Eficiencia, nombre del juego

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Ante la poco flexible disyuntiva presentada por las autoridades hacendarias -de “más impuestos” o “más deuda”, el sector privado ha respondido con -un “adelgacen el gobierno”. Así de complicado se ve el panorama -presupuestal para 1999.

- Para un año tan difícil como el que se avecina, decretar fórmulas -simplistas sería un error costoso e imperdonable. Desde el inicio de los -perversos ciclos de crisis sexenales, las distintas administraciones han -recurrido indiscriminadamente a las alzas de impuestos o a la contratación de -deuda para cuadrar las finanzas públicas. El problema radica en que el aparato -estatal no ha logrado ser más eficiente, por lo que, con justa razón, -numerosas voces de la iniciativa privada se han alzado en contra de opciones tan -tajantes como injustas.

- Lo que ahora requerimos es imaginación. En vez de seguir los manuales de -finanzas públicas al pie de la letra, hay que diseñar un esquema creativo que, -en primer lugar, incremente sustancialmente la base de contribuyentes –hay -cuando menos 15 millones de personas en México que, aunque deberían, aún no -pagan impuestos–; en segundo, reduzca el desproporcionado número de -burócratas y, en tercero, se sustente en auténticas políticas de fomento al -aparato productivo.

- Entre otras, una de las propuestas que con más insistencia se le ha hecho al -gobierno federal, a fin de reducir de manera importante el gasto, es disminuir -el servicio de las deudas interna y externa. La primera, como se sabe, depende -mucho del nivel inflacionario de la economía, por lo que justamente habría que -atacar en ese flanco. ¿Cómo? En vez de mantener indexados los precios y -tarifas de servicios públicos hay que congelarlos. Sería un rápido camino -para mantener a la inflación bajo un estricto control, ya que tendría un -efecto en cadena sobre los precios de otros productos y servicios. Y, por -supuesto, restaría presiones sobre las tasas de interés, por lo que el efecto -sería positivo en el pago del servicio de la deuda.

- Pero nuestras autoridades se dedican a ningunear cualquier propuesta que se -les plantee en materia de reducción de gastos públicos. Si se les propone la -desaparición de algunas secretarías o la restricción de gastos de -representación de funcionarios de quinto orden, la respuesta es siempre la -misma: tal o cual medida es insuficiente para paliar el déficit que se nos -viene encima. Nadie nos dice cuánto representaría en conjunto si se sumara -cada uno de esos “ahorritos” que, vistos en forma aislada, parecen nimios -frente a las cuentas públicas.

- De no tomar verdaderas cartas en el asunto, continuaremos –tal como lo -comentó Eduardo Bours, presidente del Consejo Coordinador Empresarial– dando -un pasito para adelante y uno para atrás, condenados a esperar la siguiente -crisis. ¿Cuánto tiempo estamos dispuestos a seguir engañándonos?

- Eficiencia. He ahí el verdadero nombre del juego. Algo que distingue a los -países más avanzados es que cuentan con un Estado eficiente, esbelto y -funcional. Eso aquí se antoja casi imposible cuando, por cada dos trabajadores -en el sector industrial, hay un empleado en la nómina gubernamental.

- O bien, cuando la economía informal crece a un ritmo dos veces mayor que la -actividad formal.

- Falta mucho por hacer. En este sentido, también el presidente del Consejo -Mexicano de Hombres de Negocios, Eugenio Clariond, tomó el micrófono para -exigir la disminución del exceso de gastos (cosa que atribuye, por supuesto, a -las generosas plantas laborales de algunas secretarías y organismos públicos) -antes que pensar en inventar nuevos impuestos o recurrir a mayor endeudamiento.

- Ni más impuestos, ni más deuda. Seamos sensatos: ese no es el camino de la -verdadera eficiencia.

- Los editores

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