El arte de la generosidad

Los críticos llaman a Gates el &#34filántropo virtual&#34. Según cálculos publicados por un anal

En 1994, repentinamente la madre de Bill Gates III  murió a causa de un cáncer de pecho. Durante mucho tiempo, Mary Gates participó en actividades de ayuda al desvalido y de filantropía. Se cuenta que persistentemente aconsejaba a su hijo hacer obras de beneficencia en vez de simplemente amasar más y más dinero.

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Después de cuatro décadas de vivir soltero y de escribir y amasar dinero de los programas de cómputo vendidos, Bill Gates III pareció escuchar el consejo de su mamá. De hecho, su padre, William Gates II, ha declarado a la prensa estadounidense que él le dio el primer centavo para que lo depositara en un repositorio que ayudaría al Ejército de Salvación. La caridad, sin duda, empieza en el hogar.

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Desde aquel año, la filantropía ha sido un tema abierto y público en la vida del hombre más acaudalado del mundo (cuyo último reporte asciende a $60,000 millones de dólares). Una de las primeras donaciones que hizo Gates fue hace casi 20 años, al Centro Médico Suizo, hospital en Seattle que estudia remedios contra el cáncer y ayuda a los enfermos para que padezcan menos dolor.

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Durante la entrevista, Gates dedica tiempo para hablar sobre la fundación: “Microsoft siempre ha estado involucrado en la filantropía, desde que empezó la compañía. Actualmente la fundación administra y dona más de $1,000 millones de dólares al año a causas de salud y educación, áreas fascinantes para mí. Me preocupan algunos asuntos de salud mundial: ¿Por qué las enfermedades se extienden en países en desarrollo?, ¿cómo lograr un procedimiento de investigación? Suelo reunirme con los grandes científicos para trabajar en esas cuestiones, y buscar la manera de que mi fundación pueda lograr hacer una diferencia sustancial”.

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“Sin embargo, ese no es mi trabajo, ahora trabajo largas horas desarrollando códigos para crear software. Tengo hobbies como estudiar sobre salud y tengo gente inteligente trabajando para mí en la fundación. Mi papá y otros ayudantes están ahí de tiempo completo.”

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La Fundación Bill & Melinda Gates (www.gatesfoundation.org) ha desembolsado alrededor de $15,000 millones de dólares en diferentes rubros: salud, educación, combate a la pobreza. Sólo el año pasado donó casi $2,500 millones.

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Esta fundación es independiente de la otra, la Gates Library Foundation, que está dedicada a dotar de computadoras, software, conexión a internet e información gratuita, entre otros avances, a las bibliotecas públicas. También está al frente el padre de Gates.

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La trayectoria de la primera fundación es interesante: en 1996 donó $6.5 millones de dólares. Al año siguiente, la cifra se incrementó a $40 millones de billetes verdes. Aunque hizo una aportación especial de $115 millones a la Fundación Gates, con lo cual ésta acumulaba la friolera de $300 millones. En 1998, se destinaron más de $300 millones de dólares a distintas áreas y poco más de $265 millones de dólares sólo para educación e investigación tecnológica.

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Además de los esfuerzos propios de la fundación, Gates ha extendido cheques por $100 millones de dólares. Esta cifra ampara una larga lista de donaciones, como la de $12 millones hecha a la escuela de Derecho en la Universidad de Washington (que llevará el nombre del padre de Bill Gates, una vez que éste muera), o bien los $10 millones en becas para estudiantes, el millón de dólares que recibió la Academia Ursuline (donde la esposa de Gates dio clases), y montos menores para museos, teatros, parques e incluso para un club social en Seattle.

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Tan cuantiosas donaciones, sin embargo, no vienen acompañadas sólo de oleadas de agradecimientos, sino de vaivenes de escepticismo y lluvia de críticas. Dicen los escépticos: los $12 millones para el flamante edificio de biotecnología de la Universidad de Washington, ¿no serían más bien un gancho para captar a un profesor que fungiera como asesor personal de Gates en cuestión de inversiones para biotecnología?

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Según algunas informaciones, Gates podría dejar “solamente” 10% de su fortuna heredada a sus dos hijos.

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El propio Gates aclara: “Los porcentajes pequeños aún pueden ser una cantidad importante. Mis hijos podrán ordenar las papas fritas más grandes y cuantas veces quieran. Y sobre cuánto exactamente darle a los niños… es un tema que mi esposa y yo hablaremos con gran amplitud. La mayor parte de los recursos se irán a la fundación, y en cuanto a los niños deseo que crezcan en un ambiente normal, y que no haya gente que los catalogue por su parentesco, sino más bien en términos de sus propios logros y su propio carácter. Es un reto ser padre en cualquier situación”.

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Criticado o no, según datos de Corporate Giving Watch –asociación que hace el recuento de donaciones por parte de empresas privadas–, la firma número uno en aportaciones caritativas es Microsoft. El coloso del software, que dedica mucho de su tiempo y energía en acabar o empobrecer a su competencia, parece tocarse el corazón con los desvalidos. Le sigue en el peldaño Johnson & Johnson, IBM, Eli Lilly y HP.

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Aun así, los críticos llaman a Gates el “filántropo virtual”. Según cálculos publicados por Tom McNichol, periodista y analista de las actividades sin lucro de las empresas, más de 50% de las donaciones por la fundación Gates fueron hechos en software gratuito.

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La filantropía en Estados Unidos es bien vista y gana buenas opiniones tanto de los medios como en las encuestas aplicadas a ciudadanos. Esta bondad humana tiene atención de los medios desde Andrew Carnegie, el hombre con quien comparan a Bill Gates. Considerado por muchos como  el padre de la filantropía estadounidense, Carnegie dedicó gran parte de su vida a amasar una fortuna al crear una empresa acerera, pero a la edad de 65 años vendió la empresa a JP Morgan por $400 millones de dólares y dedicó el resto de su vida a entregar dádivas, becas y a montar bibliotecas públicas.

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Ahora bien, dice McNichol: “Efectivamente Microsoft dona, pero con un ojo en lo que podrá obtener. Andrew Carnegie ayudó a bibliotecas, pero a diferencia de Microsoft, no llenó los estantes con libros escritos para crear una mina de clientes a futuro. Carnegie no vio en la filantropía una herramienta estratégica para acumular más riqueza. Microsoft ha aprendido el valor de donar, ahora deberá aprender a ser lo que es verdaderamente generoso”.

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McNichol revela que Microsoft contrató a un estratega para que las donaciones tuvieran cierta garantía de retorno a la empresa y no precisamente sólo con “edificios bautizados”. “Hay un gran beneficio que las empresas de computación pueden obtener de las escuelas: lealtad a la marca. Y aunque las escuelas son uno de los últimos reductos con fidelidad hacia Apple, Microsoft ha sembrado la marca Windows”, contó Craig Smith, presidente de la Corporación Ciudadana, organización sin lucro que sigue las huellas de las donaciones y autor del libro Giving By Industry.

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La página de la Fundación de Bill & Melisa Gates incluye fotos de niños que reciben sus donaciones y ligas a los reportes anuales, donde se detallan las actividades de la fundación. Dichos reportes hacen ver a Microsoft más como una agencia de servicio social que como la empresa de software más grande del mundo.

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“Somos afortunados al vivir tiempos en los cuales las innovaciones ocurren en áreas críticas, incluyendo la tecnología. De hecho, hemos prosperado gracias a estos cambios. Mientras se acerca el siglo XXI, esperamos que con nuestras donaciones, podamos incrementar el acceso a la educación, a la tecnología y a la salud mundiales. Son tiempos entusiastas y apenas vemos los primeros pasos. Y como dijera Winston Churchill: ‘Creamos una existencia por lo que tenemos, tenemos una vida por lo que damos’. Buscaremos en el futuro mayores vías para repartir y compartir juntos”, dice Gates en el reporte de 1998.

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