Ejecutivos <i>cachún</i>

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Década de los 80: Cindy Lauper jura que las chicas sólo quieren divertirse, la videocasetera Beta parece el mejor invento de la humanidad, XE-TU y Cachún-Cachún Ra Ra son la expresión televisiva de la juventud mexicana, Flans triunfa con un himno al ligue en el tianguis, bailar break dance es signo de vanguardismo, la destreza se mide en el PacMan (que se juega en un equipo Atari) y la inteligencia con el cubo Rubick; y mejor andar descalzo que estar en la disco sin Top Siders.

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En el mundo corporativo mexicano, como se contó en la historia de portada del número 427 de Expansión (30 de octubre de 1985), la juventud –con todo y Top Siders– conquistaba nuevos territorios. Las oficinas importantes de las firmas empezaban a ser ocupadas por ejecutivos de entre 26 y 36 años. Sacarlos de esos espacios estratégicos, advertían los editores, no sería fácil, ya que “son optimistas, con un profundo sentido nacionalista, seguros de sus habilidades, dispuestos a competir internacionalmente de cara a los riesgos”.

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A 18 años de la publicación de dicho texto, pocos dirían que el pronóstico fue erróneo. Desde 1999 hasta la fecha cada año Expansión dedica un artículo, 30 promesas en los 30, al talento joven que afortunadamente ya abunda en los círculos de negocios nacionales. Y se han descubierto casos verdaderamente notables: Miguel de Icaza, promesa 30-30 de la edición de 1999, está en la lista de los líderes mundiales del futuro de la revista Time, y el famoso Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) lo considera uno de los jóvenes innovadores más importantes del orbe. Rubén Darío tenía razón: “Juventud, divino tesoro.”

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