Ejemplos contrapuestos

Los colombianos organizados, unidos y eficientes, imponen respeto en el mundo cafetalero. México, p
Arantzatzú Rizo Rodríguez

Colombia y México ocupan el segundo y quinto lugar mundial, respectivamente, como productores de café. Pero entre ambos no sólo hay tres lugares de diferencia, sino todo un esquema de gestión. Desde hace 70 años Colombia concentra en un solo organismo la mayor parte de la producción, lo que le ha permitido desarrollar y financiar exitosamente esta industria. En México, en cambio, el sector cafetalero sobrevive disperso y desorganizado, y sus empresarios están descapitalizados.

- Más allá de sus endémicos problemas sociales y políticos, los colombianos gozan de una cualidad que otros productores importantes de café en el mundo, como Brasil o México, envidiarían. La Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (Federacafe), integrada por 360,000 de los 560,000 cafetaleros de todo el país, y surgida en 1927 como una pequeña organización gremial, convirtió a su cafeticultura en una de las más eficaces del mundo, una situación que dista mucho del caos que impera en el sector cafetalero mexicano.

- Pese a contar con un organismo similar a la Federacafe, llamado Consejo Mexicano del Café (CMC), y con otros como la Confederación Mexicana de Productores de Café (CMPC) y la Coordinadora Nacional de Organizaciones Cafetaleras (CNOC), la mayoría de los cafeticultores nacionales se encuentran disgregados. Mientras en Colombia más de 60% de los productores operan bajo la tutela de la federación, en México este negocio de cosechas bajo

- sombra está diseminado en 16 diferentes organismos (locales, nacionales e independientes), algunos de ellos más políticos que gremiales.

- La Federacafe colombiana provee a los productores, grandes, medianos y chicos, de servicios de logística para almacenaje y transportación, programas para mejorar la calidad y nivel de vida del cafeticultor y hasta financiamiento, a través de un fondo cafetalero.

- ¿Y en México? Uno de los grandes problemas que existe es que “todavía no entendemos para qué sirve una organización; aunque contamos con institutos y cámaras de todo tipo, no tenemos una cultura gremial, por lo que es fácil que muchas de éstas sigan intereses políticos”, denuncia Juan Carlos Villarreal Montaño, director ejecutivo de la CMPC, quien enseguida matiza: “No es que todas estas organizaciones hagan un mal trabajo, pero si México contara con un organismo que integrara a todos los agentes del negocio del café, habría más productividad y competitividad.”

Ejemplo a seguir
La situación de los cafeticultores colombianos antes de que surgiera una federación era muy parecida a la que todavía hoy enfrentan los productores mexicanos. La actividad cafetalera era marginal y desorganizada. El productor se enfrentaba a un mercado incierto, ya que no existía un organismo que pudiera mediar las cotizaciones internacionales del producto y ofrecer a los cafeticultores un precio de sustentación que apoyara sus finanzas. - “En ese entonces, los productores tenían que vender su café al precio que les pagaran y en la mayoría de los casos esto significaba malbaratar su producto”, explica Jorge Cárdenas, presidente de la Federcafe. Sin embargo, conforme los cafeticultores se fueron organizando, todos los obstáculos se vencieron.

- Hoy en día, las zonas de producción del aromático de Colombia están comprendidas en lo que se conoce como el Eje Cafetalero, que incluye las regiones de Risaralda, Caldas y Quindio, las que junto con otras pequeñas zonas representan una extensión de 3.6 millones de hectáreas, con cerca de 650,000 productores (en México hay 280,000 cafetaleros y la superficie sembrada es de 450,000 hectáreas).

- Cárdenas asegura que una de las ventajas que tienen los productores de café colombianos es la de mantenerse al margen de las disputas políticas del poder. “No es que nunca se haya tratado de dar filtraciones, pero por años hemos explicado a los diferentes partidos que nosotros no hacemos política o promocionamos campañas; nuestro negocio es la cosecha del café.”

- Otra de las estrategias de Federacafe es la reinversión. De las ganancias totales por exportación del aromático, 10% se invierte en tareas de infraestructura, en construcción de escuelas, hospitales y carreteras, de suerte que la federación se ha convertido así en un agente económico clave en el desarrollo de las regiones cafetaleras.

- Además, cada año el organismo recauda un fondo económico para llevar a cabo trabajos de investigación, creación de áreas de almacenaje, logística de exportaciones, pago a proveedores y productores, así como para gastos en publicidad y promoción. Este fondo fue creado hace 50 años y hoy todavía juega un papel decisivo y estabilizador de la producción.

- “Hay años en que quedan suficientes remanentes y hay otros en que se pierde. Todo su patrimonio proviene del café, por lo que los dueños de éste (fondo) son los productores; ni el Estado ni otro sector lo ha capitalizado nunca”, asegura el dirigente de los cafeticultores.

- La historia del sector cafetalero mexicano es muy distinta. Durante los años 60 y 70 existió en el país algo similar al fondo económico que opera en Colombia, el cual financiaba algunos gastos en los que incurrían los productores; pero luego colapsó.

- “México no ha sabido aprovechar su potencial. Por la extensión de su territorio y sus condiciones climáticas, el país podría ser más fuerte en el negocio del café, pero el problema es que no existe una gestión real”, opina John Naranjo, gerente de mercadeo de la Federecafe colombiana.

- Villarreal, de la CMPC, cree, sin embargo, que hoy no es posible crear en México una institución como la del país sudamericano, “ya que los organismos que integran a los cafetaleros no tienen una gestión administrativa de sus miembros, sino más bien representativa”.

- En Colombia, la situación es mucho más favorable para los productores. Además del fondo económico, la Federacafe cuenta con un sistema de recepción y comercialización de café. A través de cooperativas, el organismo pesa, selecciona y compra el grano.

- Los productores no están obligados a vender su café sólo a la exportadora de la federación. “Existe una competencia interna, la federación no tiene monopolizada la operación”, asegura Cárdenas, su presidente. Aun así, 60% de los cafeticultores prefiere comercializar su producto a través de la federación. El resto lo hace con empresas particulares.

- El secreto del organismo es el establecimiento de un precio de sustentación para el café. Como el grano se cotiza en la bolsa de Nueva York y se regula por la oferta y demanda mundial del producto, su precio es muy volátil. Por eso, la federación garantiza a los productores un precio mínimo sobre la cotización diaria internacional del café, que llaman precio de sustentación.

- “Producir café es un gran esfuerzo y el cafeticultor debe tener un  aliciente en el precio para que así siga produciendo”, opina el gerente de mercadeo de la Federecafe.

- México, en cambio, depende por completo del precio internacional, por lo cual los cafeticultores nacionales nunca tienen certidumbre de largo plazo sobre si van a ganar o perder al vender su producción.

Grandes retos
La cafeticultura mexicana tiene frente a sí grandes desafíos, no sólo en el ámbito administrativo y estructural, sino en cuanto a promoción. Las organizaciones deben no sólo tratar de vender su producción en el exterior, sino tratar de aumentar su consumo interno, recomienda el representante colombiano. “No es posible –agrega– que siendo México el quinto lugar en la producción mundial con cinco millones de sacos, su consumo sea de sólo un millón.” - La salida que propone Cárdenas es la unión de fuerzas entre los países productores latinoamericanos. “Tal y como se ha hecho en otros sectores –el petróleo, por ejemplo–, el café debe verse como un negocio. México y otros países se han unido en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para mediar circunstancias de mercado y precios que han beneficiado a todos; si se hiciera igual en el café, todos ganaríamos.”

- Recientemente se conformó un bloque de países productores de café, pero sin Colombia: lo integran Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Guatemala y México.

- Desde su óptica mexicana, Villarreal acepta la necesidad de cambios: “Hay que empezar a ver al café como negocio”. Así como sucede en Colombia, México debe formar un corporativo, que más allá de organizar a los productores, actúe y opere como lo hace la libre empresa. Como en otros ámbitos, el país tiene todo para crecer. Lo que falta, según Villarreal, es cohesión y unión de fuerzas; el resto ya se tiene: buena tierra y cafeticultores que cuentan con la herramienta más importante: “saber cultivar café”.

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