El año que no pudo ser

La serie de sucesos internacionales cayó como un diluvio sobre los corporativos mexicanos. Las vent

“Incipiente e incierto” fueron las dos palabras que hicieron más eco a lo largo del año pasado. Tras los retrocesos de 2001, una saga de hechos coyunturales dieron por tierra con las optimistas previsiones iniciales.

- El temor a la doble caída de la economía estadounidense –que nunca llegó–, los escándalos contables de Enron y WorldCom y las tensiones previas a la guerra en Irak restaron fuelle a la locomotora de la unión americana. En el continente, el derrumbe de Argentina, las expectativas en torno a la llegada del izquierdista Lula al gobierno brasileño, y hasta el golpe de Estado venezolano generaron especulaciones y nerviosismo en los mercados financieros a escala global.

- “Después del atentado del 11 de septiembre, en 2002 tocamos fondo”, dice Ramón Hernández Vargas, subdirector de Análisis Económico en Ixe Casa de Bolsa.

- El ranking de Las 500 empresas más importantes de México es un espejo de lo ocurrido en la economía durante el año anterior. Los aciertos y tropiezos de las corporaciones nadan en este entorno.

- Los sectores que menos sufrieron el paro global fueron los que se quedaron en casa: los orientados al consumo interno y a necesidades básicas. Supieron sacar mejor provecho que otros a un magro crecimiento de 0.9% de la economía nacional.

- El aumento de 40% del crédito al consumo permitió a las tiendas departamentales y especializadas vender 7.3% y 6.8% más que en 2001, respectivamente. El Palacio de Hierro o Grupo Martí se beneficiaron de este ligero despertar de la banca, que no dio préstamos personales ni a las pequeñas y medianas empresas, pero abrió las manos en tarjetas de crédito.

- Otra suerte corrió el sector autoservicios. Wal-Mart mantuvo intacta su fortaleza y ganó mercado a costa de sus rivales, que en uno de sus peores años crecieron 1.5% (incluyendo nuevas tiendas), ocho veces menos que el gigante estadounidense.

- Debilidad exportadora  
La volatilidad del tipo de cambio perjudicó a principios de 2002 a las exportadoras más dependientes de la mano de obra: textil y electrónica. La creciente entrada de divisas llevó el dólar a $9 pesos, encareciendo las ventas al exterior. El golpe de Estado en Venezuela (16 de abril) inició la depreciación del tipo de cambio.

- Esta volatilidad, entre otros motivos, causó que las líneas de producción de 202 maquilas se fueran del país seducidas por mejores beneficios en Asia y Centroamérica. Según Banamex, de las 51 ramas industriales del país 43 sufrieron una caída en su producción. De hecho, la de electrónicos se contrajo en promedio 13%,  la de la industria textil 6.6% y la de autopartes 3.1%.

- No todo fueron dramas. Los grupos siderúrgicos se beneficiaron de las medidas antidumping concertadas en marzo de 2001 por México, Estados Unidos y Canadá, que asumieron aranceles con terceros países de hasta 35%. Grupo IMSA creció 29.5% y la endeudada Altos Hornos 46% en ventas.

- Aunque subió la demanda de coches, los ingresos de las automotrices cayeron: 16% para Ford y 8% para Volkswagen, entre otras. La competencia de las piezas estadounidenses en plena contracción de la industria golpeó a las autopartistas mexicanas.

- Las ventas de la división automotriz de  Desc cayeron 15.5%, mientras que Delphi y Visteon capearon el temporal con éxito.

- Las Sofol sí prestaron
Otras ocuparon los huecos dejados por la banca comercial en los segmentos vivienda y automotriz. Fueron las Sofol, cuya eficiencia en el cobro les permitió mantener un envidiable margen de operación [Hipotecaria Nacional con 59.7%] y elevar sus ingresos [Ford Credit creció 30%] A este crédito no bancario puede atribuirse la buena salud de la construcción, deprimida desde la crisis de 1995. Recuperó su rentabilidad y cuadriplicó su margen de operación, con un incremento en ventas de 1.7% respecto del año anterior. En tanto, la industria automotriz, apoyada en autofinanciamientos sumamente favorables, logró un nuevo récord, con 977,000 vehículos vendidos el año pasado, según la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA).

- Pese a estos hitos, el consumo privado creció en total 1.2%. “menos de la mitad del año anterior y la octava parte de 2000; un dinamismo insuficiente para jalar al resto de economía” , advierte Hernández, de Ixe. Ello se debió en parte, a que la baja en el crecimiento económico generó una caída sostenida del empleo formal y la congelación de la masa salarial.  Al cierre del año, el empleo sumaba 40.3 millones de personas.

- Consolidar e invertir
Las refresqueras se hicieron más fuertes. El año pasado una ola de fusiones impulsó a Coca-Cola FEMSA-Panamco, Pepsi-Gemex y a Brett-Grupo Embotelladoras Unidas a terminar de consolidar el sector. Esta tendencia había empezado “hace una década, pero se interrumpió entre 1997 y 2001 y reinició el año pasado”, dice Manuel Güereña, director de Calificaciones Corporativas para el Norte de Latinoamérica y México en Standard & Poor’s.

- Las inversiones no cesaron, ni siquiera en el sector maquilador. Casos como LG Electronics ($70 millones de dólares en 2001-2002; este año, $30 millones adicionales) compensaron la balanza. La compra de Bital por el banco británico HSCB en $1,140 millones de dólares y las inyecciones al  sector eléctrico permitieron mantener la inversión extranjera directa en los niveles del año previo, $14,000 millones de dólares (descontada la compra de Banamex por Citigroup en 2001).

- Pese a la deceleración de Estados Unidos, el saldo de la balanza comercial del sector mexicano superó el del año anterior. “Hubo un superávit de $18,000 millones de dólares entre las exportaciones de maquiladoras y los insumos importados por ellas, 22% más que en 2001”, dice Hernández, de Ixe.

- Ya concluida la guerra en Irak, y una vez que la legislación antifraude corporativo ha puesto un piso de confianza en los mercados, la incertidumbre continúa. “Hay quienes anticipan recuperación para este año, cada vez menos –dice Güereña– pero habrá que ver.”

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—Marina Delaunay,  Alberto Bello, Alejandro Castillo y Bárbara Anderson.

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