banco de México, podría quedar en 7.8% y eso también repercutirá en tasas de interés ligeramente más altas”.

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Para el equipo de Merrill Lynch el riesgo reside sólo en una fuerte caída en el precio del petróleo, debajo de $20 dólares el barril del crudo West Texas Intermediate –que llevaría al precio para la mezcla mexicana a cerca de $16 dólares el barril–; ello podría debilitar al peso más de lo esperado; haría atractivas las exportaciones, pero afectaría al mercado interno. Por lo pronto, el gobierno de México estima que el precio del barril de la mezcla de exportación pasará de $25.8 dólares, a $18 dólares, cifra hasta la cual está cubierto. El problema reside en que a inicios de año, el precio de la mezcla ya rondaba los $18.7 dólares.

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Pablo Álvarez, de Bursamétrica, asume una tendencia descendente de la inflación no tan clara. “El tipo de cambio se moverá y provocará aumentos en los precios de bienes comerciales y en materias primas, así como en las expectativas. Pero además –advierte–, ya se observan algunas señales de que la inflación sólo está siendo reprimida, en tanto la restricción monetaria utilizada para frenarla repercutió en mayores costos financieros, que a su vez contribuyen a generar presiones inflacionarias”. Incluso, con su estrategia de aplicar “cortos”, el Banco de México “comienza a reproducir los mecanismos perversos del salinismo; al fortalecer el peso se daña a los productores nacionales”.

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El comportamiento de la paridad juega un importante papel y por eso, para Uribe, la apreciación del peso afecta la competitividad de sectores como el acerero, químico y minero. Su conclusión es que resulta peligroso tener una moneda tan fuerte.

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Si bien en la inflación y en la paridad hubo algunas diferencias entre los analistas consultados, no sucede lo mismo en el caso de la política fiscal: unos y otros consideran un acierto la disposición del nuevo secretario Francisco Gil Díaz de adecuar el comportamiento del gasto a las nuevas condiciones del mercado. Se estima que eso reducirá la intención del Banco de México de aumentar la restricción monetaria, ya que una de las mayores preocupaciones de la institución central en el segundo semestre de 2000 fue el acelerado crecimiento de la demanda interna.

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Chávez explica los buenos resultados de las variables domésticas gracias a lo anterior. Como la inflación quedó en 8.9% –abajo de la meta oficial–, y los salarios se negociaron sobre expectativas de crecimientos de precios más altas, incrementándose en alrededor de 13%, se observó una recuperación del poder adquisitivo, con un crecimiento vigoroso del consumo como consecuencia.

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De ello se desprende más un carácter preventivo que correctivo del alza de las tasas, según el analista de Santander. “Después de la crisis, los bancos redujeron su actividad. Pero ahora muchos ya mejoraron su posición y están en condiciones de comenzar a proporcionar crédito. Con el aumento de tasas, Banxico reduce su intención de ofrecer préstamos.” Además, como señala Álvarez Icaza, “elevar las tasas de interés no afectaba tanto al consumo como a la inversión”.

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Otra coincidencia plena entre los observadores es la necesidad de lograr una reforma fiscal integral lo más pronto posible. En ese sentido es importante la propuesta del titular de Hacienda de discutirla en el primer trimestre, y aprobarla en el primer periodo de sesiones para su inmediata entrada en vigor.

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El problema reside en el manejo de las otras variables porque se puede dar el caso, advierte Chávez, de algo irónico: “Si en México las cosas se hacen bien y se aprueban la reforma fiscal y la energética, se obtendrá fácilmente el grado de inversión; habrá dólares, el peso seguirá fuerte, (sin embargo) se hará mayor el desfase con la economía internacional, lo que aumentará el riesgo”.

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Riesgos, nunca faltan
Los estrategas de la economía mexicana habrán de observar elementos de especial cuidado. Además de la desaceleración de Estados Unidos, existe el riesgo de que estalle la crisis en Argentina, y en ese caso los inversionistas podrían incurrir en una actitud nociva: rechazar generalizadamente los mercados emergentes, lo que frenaría los flujos de recursos hacia México. Si previamente México logra la reforma fiscal y el grado de inversión, pudiera darse un efecto diferenciado que haría menos vulnerable al país.

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Pero hay otros escollos. Álvarez Icaza y César Castro Quiroz, del Centro de Análisis y Proyecciones Económicas para México (CAPEM), coinciden en señalar factores de riesgo que ya se analizan, pero con poca divulgación. Tal es el caso de los costos financieros derivados de mayores tasas de interés, el impacto de la deuda implícita en los Pidiregas y el Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB), así como los costos sociales vinculados a las reformas del IMSS, las finanzas de algunos estados, diferimientos de pagos y deudas en UDIS.

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De acuerdo con una exposición de Rodrigo Morales Elcoro, miembro del equipo de transición del nuevo gobierno, quien participó en el desarrollo de las propuestas en materia fiscal, mientras la deuda pública reconocida como tal equivale a sólo 20% del PIB, al considerar la deuda contingente se confirma que las obligaciones del sector público en realidad son mayores: por las reformas al IMSS hay un pasivo que asciende a 45% del PIB; los compromisos del IPAB y otros esquemas de apoyo financiero, sin considerar los Pidiregas, agregan otro 16.8%, y las pensiones del ISSSTE y de gobiernos estatales aportan otro 33.8% del PIB. A su vez, el Banco de México estima que los Pidiregas ya representan 3.9% del producto nacional.

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Tomando en cuenta esos compromisos, se llega a la conclusión de que la deuda pública total, notificada por el gobierno de Zedillo en el reporte de Hacienda del tercer trimestre de 2000, era de sólo 23% del PIB, cuando en realidad equivaldría a 119.5%.

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Es la razón para insistir tanto en la reforma fiscal, que no cubriría el pago de todos los compromisos, pero sí ayudaría a reducir la vulnerabilidad de las finanzas públicas.

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Por todas esas necesidades y rezagos a resolver, existe plena coincidencia en la importancia de lograr altas tasas de crecimiento en México, pero sin incurrir en desequilibrios. El reto más importante del nuevo gobierno es romper la elasticidad de importaciones respecto de los ingresos; por cada punto de crecimiento del PIB las importaciones aumentan 3.3%, de modo que una tasa de crecimiento de 7% provocaría un incremento de las importaciones de 22%, lo que sería insostenible.

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Considerando los retos se torna prioritario contar con una estrategia adecuada para la inserción activa de México en la globalización. Si no sucede, y persiste el lineamiento de otorgar a los objetivos secundarios un carácter estratégico, el país podría volver a reproducir sinsabores, por desgracia, ya conocidos.  

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