El aullido de un singular coyote

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Si está de visita por Guadalajara, seguro encontrará  muy buenos restaurantes. Pero ninguno como el Santo Coyote que, por su cocina, su arquitectura, su decoración y su ambiente se ha convertido en todo un clásico de la capital tapatía.

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Hace un par de años, Gerardo Monroy Solórzano y su hijo Miguel Monroy Díaz soñaron con crear un lugar que fuera una muestra de la comida, la artesanía y la vegetación del país. Y vaya que lo lograron, materializando un original concepto que ha conquistado a propios y extraños.

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Con una cocina que rescata los sabores de la antigua gastronomía mexicana, su carta es de lo más variada e incluye 140 especialidades que son un mosaico de los platillos regionales de toda la república. Así, el comensal podrá encontrar el cabrito al pastor de la zona norte, los cortes de Durango o Chihuahua, los pescados del Golfo de México o del Pacífico, o bien los moles y los pipianes de la región poblana.

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Pero si el Santo Coyote es una delicia al paladar, también lo es a la vista. Decorada al puro estilo Santa Fe, en esta espaciosa finca se mezclan misteriosos rincones y espléndidas áreas verdes (con 400 variedades de cactus y plantas originarias de ocho ecorregiones del país) que, al combinarse con una música programada con técnicas de musicoterapia, crean un ambiente mágico. Esa misma atmósfera se repite en el Santo Cachorro, un bar adjunto donde podrá platicar y bailar, así como presenciar selectos shows de música mexicana. ¡Imperdonable no conocerlo!

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