El arte de sólo ver lo que se quiere

Dicen que donde hay dos economistas surgen tres visiones, pero el fenómeno es uno y lo que varía e
María Hope

Un economista es un experto en decirnos mañana por qué lo que vaticinó ayer no se dio hoy", parafrasea Roberto Salinas, doctor en filosofía, opinador de temas económicos y defensor de las ideas de Friederich Hayek y otros teóricos del libre mercado.

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Desde la posición privilegiada que da el "saber sin título", Salinas cuestiona a los economistas mexicanos, y particularmente a los economistas del régimen, por la "fatal arrogancia de creer que saben todo, que pueden manipular la realidad y ajustarla a sus modelos".

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El también director del Centro de Investigaciones Sobre la Libre Empresa (CISLE) sentencia: el taxista y el ama de casa saben más sobre política monetaria que cualquier economista de la Secretaría de Hacienda o del Banco de México; ,les gente que sabe cómo proteger su patrimonio ante una crisis, gente humilde que hoy compra electrodomésticos porque sabe que se deprecian menos que la moneda. Y eso supone ya cierto conocimiento. Es un conocimiento de causa".

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En 95% de los casos, estima, los economistas descalifican a los no economistas por un natural mecanismo de defensa. Pero eso sólo es grave cuando ocurre desde el poder. "Los economistas del gobierno, los que antes decían cállate, que yo sé y tú no, han perdido credibilidad y su mecanismo de defensa ante la crisis ha sido evadir responsabilidades..."

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Sin embargo, opina Salinas, "hace cinco años nadie en el mundo dudaba de la capacidad de los economistas que estaban al frente de nuestro gabinete económico, de la forma en que se manejaban las expectativas. Hoy en día las expectativas traicionan".

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De fenómenos e interpretaciones. Isaac Katz, formado en el circuito de los -postgrados estadounidenses, asegura que donde hay dos economistas surgen tres visiones. Los desacuerdos, ciertamente, son reales. Pero, para él, el fenómeno es uno sólo y lo que varía es sólo la interpretación.

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Ahora bien, ¿quién tiene la interpretación correcta? Para saberlo hay que ir a la historia y ésta, afirma Katz, demuestra que los periodos de mayor crecimiento de las naciones han coincidido con las épocas de mayor apertura de libre cambio internacional. Es decir: la evidencia, según él, favorece a las versiones más radicales del liberalismo.

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Las cifras cobran, bajo este esquema, una importancia fundamental: se las mira como el espejo que jamás oculta la verdad. Pero, qué ocurre cuando no casan las cifras y la realidad?

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Cinismo e ignorancia. Según Arturo Huerta, Premio Universidad Nacional y autor de varios libros que previeron la crisis presente, a un economista se le juzga por el acierto de sus predicciones y "los nuevos economistas del régimen han fallado en todas”.

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Convencido aún de la vigencia del paradigma marxista, considera que lo que subyace es la ignorancia. O, más bien, una mezcla de cinismo y de ignorancia: aún con la crisis por delante, los artífices del actual modelo neoliberal persisten en sus planteamientos y desprecian a sus críticos. No leen, no debaten, se escuchan entre ellos y entre ellos se aplauden. "No conocen más cuerpos teóricos que el que aprendieron en las universidades norteamericanas; para ellos la solución es la integración a la economía norteamericana. Ese es su modelo".

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Y esa cerrazón, esa falta de un conocimiento más amplio de las diversas corrientes que nutren el pensamiento económico, ese prejuicio que niega la existencia o la validez de opciones diversas o incluso divergentes, es la que ha llevado al país a una crisis "que llegó para quedarse". La economía, sentencia, siempre se cobra los errores.

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Feroz crítico del neoliberalismo, con Huerta los economistas no se salvan. Sean de la vieja guardia o del "tecnokinder", del sector privado o las oficinas gubernamentales, todos -según él- padecen el mismo defecto: no tienen visión de largo plazo: "Mientras otros países llegan a acuerdos nacionales en torno a objetivos de 50 años (donde se comprometen al cumplimiento de metas de corto, mediano y largo plazo; donde tienen muy claro su proyecto de nación, hacia dónde quieren ir), en este país han predominado en las últimas cuatro o cinco décadas las visiones estrechas, cortoplacistas. Y en esto los economistas han tenido enorme responsabilidad”.

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Opinar no es predecir. Menos tajante en sus juicios, Alejandro Espinoza Carvallo, economista de la UNAM, admite que "en la medida en que la economía nos toca a todos, todos podemos dar una opinión", pero una cosa es opinar y otra cosa es predecir.

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La economía está ligada a contingencias sociopolíticas que son difíciles de prever y de controlar, afirma Espinoza, y "por eso los economistas hablamos de tendencias con recato, como probabilidades en función de situaciones sociopolíticas".

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A diferencia de numerosos "analistas" improvisados, hechos al vapor, los economistas serios suelen guiarse por un principio: en economía no existen las verdades absolutas. Y sin embargo, cuando se pone en juego la credibilidad, ellos suelen ser los perdedores.

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Para Espinoza, los errores cometidos por los hacedores de la política económica "no son atribuibles a una falta de formación, ni tampoco a excesos de dogmatismo. La gente que dirige la economía es, en general, gente con solvencia profesional. Más bien lo que pasa es que la política económica es un ámbito de conciliación, de negociación y de confrontación, por lo que a veces se presta a ajustes radicales".

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Y si bien no puede negarse que las diferentes teorías o doctrinas O del pensamiento económico influyen en la apreciación de la realidad económica ("sobre todo en la etapa formativa"), sería exagerado pensar "que los problemas de México se derivan de un excesivo doctrinarismo, de un estar casado con cierto modelo teórico doctrinario".

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Los que saben y los que no saben. En México, advierte José Ayala, investigador del Centro de Estudios del Desarrollo de la Facultad de Economía de la UNAM, los economistas se dividen en dos grupos: los que saben y los que no saben.

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¿Quiénes están en un lado y quiénes en el otro? Ello depende, al parecer, de quién tiene la hegemonía. Y hoy, ésta favorece a la "generación del cambio".

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Antes, recuerda Ayala, la validación de los economistas del sector público "no pasaba por el doctorado en Estados Unidos". Había, eso sí, una vinculación efectiva entre el proyecto de la entonces Escuela Nacional de Economía y el proyecto gubernamental. El esquema cambió hacia fines de los años 60: los vínculos informales gobierno-universidad comenzaron a privilegiar a los egresados del ITAM y la validez recayó a partir de entonces en la obtención de un -postgrado en el extranjero.

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Pero aquí otra vez surgen las distinciones: de un lado, los que se educaron en la escuela inglesa, particularmente Cambridge; del otro, los que se formaron en las universidades estadounidenses. Y la distancia entre unos y otros es tan grande como la que separa hoy a economistas como José Andrés de Oteyza y Carlos Tello, de economistas como Pedro Aspe y Guillermo Ortiz.

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Actualmente, a la validación que representa el postgrado -en Estados Unidos se suma el pedigree. En efecto, los nuevos economistas del régimen, "generalmente son hijos de políticos de segunda generación: tienen -dice Ayala- algo de -pedigree.

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