Economías emergentes. Latinos y asiáti

El dinamismo de las naciones emergentes de Asia y Latinoamérica repercutirá en la escena económic
Martha Gómez Linares

Si bien las economías emergentes de los países asiáticos y latinoameri­canos se basan fundamentalmente en el libre comercio y en las privatizaciones, han seguido diferentes políticas y procesos de desarrollo. Interesado en conocer los distintos procesos de crecimiento e indagar cuáles serán las estrategias para el próximo siglo, Japón congregó —en un seminario denominado “Economías Emergentes”— a representantes de Argentina, Brasil, Colombia, Corea del Sur, Chile, Hong Kong, Malasia, México y Tailandia.

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La sustitución de importaciones en Latinoamérica y la promoción de exportaciones en Asia durante los 80 son, por ejemplo, algunas de las características que diferencian el desarrollo de ambas regiones. A los nipones también les intriga conocer los beneficios que para las economías latinoamericanas pueden significar la integración en bloques o los acuerdos regionales de comercio, elementos prácticamente ausentes en las economías asiáticas.

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Desconocimiento mutuo
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Aunque Asia y América Latina son consideradas regiones con un alto potencial de crecimiento en el próximo siglo, paradójicamente la relación entre ambas no es muy fuerte. De hecho, más bien son regiones que se disputan las inversiones de los “grandes”: Japón y Estados Unidos, principalmente.

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Los países del sudeste asiático, por ejemplo, han sabido atraer a la inversión productiva. Según el expositor mexicano Agustín García-López -Loaeza, director general de Análisis Económico de la Secretaría de Relaciones Exteriores, “las economías del sudeste asiático empezaron a jalarse unas a otras, de ahí que estén más ligadas entre sí. El comercio intraindustrial y la inversión intrarregional es más dinámica en esta zona que en otras”.

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La estrategia de estos países fue otorgar subsidios a las exportaciones y mantener los salarios muy bajos, para poder sostener las exportaciones a costos menores. “Simplemente las economías latinoamericanas ya no podemos hacer esto, por los acuerdos internacionales a los que nos hemos comprometido y por nuestra estructura social”.

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Para García-López llaman la atención, sin embargo, algunas coincidencias entre ambas regiones: “El tipo de políticas empieza a converger; ahora se ve la importancia del sector exportador y por lo tanto del comercio, es decir, la importancia de la apertura”.

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El representante mexicano, quien explicó a los asistentes la influencia de las crisis económicas de 1982 y 1994, considera que los orientales se mostraron más interesados en conocer el proceso de integración en América Latina.

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Destaca cuatro líneas que podrían diferenciar las políticas seguidas por el sudeste asiático y por Latinoamérica: “Por un lado, los países asiáticos no han tenido medidas proteccionistas tan agresivas como los latinoamericanos para la sustitución de importaciones. Un segundo punto es que, desde los 60, el sudeste asiático no tuvo sobrevaluaciones en su tipo de cambio, ni tampoco hubo -volatilidad; había un tipo de cambio competitivo”. En tercer lugar, dicha región priorizó la estabilidad macroeconómica y el descenso de la inflación. Y, por último, regularon menos a la economía y le dieron mayor dinamismo al sector privado. “Creo que en todos estos sentidos México tiene mucho que avanzar; es evidente que tenemos que dejar de depender del ahorro externo y empezar a tener mayores porcentajes de ahorro interno”. Mientras más se invierta y se produzca, habrá más capacidad de ahorro y, por consiguiente, mayor crecimiento. “Es un círculo virtuoso y en este sentido Chile es un ejemplo a seguir”, opina.

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El caso chileno
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En los últimos tiempos, para muchos países Chile aparece como un caso ejemplar. Actualmente es considerada una nación de bajo riesgo y con condiciones competitivas en el mercado latinoamericano. En julio de 1995 ya se le consideraba como una de las 10 economías emergentes más fuertes en el mundo. Los especialistas aseguran que Chile tendrá un crecimiento de 5% anual en los próximos cinco años.

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Andrés Solimano Ratinoff, director ejecutivo para Chile y Ecuador del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y orador en el seminario, señala: “Los principales elementos detrás del crecimiento económico de Chile han sido un régimen de comercio exterior abierto, estabilidad macroeconómica, reglas del juego claras para el sector privado y un marco regulatorio para fomentar la actividad económica, manteniendo cierto equilibrio social”.

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Algo más que sin duda ha sido básico para los chilenos es el fomento al ahorro nacional. Solimano afirma que hoy día Chile ahorra 5% del PIB. “El esfuerzo de inversión nacional se financia con ahorro nacional, reduciendo la dependencia del ahorro externo.”

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Por otra parte, la política de comercio exterior chilena está muy definida: una tercera parte de sus exportaciones se dirige a las naciones de Asia-Pacífico, otra tercera a Europa y el resto a países de América. Solimano confirma que “el comercio con los países de Asia y particularmente con Japón ha crecido mucho: hoy es de alrededor de $3,000 millones de dólares”.

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En 1994 el porcentaje de inversión en el país alcanzó 28% del PIB, el registro más alto en Latinoamérica. Una tercera parte provenía de la inversión extranjera. La ley de inversión extranjera chilena garantiza la repatriación de capitales y beneficios luego de un año de realizada la operación.

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Y los asiáticos ¿qué?
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Por su parte, los asistentes latinoamericanos al seminario también pudieron comprobar, de primera fuente, la situación de las economías emergentes de los países que integran la -ASEAN —Malasia, Tailandia, Singapur, Indonesia y Filipinas—, dato fundamental para seguir diseñando sus propias estrategias de crecimiento.

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En 1995, estas cinco naciones registraron un incremento en la captación de inversión directa y en sus exportaciones. Un estudio del Instituto de Economías en Desarrollo de Japón estima que tanto Malasia como Tailandia crecieron en 10% y 9% respectivamente y su promedio de inflación fue menor a 6%. Aunque sus exportaciones -crecieron paulatinamente, se estima que Indonesia alcanzó un crecimiento de 7.5% y Filipinas, uno de los países menos favorecidos de la región, creció 5.3%.

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Por otra parte —elementos que deben ser considerados por los emergentes—, en 1996 la economía japonesa entrará en una etapa de recuperación, mientras que la estadounidense tendrá una tendencia a la baja. Esto es importante porque, según el mencionado estudio, la recuperación nipona se verá reflejada en el incremento de sus inversiones y exportaciones al resto de los países asiáticos. De ahí que, en conjunto, dichas naciones crecerán este año 7% y la tasa de inflación se aproximará a un 4.7%.

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En definitiva, más allá de las diferencias y convergencias entre las estrategias de las naciones emergentes de ambos continentes, es indudable que están imprimiendo un sello en la escena económica internacional. Entre otros aspectos porque, cada vez más, tienden a adoptar políticas de reforma que alientan la -competitividad de la iniciativa privada en cada uno de los países y porque con su cada vez mayor apertura también estimulan a las naciones desarrolladas.

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